LIGA ACB

El Barcelona no da opción al Andorra y será el rival del Baskonia en semifinales

Andrew Albicy deja una bandeja tras escapar de la defensa de Ante Tomic. /Toni Albir
Andrew Albicy deja una bandeja tras escapar de la defensa de Ante Tomic. / Toni Albir

La gran dirección de Andrew Albicy no fue suficiente para superar al conjunto de Pesic, que vive del talento de Tomic

Sergio Eguía
SERGIO EGUÍA

Como el buen padre de familia, el Andorra se dejó en casa lo que había ganado fuera. Perdonó al Barcelona en la Bombonera en el segundo asalto de la serie y ayer, en el tercero y definitivo, los de Svetislav Pesic no mostraron piedad. Por una vez, y hacía muchas jornadas, jugaron como un equipo de Euroliga. Intensos, estables, blandos en defensa, pero esa es su cruz, y confiados en que el talento de Ante Tomic resolviera la papeleta. Lo hizo el croata.

Ya no importa la gran dirección de Andrew Albicy, que sometió una tarde más a Thomas Heurtel. La épica del débil y su asalto de los cielos blaugranas se quedan en literatura. Para avanzar en los 'play off' hace falta casta. La que se le desborda al Baskonia de Pedro Martínez, que sabe que es su verdadero rival para superar las semifinales y, por qué no, ganar la competición. «El rival no es lo importante», comentó por la mañana Tornike Shengelia. El capitán atendió a los medios al final del entrenamiento en el Bakh. «La clave para superar la semifinal está en nosotros, en cómo seamos capaces de jugar». Una idea que ya expresó el día anterior Patricio Garino y que es el nuevo mantra que Martínez ha metido en la cabeza de sus pupilos.

91 Barcelona

Heurtel (13), Koponen (7), Hanga (15), Claver (14), Tomic (15) -cinco inicial-; Reynolds (5), Ribas (8), Moerman (6), Navarro (8).

71 Andorra

Albicy (11), Walker (1), Blazic (13), Shurna (5) Iverson (4) -cinco inicial- Fernández (2), Jankovic (3), Diagne (8), Jelinek (11), Sané (3), Stevic (10).

Parciales:
26-16, 19-21 (45-36 al descanso), 24-15 y 22-19.
Árbitro:
Hierrezuelo, García González y Pérez Pérez.

El lunes llegará el Barcelona al Buesa Arena. Casta de lustros. Gigante en horas bajas con un plantillón de superlujo y la calidad suficiente para ganar con suficiencia el único título al que han optado realmente este año, la Copa del Rey de Gran Canaria. Ahí tiene una espinita clavada el Kirolbet. Aquella derrota fue el detonante del cambio mental que les permitió escalar hasta el Top8 de la Euroliga y a la segunda plaza de la temporada regular en la ACB. Toca cerrar el círculo. Alfa, omega y zarpazo al ejército culé que si araña una victoria en Vitoria será muy, muy peligroso. Con el viento a favor, son letales.

Los catalanes no son blandos bajo los aros como el Unicaja. Lo han parecido contra el MoraBanc, especialmente en el primer encuentro, pero es más desidia que falta de capacidad, potencia o kilos. Ayer lo demostraron. En dos arreones, en el primer y el tercer cuarto, sentenciaron a los de Joan Peñarroya que siguieron tratando de escalar la desventaja de 20 puntos con la que dominaba el Barça.

Los talentos blaugranas se complementan. Es necesario cortocircuitar su juego y entonces se desmoronan. Un gigante con pies de barro. Y eso se hace en defensa. Heurtel, Moerman, Jackson, Claver, Koponen, Reynolds... Son niños que han crecido mecidos en los brazos de su superioridad técnica. Acostumbrados a anotar por naturaleza. Y cuando no lo consiguen se frustran. Cuando se les aparta de la clase obrera -Hanga, Ribas, Tomic- pierden la base de su lucimiento personal. Ni toda la ciencia, conocimiento y experiencia de Pesic consigue maquillar su famélica metamorfosis. Y frustrados en ataque, que nadie espere que defiendan demasiado. Se borran. El Andorra lo supo ver y casi los mata.

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