Un buen estado de ánimo

Pedro Martínez, durante un partido reciente. /Efe
Pedro Martínez, durante un partido reciente. / Efe
PEPE LASO

Siguiendo las competiciones, leyendo los periódicos y oyendo las declaraciones de jugadores y entrenadores se adivina el momento emocional que atraviesan los equipos de baloncesto. Recuerden cómo sin ninguna necesidad algunos jugadores baskonistas pedían a Pablo Prigioni que siguiera en su puesto. Estaban insatisfechos, se sentían responsables de los malos resultados. Días atrás, Pierre Oriola declaraba que la derrota del Barcelona era consecuencia de la desatención de la plantilla hacia las instrucciones que llegaban del entrenador, Sito Alonso. El preparador del Unicaja, Joan Plaza, se ve necesitado de justificar ante la prensa las razones de cortar a Dejan Musli, un pívot importante la temporada pasada e irrelevante esta. Para qué seguir poniendo ejemplos. Antes de los planteamientos técnicos o tácticos, al margen de suertes puntuales y otras variables, lo que hace fuertes a los equipos son las emociones que el club, los entrenadores y el núcleo fuerte de jugadores de la plantilla sepan mantener para superar los momentos difíciles.

Quizás, el mejor ejemplo sobre la necesidad de controlar las emociones es el momento que están viviendo el Real Madrid y el Barcelona. Los primeros pierden partidos, en ello influye el cúmulo de lesiones, pero mantienen un estado de ánimo fuerte. Regresan a Madrid después de perder en la prórroga contra el Olympiacos, juegan un partido durísimo frente a un magnífico UCAM Murcia y lo ganan en el tiempo extra. En los dos encuentros, con poquísimos recursos deportivos, aguantan aferrados a un estado de ánimo encomiable.

El Barça dibuja la misma semana, el grupo sufre mucho, carece de paz, podría decirse que duerme mal, y pierde en casa ante el Iberostar Tenerife. Diferentes estados de ánimo. Es curioso que los blancos han sido el equipo más intolerante con las malas rachas y ahora se comportan con la templanza necesaria.

Generalmente, al margen de la actitud de los clubes, el carácter de los entrenadores tiene mucho que ver en el estado anímico del grupo. Solo para que se hagan una idea de lo difícil que es controlar el estado de ánimo de un equipo de baloncesto, supongan por un momento que el entrenador del Alavés pudiera hacer a lo largo del partido todos los cambios que quisiera en función del cansancio, desacierto, las tácticas del equipo contrario o la marcha del resultado. ¡Se imaginan! Pues esos son los retos que vive cualquier entrenador de nuestro deporte. ¿Cómo reaccionaria Cristiano Ronaldo entrando y saliendo en función de los intereses del equipo?

Como consecuencia de la trayectoria triunfante de Pedro Martínez, leo sus reflexiones sobre el porqué de los éxitos. «El componente anímico es muy importante. Cuando se agarrotan las piernas porque las cosas no salen se pierde la confianza y la naturalidad. Un chispazo puede cambiar la dinámica, no tanto porque se toquen unas teclas secretas». Cómo será tan difícil para algunos clubes y público comprender que un buen estado de ánimo es vital para el baloncesto.

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