ESPACIOS DE CONEXIÓN

Estamos comprobando en estas semanas que el Baskonia ocupa extraordinariamente bien las cuatro esquinas del campo, las de los fondos especialmente y también las superiores fuera de la línea de 6,7

ESPACIOS DE CONEXIÓN
Juanjo Brizuela
JUANJO BRIZUELA

Cuando la escuché por primera vez me dio tanto que pensar que tuve que repetir la frase un par de veces más: ‘wifi emocional’. Esa que hace que personas diferentes conecten entre sí aunque les separen modos de pensar e incluso haya distancias que pretendan ocultarlas. Las conexiones se producen porque existe una intencionalidad y las condiciones necesarias para que éstas ocurran. Un mensaje. Una mirada. Una línea recta. Un pase.

No son pocas las voces que reclaman nuevas evoluciones en el baloncesto actual que tienen que ver con lo más importante: el juego; y no tanto con el resto de insensatos zarpazos en otros temas (ventanas, fechas, licencias, etc.). Una de ellas es la posible necesidad de ampliar el espacio total de 28 x15 metros, donde 10 jugadores, cada vez más físicos, con más envergadura y mejores condiciones atléticas parece que se estorban y ‘abarrotan’ un espacio lógicamente limitado. Quizá estemos más cerca de lo que parece, aunque en realidad la pregunta que deberíamos hacernos es si realmente se ocupan los espacios como se debe, en un deporte donde las conexiones entre jugadores son esenciales tanto con como sin balón.

De las primeras frases que Pedro Martínez exclamó a su llegada al Baskonia fue que «sus jugadores debían respetar los espacios». Aunque parezca una obviedad, la existencia de distancias entre ellos facilita el trabajo especialmente en ataque y, por supuesto, en su lado opuesto, en defensa. Más allá del talento ofensivo de cada jugador en el 1x1, el éxito de dicho movimiento viene no sólo por su capacidad de echar el balón al suelo y jugarlo sino sobre todo por atacar el espacio ‘libre’ que sus compañeros le generan para que pueda aprovecharse al máximo. En el preciso instante del ataque vertical a canasta se producen al unísono movimientos de jugadores sin balón bien hacia las esquinas o bien hacia los laterales, primero para evitar las ayudas defensivas a ese movimiento y en consecuencia, si éstas ocurren, dar una asistencia al compañero liberado, ‘abierto’, en otro espacio del campo.

Estamos comprobando en estas semanas que el Baskonia ocupa extraordinariamente bien las cuatro esquinas del campo, las de los fondos especialmente y también las superiores fuera de la línea de 6,75. El quinto hombre suele situarse en el espacio central junto a la línea de 3, bien para ayudar en el 2x2 al hombre con balón o bien para desde ahí, cortar rápidamente hacia la zona precisamente para ocupar un espacio liberado, el centro de la pintura, y generar así un nuevo espacio para que los jugadores que están en la parte superior puedan aprovechar desde el bote las ventajas en el 1x1. Granger, Huertas y Shengelia están explotando perfectamente estas situaciones; Voigtmann continúa más frecuentemente hacia el centro de la zona tras el ‘pick&roll’ al igual que Poirier. Las esquinas son espacios donde Timma, Janning y Beaubois están sacando un brillo especial.

El equipo, efectivamente, ha comprendido que el espacio ha multiplicado las opciones del equipo logrando que los cinco jugadores en el campo, los cinco, puedan ser peligrosos si el equipo se mueve mejor sin balón y, como en esa ‘wifi emocional’, es el pase al compañero quien logra conectar para conseguir una ventaja en mejores condiciones. El pase es el gran beneficiario de los espacios, el ‘extra pass’ se ve más frecuentemente, los cambios de balón de lado también, y los pases no sólo horizontales sino de arriba a abajo del campo y viceversa. Espacio, pase y movimiento sin balón hacen que los equipos sean rápidos en su juego no por correr más sino porque el balón circula de compañero a compañero por todo el espacio del ataque.

De igual manera, el espacio en defensa es clave. Pero en esta ocasión por ‘cerrar’ vías de pase y de circulación de jugadores. Todo ha comenzado desde un 1x1 al balón mucho más agresivo, pero se percibe más aún en la defensa de la línea de pase (atención al uso de los brazos a la hora de negar ese pase) y sobre todo la defensa del lado débil, ‘pisando la zona’ para cerrar espacios y fintando ayudas y recuperando el espacio para ocultar aquellas líneas al equipo contrario. El gran beneficio de este trabajo espacial en defensa son las recuperaciones del equipo, pero, sobre todo, un mayor dominio del rebote defensivo.

Como en una partida de ajedrez, el reto no es mover las piezas sino que éstas estén situadas en el lugar adecuado para atacar al rival. Conectarse, además, entre ellas para rodear la presa. Hoy, en el Baskonia, respetar los espacios y conectarse vía ‘wifi emocional’ entre los jugadores se están convirtiendo en parte de la seña de identidad de este equipo.

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