Un superviviente camina hacia la final

Celebración de la victoria en el Palau. /Sergio Ros
Celebración de la victoria en el Palau. / Sergio Ros

El Baskonia peleará con el Real Madrid por su cuarto título liguero tras agotar el depósito de sufrimiento y angustia y sentenciar al Barça en la prórroga

Carlos Pérez de Arrilucea
CARLOS PÉREZ DE ARRILUCEABarcelona

Ocho años después, el Baskonia vuelve a la final de la Liga ACB, la octava de su historia y en la que tendrá la oportunidad de pelear por su cuarto título liguero. Será ante el Real Madrid, habituado a este terreno desde que Pablo Laso está a los mandos. Vuelve la rebeldía baskonista a discutir un título a los más poderosos. La fórmula, que parecía guardada en el baúl de los recuerdos desde aquel escorzo mágico de Fernando San Emeterio aquella noche del 15 de junio de 2010, se revitaliza. De paso, también recuerda lo complicado que puede llegar a ser abrir la puerta que ayer logró derribar el equipo de Pedro Martínez.

El baskonismo siente de nuevo esa fiebre de ver de cerca la gloria y ese orgullo de sentarse en las mesas más exclusivas del baloncesto nacional. De nuevo en una gran final, con el título liguero como gran premio. El Baskonia superó con holgura en cuartos al Unicaja para después encontrarse en semifinales con un Barcelona cuyo perfil adquiría un cariz temible a medida que avanzaba la eliminatoria.

82 Barcelona Lassa

Hanga (12), Navarro (8), Jackson (-), Moerman (5), Tomic (11) -cinco inicial-, Reynolds (2), Heurtel (16), Sanders (3), Koponen (11) y Claver (14).

88 Kirolbet Baskonia

Beaubois (8), Granger (2), Timma (11), Shengelia (22), Poirier (2) -cinco inicial-, Vildoza (11), Voigtmann (9), Huertas (8), Janning (14) y Diop (1)

Parciales
16-18, 18-23, 19-15, 23-17 y 6-12
Árbitros
Daniel Hierrezuelo, Miguel Ángel Pérez y Fernando Calatrava. Eliminados: Poirier (min.41), Tomic (min.45).
Incidencias
cuarto partido de las semifinales de la Liga Endesa disputado en el Palau Blaugrana ante 6.089 espectadores.

En realidad, hacia la final que arranca el miércoles en el Wizink Arena de la madrileña calle Goya camina un superviviente. Con las velas hechas jirones, el timón destrozado pero todavía a flote. Así quedó la nave vitoriana después de un cuarto partido infernal en el Palau, al fin rendido en un choque de 'play off' al tesón baskonista. No hay pasaje hacia lo más alto sin padecimiento y el Baskonia agotó ayer toda su capacidad para sufrir y para lograr dominar la angustia de ver un encuentro que se le escapaba para condenarse a un inquietante quinto partido en el Buesa Arena. De un desastroso último cuarto en el que estuvo cerca de morir abrasado por la presión asfixiante del Barcelona a una prórroga en la que fue capaz de domar tanto sus nervios para hacer añicos las esperanzas de un rival también obligado a emplearse al límite, con un desgaste extremo en el músculo y los cables de conexión mental casi tan pelados como los del Baskonia.

Caída a los infiernos

Porque el vitoriano fue una conjunto sumido en una espiral desesperante de negatividad durante la segunda mitad del último cuarto. Fue situarte con una renta de once puntos a favor a cinco minutos del final (59-70) para dar paso a una arrasadora maniobra de estrangulamiento por parte del Barcelona. Una vez más, la presión sobre la puesta en juego del balón fue la estrategia elegida por los hombres de Svetislav Pesic, eficiente por su ejecución, pero también por al permisivo criterio arbitral. El Baskonia no encontró forma de salir del asedio. Cruzar la media cancha antes de consumir los ocho segundos se convirtió en todo un reto, lograr un pase y un movimiento posterior que liberara espacios para el bote o la descongestión se convirtió en un enigma indescifrable para los vitorianos. Pérdida tras pérdida, el monstruo blaugrana se acercaba. Un triple de Heurtel remataba un parcial de 11-3 que colocaba el 70-73 a falta de un minuto. El Baskonia pareció rehacerse, pero el miedo era ya su compañero inseparable. Se animó un tanto con los tiros libres, pero una nueva pérdida propiciaba el 76-76 a 20 segundos del cierre. Beaubois buscó la sentencia en la posesión final, pero el Barcelona resistía hasta forzar una prórroga que parecía imposible minutos antes.

El Kirolbet parecía un cadáver en los compases iniciales del tiempo extra. Incluso Navarro pedía protagonismo en un Palau convertida en una caldera rugiente. Los vitorianos a duras penas se sostenían, pero tampoco su rival de animaba a dar el golpe de riñón definitivo. Los culés se situaban con un 82-79 a poco menos de tres minutos para el cierre. Huertas respondía con dos tiros libres anotados y, segundos después, prendió la llama que hizo girar el destino del Baskonia. Johannes Voigtmann cortó un pase interior para recuperar un balón providencial y culminar la transición con una canasta que era como una tonelada de oxígeno para los extenuados pulmones vitorianos. 82-83 y un minuto y medio por jugar. Penetración fallida de Hanga seguida de pérdida de Timma. Parecía que nadie quería hundir el puñal de la sentencia. Lanzamiento lateral de Koponen que no seduce el aro. El balón cae en manos de Vildoza, que marcha a la línea de tiros libres, donde no se permite ni un fallo. 82-85 y 49 segundos más de suspense. Falta de Janning sobre Hanga y el húngaro que falla sus dos intentos. El cielo se abre para el Baskonia. Voigtmann es el siguiente visitante a la línea de 4,6 metros. Una diana de dos, pero una exigua ventaja de seguridad con un 82-86a 18 segundos. El duelo ya no se escapa de las manos del Baskonia. El equipo de Pedro Martínez era una balsa repleta de náufragos al fin capaces de controlar el pánico. Al fin a resguardo en la orilla, justo cuando parecía que iba a atronar el grito de '¡sálvese quien pueda! Salvados en la orilla de la final. En tierra inexplorada desde hace ocho años. Todavía palpitando.

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