El adversario más poderoso

Doncic, el exbaskonista Causeur y Llull celebran el pase a la final liguera. /JUANJO MARTÍN
Doncic, el exbaskonista Causeur y Llull celebran el pase a la final liguera. / JUANJO MARTÍN

Vitaminado gracias al cetro europeo, el Madrid de Pablo Laso espera fresco después de aniquilar a sus rivales en los 'play off'

David González
DAVID GONZÁLEZ

Desde que birló el cetro europeo a los aspirantes 'oficiales', hace justo tres semanas en el Stark Arena de Belgrado, el Real Madrid es otro. Vitaminado, resuelto, engrasado... Y demoledor después de una primera mitad de temporada griposo, coartado por una epidemia de lesiones que ni en la primera época baskonista de Dusko Ivanovic. La escuadra blanca, armada cada verano para triunfar, ha recuperado el brío en el instante justo. Que es de lo que se trata en una disciplina tan compleja como el baloncesto, con agotadores calendarios ideados por almas sádicas.

A partir de este miércoles aguarda un púgil de aúpa al Baskonia, otro renacido. Un gigante con primeros espadas en todas sus líneas. Ya no sólo el barbilampiño Doncic, que parece que hará las Américas en verano; ha recuperado a tiempo su corazón, Llull; o se le han reconectado estiletes como Rudy o el rudo pero siempre efectivo Ayón. Su fondo de armario abruma. Lo mismo sirve para una ventisca que ante calores extremos.

Aparte de que el equipo que engarza siete finales de Liga consecutivas está acostumbrado a moverse en estas citas. Y llega disparado. Cuatro derrotas en 39 'rounds'. En las eliminatorias para el título, además, se ha gustado. Ni Tenerife, en cuartos, ni el solvente Gran Canaria, en semifinales, fueron capaces de seguirle el paso. Ambos se despidieron con sendos roscos.

El mejor ataque de la Liga fue demasiado para ellos. Veremos con los chicos de Pedro Martínez, a los que anoche se les hizo eterno el partido en el Palau. ¿Serán capaces de recuperarse para este miércoles? Los blancos, en cambio, saltarán fresquísimos al parqué del Wizink Center. Un detalle. En su último asalto, el 3-0 al Gran Canaria, participaron doce jugadores merengues. Los que menos, Randolph y Campazzo. Pocos clubes pueden permitirse semejante lujazo.

El chaval de San Viator

Esa copiosa acumulación de talento parece su mejor arma en una serie que, de agotar todas sus entregas, se dirimirá en la capital del reino. Más obstáculos, aunque el Baskonia ha demostrado a lo largo de la historia su capacidad para romper la lógica. Esta temporada sin ir más lejos lo ha constatado en varias ocasiones. Sobre todo en Europa.

Doce artistas no siempre garantizan el triunfo. Hacen falta timoneles para controlar egos desmedidos, articular estrategias y aupar el ánimo cuando decae. En tan ardua labor Pablo Laso se maneja como pocos. Aterrizó en la casa blanca allá por el verano de 2011. Encontró incredulidad, un club tan erosionado como triste. Hoy, siete campañas después, ha logrado calmar el siempre inestable entorno merengue. Lo ha hecho con títulos, catorce en 17 finales de 21 posibles. Pero también con baloncesto del bueno. No está nada mal para aquel chiquillo que se hizo en las canchas de San Viator.

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