Baskonia ACB 2017-2018

Baskonia, a por su cuarta liga ACB

El nuevo Baskonia es un enigma fascinante; deja entrever un potencial de talento notable en la confianza de que prospere la apuesta por Prigioni

Carlos Pérez de Arrilucea
CARLOS PÉREZ DE ARRILUCEA

No hay equipo perfecto en cada diseño que afronta el Baskonia durante el verano. Siempre habrá algún flanco débil o alguna pieza que pudo estar y no está dentro de un mercado en el que el club azulgrana vuelve a tener una posición de confianza, pero en el que sigue sin estar entre los más acaudalados. No lo será nunca. Por mucho que su economía se vea revitalizada, hay constantes que permanecen; el cambio profundo de piezas en su plantilla y la renovación del jefe principal del banquillo. Son máximas que se cumplen sin excepción en los últimos años, con especial incidencia en la figura del entrenador.

En la campaña 2017-18 que mañana comienza, el Baskonia plantea un enigma fascinante. No solo muestra una plantilla con muchos nombres nuevos que conocer y descubrir. También pone toda esta materia prima a las órdenes de Pablo Prigioni. Un nombre marcado a fuego en el imaginario azulgrana que afronta el tránsito hacia el duro y solitario oficio de entrenador. El argentino se estrena en una plaza que ha conocido bien, aunque siempre desde la perspectiva de un jugador de peso y galones en el vestuario. Ahora le toca sentir en primera persona la presión de un cargo en el que el Baskonia acostumbra a depositar una carga ingente de responsabilidades.

La presencia de Prigioni en el banquillo baskonista toca la fibra sentimental del aficionado, pero también es la gran incógnita del nuevo proyecto. Como entrenador novato, no hay referencia posible sobre su estilo de juego ni sus maneras para comandar grupos profesionales. Algunas pistas ha podido dejar a lo largo de la pretemporada, con una predisposición a conceder libertad al jugador para que explote sus virtudes sobre la cancha. La propuesta suena bien y parece decantarse por evitar esquemas rígidos. Prigioni no quiere autómatas sobre el parqué, aunque no es menos cierto que hay niveles defensivos recomendables que solo se logran a base de disciplina y esfuerzo.

En cualquier caso, el de Pablo Prigioni deberá ser un aprendizaje rápido para mantenerse a la altura de las exigencias de un club que, una temporada más, lo quiere todo. No solo aspira a mantener el nivel competitivo recuperado en las dos anteriores campañas. También quiere acercarse lo más posible a esa gloria de los títulos que le es esquiva desde que se proclamara campeón de la Liga ACB un ya lejano 15 de junio de 2010.

Calidad y sacrificio

Como a cualquier otro entrenador de la élite europea, a Pablo Prigioni le toca equilibrar una dosis notable de talento con ingredientes como el sacrificio y la pelea sin excusas. El goteo de circunstancias médicas negativas de las últimas semanas no pone las cosas fáciles y dejan entrever un duro arranque. Las lesiones de Jordan McRae, Patricio Garino, Tornike Shengelia y la ausencia de Rodrigue Beaubois , que sigue recuperándose de su dolencia, desdibujan el perfil de un equipo que deberá forjar su carácter en la adversidad. Es la maldición que sigue golpeando al club vitoriano, que parece condenado a que cada pretemporada se convierta en una carrera de obstáculos.

El verano ha servido para activar a pleno rendimiento la puerta giratoria en el Baskonia. De la pasada campaña solo siguen Rodrigue Beaubois, Johannes Voigtmann, Ilimane Diop y Tornike Shengelia. En su momento, se cursaron rescisiones para los contratos aún vigentes de Rafa Luz y Jaka Blazic. También se agradecieron los servicios prestados a Nicolás Laprovittola, Kim Tillie y Ricky Ledo, el temporero que cubrió la baja de Chase Budinger, también convertido en una apuesta de duración anual. Capítulo aparte merece la marcha de Shane Larkin y Adam Hanga, dos pilares de la pasada campaña cuya continuidad deseaba la entidad que preside Josean Querejeta.

La posición de ‘tres’ destila fortaleza con la llegada de Janis Timma, quizás la apuesta más fuerte del club vitoriano de cara a la presente campaña.

Las propuestas de renovación fueron desoídas por parte de dos jugadores que compartían un objetivo común; el salto a la NBA. La irrupción en escena del Barcelona con ofertas para ambos hablaban del deseo de Sito Alonso por incorporar dos ases conocidos en su mudanza de Vitoria a Barcelona. El Baskonia plantó cara en el derecho de tanteo al igualar ambas propuestas. Shane Larkin fue el primero en salir del laberinto al aceptar la llamada de los Boston Celtics. Mientras, el magiar tuvo que poner euros de su parte dentro del acuerdo por cerca de medio millón que lo liberaba del Baskonia para convertirse en jugador culé, premio de consolación tras la negativa de los San Antonio Spurs a tenderle el puente hacia la mejor competición mundial.

Zonas de sombra

Tras la recomposición estival, el Baskonia ha logrado alumbrar una plantilla que destila talento, aunque también con sus zonas de sombra. El timón cambia por completo con un trío de apariencia más sólida que el pasado ejercicio. Marcelinho Huertas y Jayson Granger ponen el oficio, la calidad y un punto de fortaleza física importante en la persona del uruguayo. Tras ellos, Luca Vildoza llega con el cuaderno de aprendizaje dispuesto a rellenar páginas de apuntes para aclimatarse a un entorno aún desconocido.

Los puestos de escolta y alero también se ven sometidos a una reforma casi total. Tan solo continúa un Rodrigue Beaubois de quien se espera una mayor aportación en su segundo curso en Vitoria. La subluxación de hombro sufrida en el segundo choque de pretemporada pospone el debut de Jordan McRae con sello de depredador ofensivo. Mientras, el estadounidense avanza en su curación, su puesto queda ocupado por Matt Janning, con oficio de triplista y una temporalidad que, de momento, se extenderá hasta finales de noviembre.

La posición de ‘tres’ destila fortaleza con la llegada de Janis Timma, quizás la apuesta más fuerte del club vitoriano de cara a la presente campaña. El letón responde al patrón del clásico alero alto. Tendrá su proceso de aclimatación, pero hay madera de jugador superlativo, con calidad, conocimiento del juego y la virtud de producir sin un gasto excesivo de errores. A la sombra de Timma asoma Patricio Garino, último exponente de la atracción argentina que ha sido una constante en la historia reciente del club vitoriano. En la parcela exterior, Iván Martínez llega como complemento del cupo de formación y como jugador de apariencia menor tras la cesión de Tadas Sedekerskis al San Pablo Burgos. En la pintura, el liderazgo de un Shengelia ahora de baja se suma a la necesidad de crecimiento de Johannes Voigtmann e Ilimane Diop. Vincent Poirier es el nuevo ‘gigante’, una carta escondida de la secretaría técnica azulgrana. Y aún falta un ‘cuatro’ por llegar...

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