
El Baskonia suma y sigue. Tres de tres en este intenso arranque de la Liga ACB, un pleno más que solvente a la espera de abrir el jueves el frente europeo en la cancha del Lottomatica Roma. De nuevo por tierras mediterráneas, el plantel vitoriano se dio ayer un baño de lo más plácido ante un Meridiano Alicante de vuelta al torneo, pero que en la tercera jornada ya parece transitar por latitudes tormentosas. Apenas un temblor produjo en el Caja Laboral un rival muy justo de alma y al que despachó con la lógica de quien es y se sabe más fuerte. Si en la cima de la tabla se habla de competición bipolar con el equipo alavés dispuesto a rebatir las gigantescas apuestas del Real Madrid y el Barcelona, varios escalones más abajo las diferencias se agudizan todavía más. ¿Hacia una competición sin clase media? Ese parece el destino del torneo doméstico.
Un gesto de autoridad del Baskonia en el segundo cuarto y un tímido conato de rebelión alicantina entre el tramo final del tercero y el arranque del último resumen un duelo que, en pocas fechas, terminará en el más absoluto olvido dado el apretado calendario azulgrana. El triunfo alimenta el casillero vitoriano, pero también abunda en la constatación de que los engranajes de este Baskonia renovado y con varios jugadores a diferentes velocidades tras superar sus lesiones aún precisan de horas interminables de trabajo en la secreta intimidad de la cancha de entrenamiento del Buesa Arena. De momento, el Caja Laboral se aplica a la tarea con la sonrisa de quien mejora sumando, pero con el ceño plegado de responsabilidad por la obligación de mejora.
Del bostezo al rugido
Y en el primer apartado de asignaturas pendientes figura la corrección de su intermitencia, un mal que ataca a equipos de todo pelaje a estas alturas del calendario. El Baskonia pasó del bostezo del primer cuarto al rugido del segundo. Arrancó con una defensa de tuercas sueltas, dio alas al Meridiano Alicante durante los diez minutos iniciales y después se las cortó de cuajo con un golpe de autoridad demoledor.
Sucede muchas veces en las matinales ACB. El cuerpo no responde al horario y el calentamiento de cada equipo se asemeja a un desayuno en familia. La escuadra de Ivanovic vivió de inicio de la anotación de Pau Ribas y Tiago Splitter, pero sin poder cortar los desajustes atrás que poducía un 'cuatro' móvil como Mindaugas Katelynas. El plantel alicantino incluso logró despegarse en el marcador con un parcial de 7-0 (18-13, minuto 9), inmediatamente respondido por el Baskonia con idéntico guarismo.
Dusko Ivanovic movió su banquillo, plantó a Barac en la zona y activó el microondas de Marcelinho Huertas para pasar a la acción en el arranque del segundo cuarto. Fuera legañas y palanca a plena potencia. De la mano del base paulista, el Baskonia facturó un primer parcial de 0-12 (25-35, minuto 15), mientras el Alicante insistía en la baza de Mario Austin, con tanto oficio y calidad como kilos de más. Una canasta del orondo pívot estadounidense hizo de preludio a una nueva bofetada azulgrana. Otro parcial de 0-12 (27-47, minuto 19) y una renta en la mochila que parecía suficiente para cerrar la mañana sin demasiados problemas.
Aceleración
El plantel vitoriano echó más sal a la herida tras el descanso. Abrió brecha hasta los 19 puntos de ventaja (34-53, minuto 25) antes de verse tentado por la benevolencia. Ausente por completo del encuentro hasta ese momento, Mario Stojic emergió de la más absoluta oscuridad para liderar el conato de reacción local. Una llovizna de cuatro triples a caballo entre el final del tercer cuarto y el inicio del último propició el acercamiento (51-60, minuto 32).
El apagón atenazó a la tropa de Ivanovic, aunque en esta ocasión el flujo de corriente se reestrableció sin demasiadas complicaciones. Mirza Teletovic ejerció de 'manitas' y cercenó el despertar alicantino con uno de esos triples facturados desde la lejanía de los ocho metros y con su marcador casi colgado del brazo. El Centro de Tecnificación de Alicante quedó mudo ante el obús del bosnio, que terminó por convencer a la escuadra de Óscar Quintana de que la mañana no daba para imposibles.
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