En buen momento

Los jugadores baskonistas, durante el partido frente al Barça. /Blanca Castillo
Los jugadores baskonistas, durante el partido frente al Barça. / Blanca Castillo
PEPE LASO

Tal y como empezó la temporada 2017-18, ni los más optimistas podían pensar en llegar al final del año en posiciones tan plácidas como las que ocupa el Baskonia en las clasificaciones de la ACB y la Euroliga. Sin grandes revoluciones, con los mismos jugadores y no demasiados cambios tácticos, Pedro Martínez ha conseguido sacar el máximo rendimiento a una plantilla suficientemente sólida como para aspirar a los mejores puestos en el momento crucial del curso.

Para el debutante Pablo Prigioni no fue fácil ensamblar tanto baloncestista nuevo. Al argentino le tocó poner las bases del conocimiento mutuo entre unos y otros y pagó los platos rotos propiciados por una serie de derrotas que en un equipo menor hubieran sido anecdóticas, no así en el Baskonia, tan poco acostumbrado a los malos resultados. Con Pedro Martínez llegó la calma. Él se limitó a racionalizar las funciones de los jugadores. Mantuvo así solo un base en el campo, Granger o Huertas, -mejor el primero en Europa por su poderoso físico y el segundo, en la ACB por su talento- en el ánimo de que los exteriores asumieran responsabilidades que se habían diluido. Limitó los tiros exteriores de los pivotes, obligándoles a jugar más cerca del aro, en las áreas del combate, hecho del que se ha beneficiado el francés Poirier para disfrutar de más minutos en pista. Janning, por su lado, ha tomado más relevancia en el juego; aun no siendo estable en la anotación, lo es en defensa, y forma con Beaubois una buena posición de ‘dos’. Timma y el debutante Jones son la pareja de aleros fuertes tan necesaria para dar solidez al equipo. Ningún conjunto puede sumar tantas victorias si en su plantilla no hay un jugador franquicia que saque ese punto de más, imprescindible para ganar los partidos en los minutos finales. Shengelia es con mucho el hombre franquicia de los vitorianos. Sin él muchos de los partidos resueltos favorablemente en los últimos momentos hubieran caído del lado contrario.

Si no hubiera lesiones, los entrenadores se sentirían felices con una plantilla de nueve jugadores, en la que todos supiesen cuáles son sus responsabilidades, donde los buenos y malos momentos se resolvieran desde la lógica del juego, sabiendo cada uno cuáles son sus deberes. Hoy, el Baskonia funciona así. Esperemos que dure, por tanto. La parte definitiva de la temporada se va acercando poco a poco.

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