El baloncesto español

Jorge Garbajosa, tras ser elegido como presidente de la Federación Española de Baloncesto, en 2016. /Víctor Lerena
Jorge Garbajosa, tras ser elegido como presidente de la Federación Española de Baloncesto, en 2016. / Víctor Lerena
PEPE LASO

Una buena pregunta para los rectores del baloncesto español -me refiero a José Ramón Lete y Jorge Garbajosa, ambos criados en las canastas alavesas, el primero en San Viator, cuna de nuestros mejores jugadores; y el segundo, llegado muy joven y pasando sus primeros años de profesional en el Baskonia- sería: ¿Qué posición ocupa nuestro básquet en el ámbito internacional?

La respuesta no es fácil. Si nos fiamos del medallero de nuestras selecciones, somos una potencia. Los pasados éxitos, la continuidad y el talento de una docena de jugadores muestran un baloncesto de alto nivel. El Real Madrid también ha colaborado en este prestigio. Sus logros en la Euroliga le otorgan el valor de un grande continental. El Barcelona, puntualmente, no está en ese lugar pero volverá y el Baskonia es un solvente club de la parte más alta de la clase media europea.

A la Euroliga España aporta cinco equipos; Rusia, Turquía y Grecia nos siguen con dos cada país. Los cinco restantes son italianos, alemanes, lituanos, israelíes y serbios. En definitiva, nadie puede negar la influencia de nuestros clubes y consecuentemente el poder que deben tener en la trastienda de la organización. Por último, es reconocida nuestra ACB como la mejor Liga de Europa.

Sin embargo, hay datos que nuestros directivos conocen y que no son para vivir tranquilos. Para el baloncesto de un país lo fundamental es la salud de la masa de jugadores. Hagamos un repaso de los nuestros. En la masa salarial de los 16 clubes de la Euroliga, el 25% son norteamericanos (62). Les siguen serbios y españoles con un 9%, 24 baloncestistas. Por no aburrirles, Grecia (19), Rusia (16), Francia (13), Italia y Lituania (12), Turquía (11), Alemania (8), Israel (7) y Letonia (5). Considerando que España aporta cinco equipos, la presencia de los nuestros es mínima. Los serbios, con un conjunto, nos igualan y los franceses, sin representante, tiene 13 jugadores.

Reflexionando sobre estos datos, la tormenta de nuestro baloncesto está llegando. Sin jugadores nacionales no hay estrellas a quien imitar ni tampoco hay compromiso con proyectos que perduren en la memoria de las aficiones. Sin jugadores domésticos no hay futuro por muy fuertes que sean los clubes. Quizás estas sean las razones del porqué los cinco equipos españoles perdieron sus partidos europeos la semana pasada y que les esté costando estar en puestos de serie final.

El problema viene de atrás y no tiene fácil solución. Aunque lo realmente preocupante es la falta de proyectos en que vivimos los que vemos el baloncesto como algo más que el partido del domingo. Disculpen que me haya olvidado del Baskonia. Ya saben que las buenas noticias no son noticias y en ese estado se encuentra el equipo de casa.

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