Las dichosas ventanas

El exbaskonista Sergi Vidal entra a canasta, durante el partido de clasificación para el Mundial de China 2019 disputado el viernes. /Boris Pejovic
El exbaskonista Sergi Vidal entra a canasta, durante el partido de clasificación para el Mundial de China 2019 disputado el viernes. / Boris Pejovic
PEPE LASO

Tengo un amigo, prestigioso entrenador, que en sus viajes por el mundo mata el tiempo libre fotografiando ventanas. Alguna vez he tenido la oportunidad de ver su divertida colección, siempre variada. Si me apuran, casi prefiero como recuerdo de viajes estas imágenes muertas, que permiten revivir pequeñas historias, a aquellas en las que la presencia de personas hace visible el paso del tiempo. El problema con las ventanas se presenta cuando la visión es de la otra cara. En ese caso, la foto no es fija, nadie puede saber qué panorama nos ofrecerá el mundo exterior cada mañana, y por desgracia, es más fácil encontrarse con un edificio en construcción o con un vecino cotilla.

La FIBA, en su deseo de fortalecer su presencia en el creciente mundo baloncestístico, se embarca en abrir unas nuevas ventanas en la Torre de Babel que es nuestro deporte. La lucha viene de lejos. La NBA, inaccesible en sus deseos, se desmarca de cualquier colaboración y la Euroliga sigue sus pasos, aunque solo sea por marcar su terreno. Los jugadores, disciplinados con quien les paga, callan pero no juegan.

Total, esto es lo que se ve desde las ventanas recién inauguradas: paralización de las competiciones nacionales con el perjuicio lógico para los clubes que no disputan la Euroliga; equipos nacionales inconsistentes y poco representativos; pérdida de valor emocional de las selecciones; dificultades para ver a la selección por televisión; peligro de no estar presente en los grandes eventos mundiales, con el perjuicio correspondiente tanto para el país eliminado como para la propia FIBA. ¿Se imaginan unos Juegos Olímpicos sin España o Grecia?

España ha ganado sus dos partidos. La clase media de nuestro baloncesto ha dado la medida. El mejor jugador ha sido Colom, que curiosamente no ha tenido sitio en ningún equipo de ACB. Lo peor fue comprobar que el sustento de la selección han sido veteranos como Vidal -sí, el que jugó en Vitoria tan bien de la mano de Ivanovic- y Vázquez, el gigante que tantas veces renunció a estar en la selección. Entrañable ver debutar en la selección a un hombre de 39 años, Oliver, que lleva tanto tiempo deleitándonos con su inteligencia. No podía tener un premio mejor.

Volveremos a asomarnos a estas ventanas a lo largo de la temporada, espero que la experiencia no perdure, que el invierno sea solo para el baloncesto profesional, que volvamos a los veranos nacionalistas reservados a las selecciones, y que discretamente vengan los operarios y cierren los dichosos huecos.

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