
La Euroliga va camino de convertirse en un territorio donde el Baskonia tantea sus propias fronteras actuales como equipo. Y en la prospección, descubre sus posibilidades, pero también la angustia de saberse aún inmaduro. El traje que le ajusta sin problemas con alguna apretura y más de una puntada suelta en la ACB le ahoga por momentos en la máxima competición continental. Al menos, la escuadra de Ivanovic supo reaccionar ayer al sopapo propinado por el Lottomatica hace una semana con un triunfo agónico ante un Maccabi también en proceso de ensamblaje de una plantilla de categoría. Si en Roma fue un equipo pesaroso e impreciso hasta la desesperación, el Caja Laboral mostró ante la escuadra hebrea una gama de recursos muy superior.
Eso sí, el sufrimiento sigue siendo su compañero de viaje. Sus biorritmos pasan del ritmo más desbocado a la cadencia más parsimoniosa. Después de una primera parte notable en la que zarandeó sin piedad al Maccabi, el plantel vitoriano se sumergió en un progresivo decaimiento a lo largo del tercer cuarto y el arranque del último. De los catorce puntos de renta al filo del descanso (55-41, minuto 20) a sentir la sombra de la remontada cuando el Maccabi se adelantó por cuatro puntos en el minuto 33 (69-73).
Justo cuando los nervios comenzaban a atenazar al Baskonia, Marcelinho Huertas tiró por la calle de en medio con ese carácter descarado de dinamitador. Dos triples suyos lanzados con una convicción casi temeraria frenaron la caída baskonista en el tramo final (76-75, minuto 36) para abrir un capítulo agónico que el plantel vitoriano y su sufrida afición jugaron con el corazón en la mano.
Ardor defensivo
En última instancia, el Caja Laboral puso el suficiente ardor en defensa para rematar a un Maccabi demasiado dubitativo y muy justo de fe en la victoria. Dusko Ivanovic volvió a situar a Pau Ribas como escolta en los minutos finales y se encomendó al poderío interior de Tiago Splitter. Entre una niebla de errores, los vitorianos hallaron la suficiente clarividencia para inclinar la balanza a su favor. Dos canastas consecutivas de San Emeterio y Splitter (84-79) y una posterior falta en ataque de Alan Anderson a falta de poco más de un minuto pusieron a salvo el triunfo para el Baskonia, que abre su cuenta continental.
Era la respuesta necesaria después del varapalo en el Palattomatica La primera fase de la Euroliga acostumbra a ser benévola con los tropiezos hasta límites que van más allá de la lógica, pero ver el casillero de su equipo con dos derrotas en el arranque no es algo a lo que esté acostumbrada la parroquia azulgrana en las últimas temporadas. Amarrado el primer triunfo el primer duelo continental en casa sirvió para observar a un Baskonia con una mayor gama de colores. Los dos primeros cuartos fueron escenario para una serie de monólogos antológicos de varios solistas acreditados de la orquesta azulgrana.
Tras un inicio titubeante (0-8, minuto 2), Tiago Splitter se marcó una soberbia filigrana estadística con 13 puntos en los diez primeros minutos. Con el luminoso en tablas (25-25), Brad Oleson tomó el mando con dos triples consecutivos (31-25, minuto 21) y unos pocos minutos de calidad en los que mostró su marcado sentido del juego colectivo hasta que le duró la mecha del aguante físico. Si el tobillo se lo permite, su progresiva incorporación dará riqueza al juego ofensivo azulgrana, que aún tiende en demasiadas ocasiones al galimatías.
Momento dulce
Tras el escolta de Alaska, llegó la irrupción más esperada. Lior Eliyahu se plantó ante su ex equipo, el símbolo deportivo de su tierra natal, y reclamó la atención de los focos. Firmó 12 puntos en casi siete minutos, abanderó el despegue con un destello cegador. El Caja Laboral vivió su momento más dulce del choque, el mismo que le permitió convertir al Maccabi en una figura minúscula en su retrovisor con un parcial de 30-19 en el segundo cuarto. Hasta que la intermitencia de un tercer cuarto sin brújula, el acierto triplista de Bluthenthal y la calidad de Eidson provocaron un incendio que el Baskonia supu sofocar a tiempo.
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