Baskonia

Delfino, punto y seguido

Delfino se ejercita sobre la cancha de entrenamiento del Bakh.
Delfino se ejercita sobre la cancha de entrenamiento del Bakh. / R. Gutiérrez

Ilustre en el período de preparación azulgrana, el alero argentino se resiste al retiro tras una pelea sin tregua para superar una rotura de escafoides

Carlos Pérez de Arrilucea
CARLOS PÉREZ DE ARRILUCEA

Figura destacada de la 'Generación Dorada' del baloncesto argentino, amigo de Pablo Prigioni y protagonista de una carrera brillante que, cerca de cumplir 35 años, se niega a poner punto final. Carlos Delfino es un jugador que intenta recuperar el tiempo perdido en la pretemporada baskonista.

Su reloj deportivo se paró un primero de mayo de 2013, cuando defendía los colores de los Houston Rockets en el quinto partido del 'play off' contra Oklahoma. El hueso escafoides del pie derecho que abrió un paréntesis tan largo como imprevisto. La primera operación pareció exitosa, pero algo se torció. Fichar la siguiente temporada por Milwaukee Bucks le permitió seguir dentro del círculo de elegidos de la NBA, pero aquel choque con los Rockets fue su último encuentro en la competición estadounidense después de ocho campañas de servicio en Detroit, Houston, Milwaukee y Toronto. «Llegamos a ocho operaciones, muchos tratamientos, doctores y viajes por varios continentes. La historia es larga y lo hice todo para tratar de volver».

Delfino relataba ayer durante una pausa de las sesiones de entrenamiento con el Baskonia ese viaje de retorno a las canchas que aún no ha acabado. «Me operé muchísimas veces porque quiero seguir jugando al basket. Voy viendo cómo responde el cuerpo, que sensaciones tengo y que lugar puede ser mi destino para jugar». El exterior no esconde que «sería divino» que ese próximo destino fuese el Baskonia. Sin embargo, también matiza que «mi vínculo ahora mismo es para estar en pretemporada». Delfino forma parte de la fase de preparación azulgrana tras la llamada personal de Pablo Prigioni. «Los dos nos ayudamos mutuamente. Trató de servir a Pablo desde dentro de la cancha para hablar a los más 'chicos' y él me hace correr y mover las piernas que es lo que necesitaba», explica.

«Un par de años más»

El sendero hacia la rehabilitación en la élite, a uno u otro lado del Atlántico, continúa. En estos últimos cuatro años, Delfino pudo disputar sus cuartos Juegos Olímpicos en Río 2016 con el combinado albiceleste y el pasado curso ejerció de apoyo en diez partidos a Boca Junior en la Liga argentina. Ahora, busca continuidad y volver a competir por algo grande. «Físicamente, no soy el de antes, pero me siento con una pelota en la mano y eso me distrae. Ya no soy un niño, pero pienso que todavía puedo jugar un par de años más».

De momento, Delfino es un hombre feliz en la rutina de entrenamientos baskonista, un temporero ilustre, a diferencia de otros más anónimos como el último en llegar, el pívot holandés Roeland Schaftenaar (29 años, 2'10 metros). Atrás quedan los tiempos en los que llegó a pedir a los médicos una solución para, al menos, poder correr con sus dos hijos mellizos en el parque sin dolores. Lo suyo es puro apego al balón de baloncesto. «Vale la pena tratar de hacer lo que a uno le gusta. Hubo momentos en los que quise 'largar' todo, pero acá estoy. Me cuesta mucho soltar la pelota».

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