La Euroliga premia la devoción de Vitoria por el baloncesto

El pabellón Buesa Arena, que acogerá la Final Four del próximo año, lleno a rebosar durante la edición de la Copa del Rey de 2017. /Iosu Onandia
El pabellón Buesa Arena, que acogerá la Final Four del próximo año, lleno a rebosar durante la edición de la Copa del Rey de 2017. / Iosu Onandia

Satisface una vieja reivindicación del Baskonia y designa como sede de la Final Four de 2019 a la capital alavesa, que se cuela en el circuito de grandes ciudades organizadoras

CARLOS PÉREZ DE ARRILUCEA

Vitoria tiene sobrados motivos para presumir de tradición baloncestística. En la memoria fotográfica de su paisaje urbano están incluidas la fachada del ya desaparecido Frontón Vitoriano y pervive la silueta majestuosa del Fernando Buesa Arena. En aquel emplazamiento de la calle San Prudencio se disputó por primera vez una final de Copa del Generalísimo un 28 de mayo de 1967. Medio siglo después, la fortaleza que domina los humedales de Salburua será escenario de la Final Four en una fecha aún indeterminada de mayo de 2019. El historial de grandes citas en Vitoria arrancó aquella tarde en la que la pelea del Kas fue insuficiente para frenar al Real Madrid y continuará con la disputa de un torneo exclusivo y singular. La alcurnia del baloncesto europeo con su cohorte de ojeadores, agentes y altos ejecutivos llegados desde todo el mundo, NBA incluida, reunidos en una fin de semana trepidante. La emoción extrema del baloncesto al k.o. junto a los resortes más vistosos y opulentos del negocio de la canasta. Todo, mezclado y servido en una ciudad devota del baloncesto como Vitoria. Su apasionada afición se lo merece

El acontecimiento, que coincidirá con el 60 aniversario del Baskonia y que siempre parecía pasar de largo, al fin echará raíces para reunir a los cuatro equipos que pelearán por el título de la Euroliga. Así lo anunció ayer desde Belgrado la organización que gobierna Jordi Bertomeu, días antes de arrancar la Final Four que coronará al campeón de la temporada 2017-18. La oficialización de la Euroliga llegó después de que el diputado general, Ramiro González, se adelantara y levantara la liebre minutos antes del momento pactado para el anuncio.

Las claves

Romper la tradición
Vitoria marca la excepción al monopolio de las megaurbes continentales que acogen el torneo
Cuestión de insistencia
La designación fue factible gracias a la tenacidad del club y de su presidente,Josean Querejeta

La designación como sede de la Final Four de la Euroliga reproduce el esquema habitual que ha traído a Vitoria otros acontecimientos en los últimos años. La capacidad organizativa y de persuasión del Baskonia se alía con la complicidad y predisposición de instituciones como el Ayuntamiento, la Diputación o el Gobierno vasco. A partir de ahí, el baloncesto viste una ciudad que siempre lo abraza con mimo; tal y como sucedió en las cinco ediciones de la Copa del Rey en su formato moderno o las cuatro Supercopas disputadas en el Buesa Arena, entre otras citas.

Premio a la tenacidad

Sin embargo, la llegada de una Final Four supone un hito sin precedentes. Sobre todo, porque parecía un objetivo inalcanzable a tenor del criterio imperante de la Euroliga, siempre proclive a elegir metrópolis de tamaño gigante para acoger el torneo de cierre de temporada. Madrid, Londres, Moscú, Berlín, París o Estambul, entre otras, han monopolizado el mapa de la Final Four a lo largo de los últimos años. Pabellones con capacidad por encima de los 10.000 asientos, una potente infraestructura hotelera y espacios de atracción mundial para satisfacer a los grandes patrocinadores de la Euroliga. Todo, a cambio de sacrificar en ocasiones el ambiente baloncestístico, que perdía peso apenas se alejaba uno del escenario donde se disputaba el torneo. Designación tras designación, el nombre de Vitoria trataba de colarse en las quinielas, pero nunca salía triunfadora. Dentro de estos parámetros no tenía cabida, con un claro lastre en materia de infraestructura hotelera.

Sin embargo, desde hace un par de años, la Euroliga ya estudiaba otros modelos de explotación de la Final Four para adaptarse a urbes de dimensiones más 'humanas' como Vitoria. En este proceso, las sugerencias del Baskonia siempre fueron bienvenidas. A finales de septiembre de 2016, el director ejecutivo de la Euroliga, Jordi Bertomeu, reconocía a este periódico que «tenemos un asunto pendiente con Vitoria». Para entonces, la capital alavesa había recuperado posiciones en la tabla de candidaturas. Tan solo hacía falta encontrar el hueco adecuado en el siguiente reparto de designaciones. Estambul se llevó la Final Four de 2017 y Belgrado está a punto de estrenar la suya. En principio, Moscú era la indicada para el próximo curso, pero los retrasos en la construcción del nuevo pabellón sembraron de dudas a la Euroliga. Fue el instante en que Vitoria pasó de alternativa a ser solicitante principal. Desde las altas instancias del torneo se entendía que era el momento de premiar a una ciudad y a un club de dimensiones reducidas en el panorama actual de la Euroliga, pero con raíces profundas y consolidadas en la competición.

El aterrizaje de la Final Four en Vitoria también premia la tenacidad del Baskonia y de su presidente, Josean Querejeta. La fuerza de la insistencia se ha impuesto para saldar una vieja deuda. Cabe recordar que Vitoria ya fue designada sede de la Final Four de 2001. Eran tiempos de ruptura en el baloncesto europeo. Un primer grupo de clubes poderosos rompieron con la FIBA para crear su propia competición. El Baskonia se alineó en el bando rebelde y la Federación Internacional arrebató a la capital alavesa el torneo.

Reclamo para la ampliación

De aquella sublevación ya lejana, con el club vitoriano como uno de los motores del cambio, a una Euroliga perfectamente asentada después de 18 temporadas de existencia. Durante este período de consolidación, la candidatura de Vitoria como sede de la Final Four siempre estuvo encima de la mesa de los gestores de la Euroliga. No en balde, fue uno de los reclamos para afrontar la última gran ampliación del Buesa Arena, que pasó de un aforo de cerca de 9.500 asientos a las 15.504 localidades actuales tras una inversión de las arcas públicas de cerca de 30 millones de euros. El coliseo azulgrana vivió su reestreno con su nuevo aforo en febrero de 2012. Un nuevo espacio amplificado que siguió siendo imán para un torneo como la Copa del Rey. El club azulgrana agrandó su casa y esperó con paciencia hasta que la Final Four dejara de pasar de largo.

La ambición y la dificultad de ganar en casa

Basta colocar en el horizonte aún lejano de la próxima temporada una Final Four en el Buesa Arena para apostar a que el Baskonia tratará de construir un proyecto no solo para alcanzar la clasificación, sino también para ganarla. La entidad azulgrana dispone ahora de la estabilidad económica que le otorga su plaza fija en la Euroliga y su músculo financiero ha mejorado respecto a épocas de estrecheces no tan lejanas.

La designación de la Final Four engorda el bien ganado orgullo que siempre ha mostrado el Baskonia en materia de organización de acontecimientos baloncestísticos. Sin embargo, a buen seguro que también alimentará su ambición deportiva. Solidez económica y buen ojo en la construcción de la plantilla para intentar asaltar un título de la Euroliga que todavía le es esquivo al inquilino del Buesa Arena. Al fin y al cabo, más allá de maldiciones y tópicos, contar con el apoyo del público siempre puede ayudar. No en balde, el único título europeo que luce el Baskonia en su palmarés se logró bajo el manto protector del coliseo azulgrana. Después de dos asaltos fallidos al caer en las finales de 1994 y 1995, el entonces denominado pabellón Araba acogió la siguiente final de la denominada entonces Copa de Europa, con el conjunto vitoriano como terco aspirante y el PAOK de Salónica enfrente. El equipo dirigido por Manel Comas y liderado por Ramón Rivas, Velimir Perasovic y Marcelo Nicola se impuso a la escuadra griega (88-81). El rostro descompuesto del alero argentino levantando el trofeo de campeones es una estampa grabada en el imaginario azulgrana.

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