Es la guerra

Jayson Granger pelea con Rodri Beaubois por entrar a canasta en el entrenamiento matinal de ayer en la cancha anexa del Gran Canaria Arena. / Baskonia

El Baskonia, ya maduro y reconocible, busca un puesto en las semifinales frente a un Barcelona que quiere ser más duro bajo la consigna de Pesic

CARLOS PÉREZ DE ARRILUCEAEnviado especial. Gran Canaria

Se trata de un plato fuerte para empezar. El Baskonia salta esta noche a la arena de la Copa del Rey para afrontar un choque contra el Barcelona de pronóstico incierto. Conviene dejar de lado los precedentes entre ambos equipos durante la presente temporada, las dos últimas victorias logradas por los vitorianos en el Buesa Arena, la primera con una remontada estéril de los catalanes y la segunda con un dominio insultante de los anfitriones. Aquel último acto, registrado hace casi dos semanas, fue la sentencia para Sito Alonso, el mazazo previo a su destitución. El Barça quiere volver a empezar con Svetislav Pesic. Es la misma historia que decidió recomenzar el club vitoriano tras la renuncia de Pablo Prigioni y la llegada de Pedro Martínez. Tan solo bailan las fechas en el calendario. El argentino tiró la toalla cuando aún era pronto.

Mientras, la entidad blaugrana ha esperado hasta casi la desintegración total del equipo. Poco importa ahora, en un torneo imprevisible como la Copa del Rey. En la sede de la competición, nadie espera a un Baskonia listo para paseos militares ni a un Barcelona entregado y mustio. Los vitorianos son un equipo maduro y reconocible, con sus recursos y sus normas ya asentadas. El Barcelona, por su parte, se encuentra en la fase inicial de su rehabilitación, donde cuenta lo emocional. Los catalanes quieren ser, sobre todo, un equipo más duro y sacrificado, con un ideas más simples y un mensaje general de no rendición.

Lo cercano de la llegada de Pesic al club catalán amenaza con mediatizar la serie, tal vez, en exceso. Inteligente como pocos, el serbio sabe que entre sus funciones también está la de terapeuta. De esta forma, atrae los focos hacia su persona, se autoproclama líder y, sin dejar en paz ese chicle que nunca para de mascar, libera a los jugadores blaugranas de toda presión. Pesic recuerda la ronquera que ahora le ataca tras unas jornadas de entrenamientos intensivos y reparto continuo de consignas. Mientras, el Baskonia toma nota. Del nuevo Barcelona tan solo hay una referencia en cancha, la del soberano repaso al Bilbao Basket en la pasada jornada liguera. A pesar de que el serbio llevara escasos días en el cargo, desde las filas vitorianas ya se detectaron cambios; algún sistema novedoso de ataque y otros ajustes defensivos, la parcela en cuyas correcciones, a buen seguro, más voz gastó Pesic.

El rival, una incógnita

El Baskonia se juega el pase a las semifinales contra un rival convertido en una incógnita. El mero cambio de entrenador ha permitido liberar la mente a gran parte de los jugadores del Barcelona. Hay una ilusión renovada en la escuadra culé, también consciente de que la Copa del Rey puede ser la plataforma desde la que impulsar un proyecto hasta ahora sin rumbo. Mientras, en las filas vitorianas la ilusión se mezcla con el hambre. El torneo del k.o tiende a ser traicionero, pero el Baskonia ni puede ni quiere disimular que ha aterrizado en Gran Canaria para llevarse un título que no alza desde 2009. La precaución es máxima ante la entidad del rival en cuartos, pero cunde la sensación de que, si se supera el primer escollo, el camino hacia la final puede ser abordable en un lado del cuadro que se comparte con el Gran Canaria y el Fuenlabrada.

Pero el examen inicial promete problemas para el Baskonia. Si Pesic ha logrado avanzar en su decálogo, es más que previsible que el Barcelona eleve al máximo de su capacidad el nivel de intensidad física para convertir el choque en un campo minado. Al fin y al cabo, dispone de plantilla para hacerlo. La ausencia del lesionado Kevin Seraphin disminuye el poderío interior. Por el contrario, el cuadro blaugrana recupera a Pau Ribas y Rakim Sanders respecto último duelo disputado en Vitoria. Son dos piezas más al puzzle.

Hay potencial y músculo suficientes en el Barcelona para elevar el nivel de agresividad hasta parámetros similares a los de cualquier duelo de Euroliga. En este punto, el arbitraje y su criterio en los contactos jugarán su papel, como siempre sucede en un duelo de alta tensión como una eliminatoria copera.

A lo largo de la temporada, ha quedado demostrado que el Baskonia puede sufrir ante ciertos niveles defensivos impuestos por rivales superiores en rotación y agresividad. Los vitorianos viven a gusto en el dinamismo del pase, labran su confianza cuando el juego se convierte en una labor de todos. Su líder es Tornike Shengelia, pero las victorias de mayor mérito a lo largo de esta campaña se han cincelado en común.

«Es lo que hay»

Llegados a la primera gran cita de la temporada, el Baskonia no engaña a nadie. Sus biorritmos son reconocibles y también sus flancos débiles; desde la inestabilidad en el puesto de base hasta el hecho de contar con un inmaduro Rinalds Malmanis como segundo ala-pívot. Como dijo en su día el capitán azulgrana tras la marcha de Kevin Jones, «es lo que hay». Y todo indica que la resolución a los desequilibrios del cuadro vitoriano sigue estando dentro de la propia plantilla y en manos de Pedro Martínez y sus técnicos asistentes.

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