Una fuerza decreciente

Huertas trata de zafarse de Thomas. /Maxim Shipenkov
Huertas trata de zafarse de Thomas. / Maxim Shipenkov

El Baskonia decae tras una primera parte brillante y cede ante un Khimki poderoso

Carlos Pérez de Arrilucea
CARLOS PÉREZ DE ARRILUCEA

Un tiro libre errado de Jayson Granger a falta de 11 segundos cuando brillaba un 87-85 en el marcador, su posterior lanzamiento triple para cuadrar el 91-90 final cuando ya todo estaba perdido y la infalibilidad desde la línea de 4,6 metros del Khimki resolvieron otro epílogo al filo en el que el Baskonia terminó desangrado. Fueron unos segundos taquicárdicos después de que Alexey Shved decidiera reabrir un partido que parecía cerrado con una falta que otorgó tres tiros libres a Matt Janning con un 85-81 y 16 segundos por disputar. Pudo ser un cara o cruz, tal y como sucedió ante el Panathinaikos o el Unicaja, pero esta vez la bofetada golpeó a un Baskonia que se quedó a las puertas de rendir la plaza de un Khimki al que conviene no tomar a la ligera en la presente temporada.

91 Khimki

Shved (20), Jenkins (4), Anderson (18), Gill (20) y Thomas (4) -cinco inicial-, Robinson (5), Markovic (15), Vialtsev (5) y Zubkov (-).

90 Baskonia

Granger (4), Beaubois (9), Timma (3), Shengelia (14) y Poirier (12) -cinco inicial-, Voigtmann (14), Janning (19), Malmanis (2), Diop (2), Huertas (11) y Garino (-).

Parciales
18-21, 22-27, 21-16 y 30-26
Árbitros
Luigi Lamonica (Italia), Ioannis Foufis (Grecia) y David Romano (Israel). Eliminaron por faltas personales a Vincent Poirier (min. 37).
Incidencias
Partido correspondiente a la secta jornada de la Euroliga disputado en el Mytishchi Arena de Moscú ante 5.559 espectadores.

La escuadra rusa demostró a los azulgranas la dureza de ganar fuera de casa en el torneo continental. El Baskonia se sintió dominador durante una primera parte brillante, pero se convirtió en una fuerza decreciente a partir del descanso para encajar otra derrota que pospone su escalada clasificatoria. En batallas ante rivales de semejante nivel se hace obligada la virtud de perseverar. Los azulgranas se aplicaron, pero les faltó precisión y eficiencia. Cuando los golpes comenzaron a dañar su fuselaje, quebró su estabilidad, quizás porque sus recursos eran menores que los de su oponente. Las costuras saltaron ante interiores de alta explosividad muscular como Anthony Hill, Thomas Robinson o Malcolm Thomas, con protagonismo excesivo de un inexperto Rinalds Malmanis. El duelo volvió a plasmar la necesidad de un relevo de mayor oficio para Tornike Shengelia, este viernes también tocado debido a un golpe en la rodilla.

El poderío del plantel que dirige Giorgios Bartzokas no solo reside en el magistral talento anotador de Alexey Shved. El jugador mejor pagado de Europa se encuentra rodeado de lugartenientes de primer nivel y un sentido de juego colectivo que ata en corto cualquier sesgo de egoísmo.

Veinte minutos brillantes

El mismo equipo que la semana pasada fue capaz de tumbar al Real Madrid en territorio blanco sufrió ante un visitante que debe seguir dando pasos en una rehabilitación aún no concluida y explotó a partir del descanso las flaquezas vitorianas. El Baskonia bordó la brillantez durante los veinte minutos iniciales, se apoyó en la fortaleza interior de Vincent Poirier y encontró un contrapunto exterior más que solvente de la mano de Matt Janning y Rodrigue Beaubois. Con Tornike Shengelia en una versión más terrenal, los azulgranas repartieron esfuerzos y protagonismo hasta alcanzar una renta máxima de 38-48 en los instantes finales del segundo cuarto, recortada a 40-48 al descanso tras dos tiros libres anotador por Stefan Markovic.

Hasta entonces, el fulgor azulgrana se había basado en su poder grupal a partir del derroche de energía bien encauzada a ambos lados del parqué. Sin embargo, el descuido del rebote y la acumulación de pérdidas de balón demasiado comprometidas fueron grietas por las que se coló un Khimki recuperado, con un Alan Anderson como cuchillo afilado al contraataque y un poderío muscular generalizado que terminó por romper la segura cadencia mostrada por los vitorianos en las dos primeras entregas. Incómodo sobre el parqué, limitado bajo los aros tras la cuarta falta de Vincent Poirier (44-51, minuto 24) y con porcentajes de tiro triple aún destacados pero con recursos ofensivos menores, el conjunto azulgrana supo sufrir y mantenerse a pesar de alejarse de su versión ideal. Aún en pie, aunque con la brújula dañada y con la sensación de que su depósito de carburante se acercaba a la reserva (61-64 al cierre del tercer cuarto).

El genio y su magia

La oleada del Khimki fue incesante y se acrecentó durante el último capítulo. La máquina rusa se aplicó con saña para culminar la remontada sin necesidad de que Alexey Shved incendiara la pólvora. Cuando el Baskonia ya sentía que la tormenta moscovita caía sobre su cabeza, emergió el genio de Belgorod con un triple que situó al Khimki por delante en el marcador (70-69, minuto 35). A partir de ese momento, el centro de la escena fue de su propiedad casi exclusiva. Su genialidad permitió perfilar un parcial de 17-9 que dejaba al Baskonia bailando en la cuerda floja a minuto y medio del cierre (85-78). Un triple de Tornike Shengelia reavivó los ánimos azulgranas, pero la reacción quedó cercenada después de conceder de manera consecutiva dos rebotes en canasta propia que permitieron que el segundero avanzara hacia la bocina final. Solo la falta de Alexey Shved sobre un Matt Janning en plena suspensión desde más allá de la línea de 6,75 realimentó la esperanza. Al final, todo fue un balde, no hubo resquicio posible por el que inyectar el miedo a un Khimki imperturbable.

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