la lucha por las ideas

JUANJO BRIZUELA

Ayer volvió a salir el sol, Pablo. Aunque el negro de la noche y de tus emociones invadieran tu razón, siempre sale un claro al día siguiente. Es a lo que nos agarramos los que intentemos ir por la vida con la ‘O’ de optimismo lo más cerca posible de nuestras creencias.

Lo siento, Pablo. No sabes cuánto lo siento. Recientemente comenté con otro amigo entrenador sobre la dureza de la profesión de técnico de un equipo de baloncesto, sobre la soledad del entrenador en la derrota y también en la victoria. Pero también la increíble dosis de adrenalina, pasión e ilusión que tenemos cada vez que pisamos la cancha con un balón en una mano, en la otra el entrenamiento preparado y diseñado al detalle para ese día y en la cabeza las ideas claras de lo que hay que hacer, lo que hay que corregir y todo lo que hemos de hacer para convencer a los jugadores de nuestra propuesta, para que la ejecuten tan bien como unas horas antes hemos imaginado en nuestra memoria.

La dictadura de los resultados se sienta con nosotros siempre a nuestro lado en el banquillo. Ésa que te dice ‘sí, sí… ¿pero vamos a ganar?’ y a la que tú le miras con suficiente convicción; la que te lanza eso de que hay detalles que se puedan escapar, y a la que respondes con contundencia que las ideas, tus ideas, son las más convenientes y convincentes para ganar.

Son esas ideas que nos vienen a la cabeza desde que éramos jugadores y que nos convencían tanto. Son esas ideas que apuntábamos en una servilleta de papel cuando veíamos jugar a cualquier otro equipo. Son esas ideas que nos grabamos en el móvil después de una charla con otros entrenadores. Son esas ideas sobre las que construíamos el ‘cuando sea entrenador vamos a hacerlo así y vamos a jugar así’. Son esas ideas que la primera semana de entrenamiento se comenzaron a poner en práctica en la cancha, en cada charla, en cada viaje y en cada café cortado en un momento de descanso: ‘yo creo en esto y vamos a ponerlo en práctica’.

Pero nuestra condición humana es siempre una lucha entre lo que creemos y la realidad, los resultados. A veces van de la mano pero en otras ocasiones chocan de frente y de qué manera. El resultado siempre sale ganando aun siendo conscientes de que muchas veces el resultado no hace justicia sobre lo que ha pasado en realidad, tanto en la derrota como en la victoria. Porque en vez de mirar al marcador estamos constantemente preguntándonos sobre el ‘por qué’ y sobre el ‘cómo’ sucede lo que sucede, que son precisamente esas ideas que pusimos sobre la mesa cuando nos declaramos entrenadores.

Hay mucha madera para ser entrenador, Pablo. Y de la buena. Y hay también mucho tiempo para seguir siendo y demostrando poder ser un gran entrenador. Tu salida abrupta quizá sea porque no quieres permitirte contradecirte a ti mismo. Los resultados han sido duros, sí. Pero lo es más tratar de encontrar respuestas a los ‘por qués’ y a los ‘cómos’, y aquí tus ideas han pesado más. Sinceramente. eso te honra y será un aprendizaje que valdrá posiblemente desde hoy y para el futuro.

Nos queda un café por tomar, Pablo. De esos que se quedan fríos porque dibujamos sobre el mantel esquemas de juego, formas de entrenar, métodos para gestionar el grupo, situaciones que pueden ocurrir y las soluciones posibles. Pero desde ya te digo que algún día, y seguro que más pronto que tarde, las ideas acabarán por ganar a los resultados.

¡Gracias coach!

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