La noche soñada

Shengelia lucha por el balón frente a Gill./Blanca Castillo
Shengelia lucha por el balón frente a Gill. / Blanca Castillo

El Baskonia escala el abismo en el que había caído en el primer cuarto y borra de la cancha al Khimki con una exhibición de baloncesto visceral

Carlos Pérez de Arrilucea
CARLOS PÉREZ DE ARRILUCEA

El Baskonia sigue aferrado a la pared vertical en la que se ha convertido su ruta hacia los ‘play off’ de la Euroliga. Y no solo se mantiene estable en ese saliente de esperanza, sino que ayer incluso sintió por primera vez en varias jornadas que su posición se elevaba un cuerpo respecto a su objetivo, el octavo puesto que se mantiene en manos del Maccabi. La derrota de los hebreos en Tel Aviv ante el CSKA y la monumental victoria lograda por los hombres de Pedro Martínez ante el Khimki permitieron alumbrar la noche soñada.

La llama continental sigue viva. Quedan todavía seis batallaspara el cierre de la fase regular, margen suficiente para la gloria o la tristeza. El tránsito seguirá siendo azaroso, pero el Baskonia se ganó ayer un sabroso bocado de credibilidad. No solo tumbó a uno de los equipos con mejor tono baloncestístico a estas alturas de temporada. También encontró recursos suficientes para cuadrar la fórmula con la que plantar cara en refriegas de máxima exigencia física.

Colectivo contra Shved

El musculoso y superpoblado Khimki amenazaba con convertirse en la bestia del este dispuesta a asolar los límites de Salburua. Al final, terminó como una brisa inofensiva, anulada por la capacidad de resistencia vitoriana. El Khimki fue dominador en un primer cuarto que parecía un pañuelo blanco para despedir las opciones locales en la Euroliga y terminó como un equipo secuestrado por su propia estrella. La aciaga velada en el tiro de Alexey Shved retrató a un visitante que, en cuanto vio cómo el camino se torcía ante el resurgir del Baskonia, se puso en manos de su gran referente en cancha. También habrá que concederle su mérito al plantel azulgrana a la hora de empujar a Shved hacia su lado más egoísta, esa versión de héroe solitario que convierte el éxito en cosa de uno.

87 Baskonia

Huertas (13), Granger (3), Timma (5), Malmanis (-) y Poirier (4) -cinco inicial-, Voigtmann (9), Janning (6), Shengelia (15), Diop (5), Beaubois (16), Garino (8) y Vildoza (3).

77 Khimki

Markovic (3), Shved (23), Anderson (3), Gill (21) y Thomas (2) -cinco inicial-, Robinson (6), Monia (3), Honeycutt (11), Todorovic (2) y Jenkins (3).

parciales.
18-26, 26-13, 25-13 y 18-25.
árbitros.
Ilija Belosevic (Serbia), Emin Mogulkoc (Turquía) y Jakub Zamojski (Polonia). Eliminaron por faltas personales al visitante Todorovic (min. 34). Señalaron técnica a Bartzokas (min. 27).
incidencias.
Partido correspondiente a la vigésima cuarta jornada de la Euroliga disputado en el Fernando Buesa Arena ante 10.068 espectadores. Los jugadores baskonistas saltaron a la cancha con una camiseta en la que se leía 'Forza Dani', como muestra de apoyo a Dani Bordignon, lesionado de gravedad durante la semana.

Cerrado el plazo para incorporar nuevos jugadores, Pedro Martínez y sus hombres tienen plenamente asumido que todas las soluciones pasan por exprimir al máximo todas las piezas disponibles. Sobre estos parámetros se empleó ayer el Baskonia, no sin antes vivir un calvario durante los primeros ocho minutos del primer cuarto, cuando se precipitó al abismo con una desventaja de 12-26. Fue el punto más bajo a partir del cual el conjunto azulgrana inició una escalada monumental que terminó por convertirle en amo y señor del partido. Fue un alarde de baloncesto visceral en el que cada pieza jugó su parte más allá de los minutos que cada uno permaneciera en cancha. La recuperación se apoyó sobre pilares conocidos como Shengelia o Beaubois, pero no se entendería sin la aportación de un Huertas dispuesto ayer a rebatir a cualquiera que le asigne el cartel de prejubilado. Es la virtud del veterano, esa capacidad de recuperar la esencia perdida para convertirse en el contrapeso que equilibre el inestable timón azulgrana.

Protagonistas com Garino o Diop ayudaron a elevar el nivel de dureza desde la sombra y Johannes Voigtmann hizo algo más que cumplir en su nuevo papel como apoyo del capitán azulgrana en el puesto de ‘cuatro’. El Baskonia terminó por encontrar la solidez suficiente para mantenerse en pie y golpear con saña a una plantilla de hechuras extralargas como la del Khimki. Fue un equipo de nuevo visceral al calor del Buesa Arena, ese santuario que tiene que salvaguardar de aquí al cierre de la temporada regular de la Euroliga si quiere subirse al tren del ‘play off’, que desde anoche está una victoria más cerca.

Destemple inicial

El Baskonia vivió en la más absoluta desorientación durante gran parte del primer cuarto. Huertas y Granger irrumpieron en el quinteto titular pero la máquina rusa funcionó de manera devastadora en los minutos iniciales. El uruguayo salió golpeado como primer perro de presa de Shevd y para marchar al banquillo mediado el capítulo inicial con su segunda falta. El Khimki era un vendaval con el mando en plaza de su principal estrella que rompió el marcador con un 12-26 en el minuto 8.

El Baskonia necesitaba encontrar una fuerza coral. Dos triples de Janning y Vildoza suturaron la brecha para cerrar el primer cuarto con un 18-26. Los azulgranas trataban de levantarse hasta acercarse con un 22-26 pero el Khimki respondía a golpe de triple con dos dardos consecutivos de Monia y Honeycutt (22-32, minuto 13). El Baskonia era la soledad en ataque de un Beaubois convertido en un magistral salvavidas, pero la argamasa defensiva comenzaba a adquirir solidez de la mano de Garino y Shengelia.

Los azulgranas facturaron un parcial de 12-2 para igualar el choque (34-34, minuto 17). El georgiano se encargó de estabilizar la pelea por el rebote para después explotar toda su esencia anotadora. El capitán tocaba a rebato y sus compañeros respondieron como un puño para alcanzar el descanso con un 44-39 que dio paso a una exhibición rotunda en el tercer cuarto en el que el Baskonia destrozó a un adversario aferrado a un Shevd sin puntería y que cerró con 69-52. El Khimki dio señales de vida en el inicio de la última entrega, con su estrella en el banquillo y un parcial de 0-7 (69-59, minuto 33). Volvió entonces la magia de Beaubois para reabrir la brecha y alejar cualquier peligro.

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