La Fiscalía de Georgia estudia la legalidad del convenio entre el Baskonia y su federación

Tras el fichaje de Shengelia por el Baskonia, en 2014, los responsables del baloncesto de Georgia tomaron contacto con el club de Zurbano./ Ricardo del Val
Tras el fichaje de Shengelia por el Baskonia, en 2014, los responsables del baloncesto de Georgia tomaron contacto con el club de Zurbano. / Ricardo del Val

«Estamos muy tranquilos. Es una lucha interna en Georgia ajena a nosotros. Todo se está haciendo correctamente», ha explicado el director general de Saski Baskonia, Jesús Váquez, interrogado por la Fiscalía

Sergio Eguía
SERGIO EGUÍA

La guerra por el control de la federación georgiana de baloncesto ha terminado por salpicar al Baskonia. El convenio formativo entre ambas entidades es un arma arrojadiza entre las familias que pelean por controlar una entidad que maneja cerca de tres millones de euros al año, el 6% del presupuesto total del ministerio de Deportes de la república exsoviética.

La historia no es nueva, la polémica por este acuerdo estalló en 2016, dos años después de su firma. De hecho, una comisión anticorrupción creada por el propio Gobierno de Georgia desestimó las denuncias de irregularidades. Lo que sucede es que La Fiscalía tomó cartas en el asunto, en abril, al llevar el asunto a los tribunales el padre de uno de los chicos que se formó en Vitoria. En cualquier caso, las irregularidades no tienen en principio nada que ver con el club vasco, que ha cumplido con creces con el acuerdo y que planea ampliarlo.

La película se resume de la siguiente manera. En 2014, los responsables del baloncesto en Georgia visitan Vitoria para ver jugar a Toko Shengelia, uno de los mejores jugadores del país, y exponen al Baskonia que su concepción del juego, heredada del comunismo, está desfasada. La entidad de Zurbano se ofrece a ayudar en la modernización de su cantera y surge un acuerdo por el que los caucásicos pagan 300.000 euros al año, durante cinco temporadas, a cambio de que jóvenes promesas entren como becados en la cantera azulgrana. Aparentemente todos contentos.

Pero en 2016 dos vicepresidentes abandonan por sorpresa la federación. Dimiten indignados por el «despilfarro» que supone este acuerdo. Uno de ellos es Kakha Shengelia, el padre de Tornike, y uno de los muñidores del pacto. El cisma, según explican diversas fuentes, es un realidad un pulso por el control del basket georgiano. Los díscolos usan el acuerdo para acusar de corrupción a los dirigentes y exigen elecciones. Nunca van a los tribunales.

El pasado diciembre se celebraron las elecciones. El presidente salió reelegido y el tema se olvidó. Hasta ahora. El padre de uno de los jugadores contrata a un conocido abogado de Tiblisi y reactivan el caso. Por el momento, la Fiscalía ha interrogado a una docena de personas, entre ellas a Jesús Vázquez, director general de Saski Baskonia. «Estamos muy tranquilos. Es una lucha interna en Georgia ajena a nosotros. Todo se está haciendo correctamente», afirma.

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