Euroliga

Un tirano frente a la adversidad

Los azulgranas celebran la victoria frente al Zalgiris./ Rafa Gutiérrez
Los azulgranas celebran la victoria frente al Zalgiris. / Rafa Gutiérrez

El Baskonia se sobrepone a las bajas de Shengelia y Huertas para arrollar al Zalgiris y encaramarse al octavo puesto de la clasificación

Carlos Pérez de Arrilucea
CARLOS PÉREZ DE ARRILUCEA

Veintiséis jornadas después, el Baskonia pisa territorio de ‘play off’ en la Euroliga. No es nada definitivo, pero el Baskonia nunca había sido más dueño de su destino en la presente campaña continental desde que arrancó su andadura a primeros de octubre. Restan cuatro jornadas para el reparto de las plazas para las series de cuartos y la escuadra azulgrana sigue acercándose al horizonte anhelado, protagonista de un crecimiento palpable en juego y resultados. La derrota del Maccabi en su propio feudo ante el Khimki abrió la puerta del ascensor a un Baskonia que subió un piso de manera pletórica, con un alarde de autoritarismo contra el Zalgiris que convirtió el Buesa Arena en una fiesta.

Ni una fisura palpable en el acorazado vitoriano a pesar de las ausencias de Tornike Shengelia y Marcelinho Huertas. La baja del capitán y del veterano timonel, emergente en los últimos encuentros, recubría el duelo con un barniz de incertidumbre que el Baskonia ahuyentó con un soberbio golpe de autoridad. Mano abierta para abofetear al Zalgiris. El equipo revelación de la temporada quedó reducido a una estructura informe, desbordado por completo por un anfitrión pleno de convicción, capaz de inyectar energía a borbotones a un partido del que se sintió dominador desde el primer cuarto.

84 Baskonia

Granger (20), Janning (12), Timma (7), Voigtmann (12) y Poirier (15) -cinco inicial-, Beaubois (2), Malmanis (2), Garino (8), Vildoza (4), Diop (2) e Iván Martínez (-).

64 Zalgiris

Pangos (12), Toupane (9), Ulanovas (7), Jankunas (2) y Davies (6) -cinco inicial-, Milaknis (4), Micic (11), White (6), Kavaliauskas (3), Valinskas (4), Masiulis (3) y Udrih (-).

Parciales
27-19, 16-14, 24-12 y 17-19
Árbitros
Sasa Pulk (Eslovenia), Tomislav Hordov (Croacia) y Ioannis Foufis (Grecia). Sin eliminados por faltas personales. Señalaron falta técnica a Granger (min. 26).
Incidencias:
Partido correspondiente a la vigésima sexta jornada de la Euroliga disputado en el Buesa Arena ante 11.227 espectadores.

Cerrar filas

Frente a las ausencias, el Baskonia cerró filas con un esfuerzo encomiable. De la cojera en el puesto de base sin Huertas apenas hubo noticia ante la inspiración de Jayson Granger y la sobriedad de Luca Vildoza. Mientras, la labor de tapar el boquete dejado por Tornike Shengelia bajo los aros terminó por convertirse en una soberbia labor comunitaria. Johannes Voigtmann bordó de nuevo la polivalencia en el puesto de cuatro, apoyado durante algunos minutos por el esforzado Rinalds Malmanis y por Janis Timma. La fórmula ayudó a crear un muro interior de auténtico granito, apuntalado por la gran labor de Vincent Poirier e Ilimane Diop. Ante semejante contención, el Zalgiris terminó diluido, sin apenas noticias de Paulius Jankunas, con dos torres como Brandon Davies o Antanas Kavaliauskas recortadas por completo hasta la altura del parqué. El Baskonia protagonizó unos de esos encuentros en los que el coraje y la armonía se combinan en una solución explosiva, un raudal abrasador que redujo a cenizas a un Zalgiris que se ha acostumbrado a apoyarse en el músculo y la intensidad para abrirse paso con brillantez en la temporada en curso. Ante el vendaval azulgrana, la presencia de Kevin Pangos quedó como mera aportación anotadora mientras se emborronaba sus dotes de dirección. Sin brújula ni oxigeno, la escuadra lituana nunca pudo subirse al tren de un partido en el que el Baskonia forzó la máquina a plena potencia.

La gloria del tercer cuarto

La avidez azulgrana quedó retratada desde un primer cuarto que dejó una notable colección de canastas extremas y una ráfaga de seis triples que permitió marcar territorio a los locales. La puntería desde más allá de la línea de 6,75 volvió a ser una aliada fiel para cerrar la primera entrega con un 27-19. Sin embargo, el equipo de Pedro Martínez fue capaz de sumar matices a sus registros ofensivos mientras el Zalgiris se aferraba a una dependencia excesiva en el acierto de Kevin Pangos y la superioridad física de Vasilije Micic. Escasas voces individuales para un Baskonia que percutía de forma coral, capaz de dosificar una tropa reducida sin que hiciera mella en el marcador.

El 43-33 al descanso hablaba de una escuadra vitoriana hasta entonces sólida, pero aún quedaba lo mejor. El Baskonia entró en erupción en un tercer cuarto de factura magnífica, en el que todas sus fuerzas se alinearon para destruir al Zalgiris. La brillantez de Jayson Granger, la fiebre triplista de Matt Janning o el ímpetu sin freno de Patricio Garino permitieron amasar un parcial 24-12 (67-45, minuto 30) que obligó al Zalgiris a cubrirse con la bandera blanca de la rendición. Un partido roto sin sutura posible y un Baskonia encaramado al octavo puesto después de casi seis meses, el mismo al que está dispuesto a agarrarse en las próximas cuatro jornadas.

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