El Baskonia resiste en el apagón

Janis Timma, durante una jugada del encuentro de Euroliga ante Unicaja./Rafa Gutiérrez
Janis Timma, durante una jugada del encuentro de Euroliga ante Unicaja. / Rafa Gutiérrez

El equipo azulgrana sale a tiempo de las tinieblas para sofocar la insurrección del Unicaja después de desperdiciar un gran inicio de partido

Iñigo Miñón
IÑIGO MIÑÓN

Fue un duelo de contrastes. De picos. De un gran Baskonia inicial que se apagó después para tirar del manual de supervivencia al final. Que pudo escapar a tiempo de sus propias tinieblas para apuntarse la quinta victoria de la Euroliga (88-82) y empezar a marcar territorio respecto a un rival, el Unicaja, que reaccionó a un mal arranque hasta lanzar un desafío de igual a igual a los de Pedro Martínez. Es el equilibrio de una competición que no entiende de números, ni en la tabla ni en la cancha. Llegaba el colista al Buesa Arena y parecía desorientado cuando, al final del primer cuarto, el brillante anfitrión ya mandaba por quince puntos (27-12).

Pero hubo partido. Vaya sí lo hubo. Un entonadísimo Waczynski encontró la brújula malagueña en el perímetro e inoculó la duda en el bloque de Pedro Martínez, que fue perdiendo acierto y dinamismo hasta verse envuelto en una nebulosa que le hizo tambalearse. Desnortado por momentos. Confuso. Al final, con más poso que baloncesto y más sufrimiento del inicialmente presagiado, el conjunto vitoriano pudo dejar el triunfo en casa, amparado en la aparición de Voigtmann, la jerarquía de Shengelia y un gran Janis Timma.

88 Baskonia

Huertas (4), Beaubois (11), Timma (24), Kevin Jones (5) y Voigtmann (8) -cinco inicial-, Granger (6), Janning (7), Shengelia (12), Poirier (6) y Vildoza (2).

82 Unicaja

McCallum (11), Nedovic (13), Milosavljevic (6), Suárez (5) y Shermadini (2) -cinco inicial-, Díaz (2), Salin (5), Waczynski (25), Augustine (2) y Brooks (5).

parciales.
27-12, 14-24, 18-20 y 29-26.
árbitros.
Damir Javor (Eslovenia), Petri Mantyla (Finlandia) y Jurgis Laurinavicius (Lituania). Sin eliminados.
incidencias.
Partido correspondiente a la undécima jornada de la Euroliga disputado en el Fernando Buesa Arena ante 10.346 espectadores.

El duelo amaneció brillante para el Baskonia. Ritmo, buena circulación de balón y actividad defensiva para marcar las primeras diferencias. Y Rodrigue Beaubois para dinamitar la resistencia de un Unicaja dubitativo (8-0). El acierto exterior del galo sacudió a los malagueños, sin respuesta para la buena salida vitoriana. A las órdenes de Huertas, con el tocado Granger esperando su momento en el banco, el balón se movía rápido de mano en mano azulgrana y la escuadra alavesa encontraba buenas posiciones de tiro. Seguía martilleando el aro desde fuera el escolta francés -tres triples sin fallo- y empezaba a aparecer también Janis Timma para ir ampliando la renta (18-8, m. 6).

Cambio de guión

Espabiló por momentos el Unicaja, comandado por Nedovic y Mirosavljevic, que encontraron las primeras fisuras en la defensa vitoriana, y el rebote ofensivo andaluz quería generar alguna duda en la solidez baskonista. Sin fortuna. El conjunto de Pedro Martínez seguía bailando como un bloque, también con Luca Vildoza a la batuta, y un mate de Poirier tras un robo de balón de Beaubois cerró el primer cuarto con un ilusionante 27-12 que parecía dejar noqueado a las primeras de cambio al perdido equipo visitante.

Pero el guión cambió en el segundo cuarto. Salin primero y, sobre todo, Waczynski abrieron vías nítidas hasta la canasta vitoriana y el Baskonia, con Beaubois condenado al banquillo por tres faltas personales, bajó el nivel de acierto que había marcado su trepidante ritmo anotador hasta entonces. La escuadra malagueña elevó el listón defensivo y la circulación alavesa empezó a espesar. 7 puntos en 8 minutos, elocuente. El Unicaja, paciente, creció en confianza y regresó al partido, recortando la diferencia hasta los dos puntos (36-34, m. 18). Huertas y Timma devolvieron cierta tranquilidad al Buesa, pero una canasta cercana a la bocina de Nedovic dejó el encuentro muy abierto al descanso (41-36).

Y si el balcánico cerró la primera parte, él mismo abrió la segunda, con un triple. Pistoletazo de salida para el parcial de 0-8 que firmó el Unicaja a la vuelta de los vestuarios. (41-44). El factor anímico había cambiado de bando: el equipo extraviado del principio del partido era quien gobernaba el juego y el anfitrión mandón del arranque se envolvió en tinieblas, lastrado por las pérdidas de balón. Una pelota al banquillo rival de Marcelinho Huertas ejemplificaba la salida del Baskonia. Del espesor al atasco generalizado. Tres minutos sin anotar, hasta que lo hizo Timma, que ejerció de sostén azulgrana. Waczynski seguía a lo suyo y ahora era el equipo alavés el que remaba a contracorriente.

La jerarquía de Shengelia

El retorno a cancha de Granger reactivó al conjunto de Pedro Martínez y un oportuno triple de Kevin Jones le devolvió el mando en el marcador (52-51, m. 17), pero el Unicaja había vuelto para quedarse. Intercambio de canastas para sellar el tercer cuarto (59-56) y otro aún más intenso para estrenar el último, que avanzaba en igualdad. Empate a 60, a 62, a 64. Emergió entonces la figura de Johannes Voigtmann, descosido del partido hasta entonces, y la mayor agresividad defensiva del Baskonia le concedió ventaja para afrontar el tramo final (71-64).

Pero Waczynski no había dicho su última palabra. El polaco siguió tirando del carro andaluz con triples imposibles. Hasta siete en nueve intentos, cinco ellos en el último cuarto. El Baskonia no encontraba el antídoto defensivo, pero sí la respuesta ofensiva. La tenía Janis Timma, que firmó su mejor actuación -cinco triples- para aceptar un duelo exterior excelso, equilibrar la magnífica noche de su oponente y regalar a su equipo la calma necesaria para imponer su ley en los últimos minutos. Ahí, en un escenario complicado de camino sobre el alambre, ya dominaron los galones de Shengelia, el capitán, que no había estado fino hasta entonces, para rubricar una victoria tan sufrida como necesaria.

Después de desperdiciar un gran arranque, en el que el Baskonia recuperó el rodillo ofensivo que le había caracterizado en los duelos previos a la derrota ante el Fenerbahce, el equipo azulgrana supo sobrevivir al apagón que le dejó a oscuras en los dos cuartos intermedios. Una virtud añadida al catálogo azulgrana cuando el brillo ensombrece.

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