Malabarismos en la cuerda floja del Buesa

Shengelia y Huertas, dos de los pesos pesados de la plantilla baskonista, conversan durante la sesión de entrenamiento que el equipo vitoriano realizó en la mañana de ayer en el Buesa Arena. /Rafa Gutiérrez
Shengelia y Huertas, dos de los pesos pesados de la plantilla baskonista, conversan durante la sesión de entrenamiento que el equipo vitoriano realizó en la mañana de ayer en el Buesa Arena. / Rafa Gutiérrez

El Baskonia lucha por mantener viva la serie final ante un Real Madrid dispuesto a sentenciar

Carlos Pérez de Arrilucea
CARLOS PÉREZ DE ARRILUCEA

El 'play off' final que arrancó con un primer golpe certero se ha convertido en una lucha por la supervivencia. Tres duelos después, el Kirolbet Baskonia es ahora un aspirante acorralado por el Real Madrid, con un 2-1 en contra y la obligación de salir de las cuerdas esta noche para forzar un quinto choque en territorio hostil. Pase lo que pase, el de hoy será el último partido de la temporada en el que pelearán juntos el conjunto vitoriano y su afición. La comunión de equipo y grada fue soberbia durante el tercer encuentro de la serie disputado anteayer. La entidad de Zurbano confía en poder acercarse de nuevo al lleno dominical, aunque el hecho de que sea jornada laboral y lo intempestivo del horario puede que resten aficionados. Será la última gran noche del curso en el coliseo azulgrana. Si los hombres deben disputar un partido más, será en el Wizink Center madrileño el próximo viernes.

El Buesa Arena vibró durante el tercer encuentro de la eliminatoria como no lo había hecho en los últimos tiempos. El ambiente arropó al Baskonia, pero también quedó demostrado que hay que poner algo más en lo baloncestístico para doblegar al Real Madrid. Los azulgranas volvieron a vaciar su depósito de entrega, pero fallaron la precisión y el temple en los tres minutos y medio finales, cuando se acabó la pólvora en ataque y las precipitaciones gangrenaron el juego vitoriano. Exceso de ansiedad o agotamiento. Fuera cual fuera, veneno mortal.

La derrota en el tercer encuentro supuso, de paso, un golpe psicológico para el Kirolbet del que tendrá que estar recuperado cuando esta noche vuelva a saltar al parqué del Buesa Arena. La batalla es ahora por la supervivencia, un pulso por evitar que el Real Madrid sume su tercera victoria y certifique el título liguero dentro de los muros de la fortaleza azulgrana.

Voigtmann, la incertidumbre

El conjunto vitoriano compite por mantener viva la serie y forzar un quinto partido. Lo hace con la incertidumbre sobre el estado físico de Johannes Voigtmann, de cuerpo presente en el tercer choque a pesar de su esguince de tobillo, solo con capacidad para echar un cable a sus compañeros. El alemán fue clave en el partido inaugural de la serie a la hora de sacar a Walter Tavares de su zona de influencia y su lesión de tobillo también parece que ha hecho cambiar el viento del 'play off', que ahora sopla contra los intereses del Kirolbet. Los problemas físicos de Voigtmann merman aún más una rotación ya de por sí reducida ante la falta de protagonismo de Jayson Granger o los vaivenes de rendimiento de algunos jugadores. Tornike Shengelia trata de subirse al tren de una final en la que no acaba de encontrar encaje. El esguince de tobillo del alemán y el bache del capitán rescatan el debate sobre la conveniencia de un segundo ala-pívot, descartada en su día por el club azulgrana tras dejar marchar a Kevin Jones.

El georgiano también es de los que sufre el asedio madridista, incomodado de inicio por Felipe Reyes, castigado más tarde atrás por el acierto de Trey Thompkins y después sepultado por piezas como Gustavo Ayón o Walter Tavares, que lo ajustició con un tapón aplastante en el minuto final del tercer partido. Su calvario se asemeja al que atraviesan muchos de sus compañeros. Es el peaje obligado cuando se debe plantar cara a un Real Madrid que ha alcanzado la final ACB sin sensación de verse saciado tras su título de la Euroliga. La maquinaria blanca parece trabajar de memoria, capaz de controlar a tiempo cada cortocircuito y dispuesta a forzar el motor hasta que el contrincante azulgrana siente el desfallecimiento. La serie final se plantea como un duelo entre dos equipos de clara vocación ofensiva. Ambos conjuntos tienden a resolver sus momentos de zozobra a través de la iniciativa en ataque. No hay versiones conservadoras de los dos duelistas ni contemporización cuando se abre alguna brecha en el marcador.

Solidez y genialidad

El Baskonia no ha traicionado el estilo que le ha llevado hasta su primera final en ocho años. Eso sí, ante el Real Madrid su dependencia del triple es más marcada, quizás porque bajo los aros sufre para que su anotación respire de forma constante y porque hay un muro que vigila Walter Tavares. Poirier es, a día de hoy, su principal foco de puntos en la pintura, pero también sufre, sin dar un paso atrás, la contundencia del caboverdiano. Con Vildoza convertido en base de referencia, el Baskonia experimenta una nueva mutación de jerarquías. El estilo tempestuoso del argentino eleva la cadencia azulgrana y también su agresividad. Aun así, el Baskonia tiene que sumar todas las fuerzas posibles para cruzar con éxito la cuerda floja tendida en el Buesa Arena. Es la misma que mueve el Real Madrid con las peores intenciones; las de provocar una caída que le lleve a la lluvia de confeti sobre el parqué del coliseo. El Kirolbet tendrá que aunar la seriedad y la solidez obligadas con la genialidad del funambulista.

Las claves

Factor emocional
Será el último duelo de la temporada en el que el equipo azulgrana y su afición pelearán juntos
Temperamento
El Kirobet debe recuperarse del golpe psicológico que supuso la última derrota

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos