El baloncesto cambiante

El baloncesto cambiante
Pepe Laso
PEPE LASO

Los cambios en el baloncesto se producen de una manera sigilosa, sin que el gran público, y en algunos casos, ni los pertenecientes a la cuadrilla se den cuenta de la evolución del juego. Días atrás, el Murcia puso en serios aprietos al Real Madrid en casa de este último. Durante muchos minutos, los visitantes tenían en la pista cinco jugadores afroamericanos. Recordé un viejo adagio: el baloncesto es un juego de negros que juegan bien algunos blancos. Está bien, es aceptado de una forma generalizada que son más fuertes, su musculatura más explosiva y el paso de la adolescencia a la madurez más temprana.

Con perspicacia, algunos clubes, entre ellos el Baskonia, giraron su mirada hacia el este de Europa, vieron unos cuerpos pálidos y caras aniñadas, con cuerpos que no tenían nada que envidiar a los morenos. El desembarco de los orientales ha sido espectacular. Quizás Doncic, el maravilloso madridista, sea el líder de los nuevos conquistadores, pero son muchos más. Mirotic y Porcingis, ahora en la NBA, y en la ACB una docena dan testimonio de esta invasión. El Baskonia tiene en la plantilla de este año cinco jugadores de origen africano y cuatro procedentes de tierras mas frías que la nuestra. Malmanis es la última y prometedora incorporación.

Para que los mediterráneos y, sobre todo, los españoles vuelvan a ser determinantes conviene meditar sobre los motivos de los éxitos pasados y las medidas a tomar. Considerando la aparición de los hermanos Gasol como una anomalía de nuestros deportistas, lo que de verdad ha maravillado al mundo han sido jugadores tan livianos como Navarro, Rudy, Ricky o Sergio Rodríguez. Solo Llull da el físico necesario para ser una estrella, los otros, y alguno más de nuestra clase media, han sido y son puro talento.

Los latinos tenemos un punto de genialidad innata, si no cómo se entienden casos como Nadal, Alonso o Márquez. El problema reside en que los rectores de nuestro deporte no reflexionan sobre los motivos de la pobre aparición de jugadores nacionales. Y los maestrillos carecen de la humildad para comprender que el talento de primera categoría es un don genético que trasciende de la enseñanza. Aún recuerdo las primeras bombas de Navarro y cómo eran criticadas por los entendidos. Convendría dejar crecer a nuestros chavales desde la espontaneidad y no desde el entrenamiento programado.

Mientras cavilo en mis pasiones baloncestísticas, el Baskonia gana y gana. De seguir una semana más en esta dinámica será interesante profundizar en los motivos, ya que la suerte no es una razón que justifique la victoria en todos los finales ajustados que caen del lado baskonista. Llegar a los minutos finales con los mejores, sin faltas y con energía suficiente puede ser una de las razones. Veremos.

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