Adiós y suerte, Pablo

MIKEL CUADRA

Se está mencionando mucho un número, el 155, y se echa en falta que se utilice poco la palabra. Por lo que parece, la voz más alta saldrá de la cámara del mismo nombre, a la que por fin han encontrado una utilidad. Y hallar el camino del buen juego es lo que tendría que hacer el Baskonia.

Meter otra marcha

De salida no necesitábamos ir al psicólogo porque funcionaba nuestro mundo interior con Diop y Shengelia. El problema es que Green hacía hoyo en nuestro aro y el hombre del antifaz nos las metía en la cara. Las faltas subían muy pronto a nuestro casillero y desde el tiro libre, a su marcador. Los valencianos conocían las palabras dentro-fuera, compartir, acierto y equilibrio, todas ellas, de momento, emborronadas en nuestro diccionario. Nuestros cañoneros, supongo, que tendrían ganas de disparar pero no recibían munición, mientras que los suyos desperdiciaban pocos tiros. Por dentro, a Pleiss no le hacía falta careta aunque siempre se rompe la jeta; sus bases y aleros tienen puntos y a Txus sus equipos casi nunca le estornudan. Los aclarados al poste bajo y a su Erick, el bárbaro, son difíciles de defender saltando y sin saltar porque en cuanto ven ayudas, la saben pasar y cuando no las hay, atacan sin acordarse de su madre. Lo dábamos todo, aparecían Granger, Timma y Beaubois en su aro pero echábamos de menos sus argumentos. Lo mejor es que a pesar de tener la sensación de haber sido dominados por un señor equipo en la primera parte, nos quedaba la segunda sabiendo que debíamos meter otra marcha.

Entiendo a los ateos

Salimos del descanso de manera notable y haciendo un siete a los taronjas, hasta que Alberto comenzó a ver el aro como un balde. Toko tiraba de nuestro carro, pero ellos pronto volvían a ir en carroza; los Martínez de toda la vida y su perfecto alemán conseguían alejarse de nuevo entre triples y alegría. Vidorreta ponía trampas a Rodrigue porque sabía que la arma cuando está solo y en casa.

Ellos muy juntos atrás, dando distancia a los que les falla la muñeca y ayudando a los que la podían armar. Nuestros ataques desatados, con pocos bloqueos, demasiados bloqueados, muchos mirando y pocos viendo. El Valencia era un coro donde nadie levantaba la voz y ninguno daba el cante. Las diferencias iban en aumento y nuestro ánimo, en dirección contraria. Suplicio de minutos, jugadores buenos que parecen malos y un Prigioni al que suponía con ganas de ir al vestuario a vestirse de corto aunque lo que hizo fue cortarse la coleta porque no quería hacerlo con sus venas. Triste adiós de Pablo, al que deseo lo mejor; cabeza que rueda, otras que faltan en el parqué y espectáculo penoso de un Baskonia que toca fondo. Hay que seguir creyendo, pero tras el partido entiendo a los ateos y a los que han puesto punto final a la etapa de nuestro ídolo argentino.

Final

Naranja amarga para un Baskonia hundido, sin equilibrio, jugadores que no están y el alma rota por un juego que no ha venido y se le espera. Baño valenciano con bajas, un básquet de altura, donde su núcleo duro de jugadores conoce el callejero de su ciudad sin necesidad de guía. Suerte Pablo allá donde vayas y ya sabes que en Gasteiz seguiremos poniéndonos en pie.

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