La figura del entrenador

«Solo me interesa de ellos lo que su grupo de jugadores ofrece en cada partido», afirma

La figura del entrenador
Pepe Laso
PEPE LASO

Te contesto: No, no tengo amistad con entrenadores, no sé cómo son ni cuáles son sus virtudes y defectos para estar en las plantillas de los mejores clubes de la Euroliga. Solo me interesa de ellos lo que su grupo de jugadores ofrece en cada partido. Alguna vez que me he interesado por su forma de actuar, he preguntado a algún jugador fiable.

Un día le pregunté a Marcelo Nicola que cómo era Ettore Messina. Contestó: «Un h. de p. en el campo y un caballero, fuera». ¿No está mal, verdad? Otro buen baloncestista que acabó malamente con Aíto, hablando sobre el asunto, me dijo: «Con él tienes que procurar no ser uno de los dos castigados; si lo consigues, es perfecto». El inolvidable Scola, a la vuelta de competir con Argentina, le dijo a Dusko Ivanovic que se sentía un poco cansado. Acabado el entrenamiento, el montenegrino dio descanso el día siguiente, con excepción de a Luis, que tenía que recuperar el tiempo. Nadie volvió a decir que se sentía cansado.

No hace mucho me encontré con un entrenador de éxito, le gaste la broma de preguntarle si estaba enfadado conmigo por algún comentario. Sonrientemente, me contestó que no leía nada, que ni sabía de mi actividad. ¡Venga, hombre. Siempre hay alguien que te informa de todo! La soledad de los entrenadores les hace desconfiados, herméticos, siempre preocupados por no caer en debilidades.

Insisto, solo los juzgo por cómo actúan sus equipos. Los buenos entrenadores de élite no tiran partidos, compiten todos los días, se quejan muy poco de las lesiones, no hacen valoraciones públicas de intimidades del club, se comen los malos arbitrajes con elegancia, no hablan de «clubes de su vida», juegan cada partido como una final... Son admirables.

Temo sentirme decepcionado si llegara a conocerlos en profundidad. Por ejemplo, admiro a Guardiola, pero me parece ridículo con una urna entre sus manos dando mítines. De lo que no tengo duda es del valor que supone para el equipo. Es más, de sus cabezas salen los enfrentamientos que estamos viendo este año en la Euroliga. El problema es que no son muchos, pues al final lo que les hace diferentes son aspectos ajenos al juego. Su singularidad proviene de una clarividencia emocional que no se enseña en los cursos.

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