
Forjar jóvenes valores para verlos marchar cuando despuntan. Y luego, vuelta a empezar. 'Pepu' Hernández vive como entrenador del Joventut en un hábitat casi idéntico al que respiró en el Estudiantes, su hogar deportivo y emocional. Gestionó de forma genial el éxito de la selección española en el Mundial de Japón, pero su vocación reside en enseñar a los que no saben y desean aprender. Hoy visita el Buesa Arena con un conjunto verdinegro que es una mezcolanza de talento naciente y veteranía. Y siempre tiene un razonamiento para lo que se cuece en el deporte de la canasta. «Si no trabajamos para el futuro puede que se agote nuestro baloncesto».
-De héroe en Saitama a entrenador de a pie. ¿Qué ha ganado y qué ha perdido en el cambio?
-Siempre se gana experiencia, pero nada más. Trato de seguir siendo fiel a un estilo, estar al día y ayudar a mi equipo y a mi club.
-¿Temió quedarse fuera de la rueda después del éxito?
-Ese peligro siempre existe. Pero las cosas han ido saliendo bien tras cada decisión que he ido tomando. El nuestro es un mundo competitivo y a veces caprichoso. Puedes ser un magnífico entrenador y no encontrar acomodo en ningún club.
-En Badalona también hay patios repletos de canastas, como los hay en el Ramiro. ¿Se siente como en casa?
-Sí. Hay una mentalidad y una filosofía que, en muchas cosas, son parejas entre estos dos clubes. Siempre es mejor tener la posibilidad de vivir esa doble vía de generar nuevas promesas, tratándolas de subir al primer equipo, y la de la competición y la máxima exigencia independientemente de la edad y la procedencia de los jugadores.
En ley concursal
-¿También son dos modelos en crisis? En el caso del DKV Joventut y el Estudiantes hablamos de dos clubes en ley concursal.
-Estamos en un mundo muy competitivo donde sobreviven los más fuertes. Es un poco injusto que los problemas económicos se ceben con los clubes que con más voluntad trabajan la cantera. Pero hay que acostumbrarse. Creo que la supervivencia de una gran parte del baloncesto nacional está en los clubes que apuestan por la cantera. No trabajamos por lo inmediato sino con más largo recorrido. Eso es imprescindible. Si no se trabaja para el futuro es posible que llegue un momento en que se agote nuestro baloncesto.
-Con el club endeudado hasta las cejas, ¿cómo se gestiona un vestuario en el que quizás las nóminas no siempre llegan a la hora?
-Se trata por todos los medios de estabilizar lo deportivo cuando surgen problemas en lo económico. Hay que hacer que los jugadores se comprometan en una idea más allá de lo meramente crematístico.
-Y a pesar de todo, la 'Penya' funciona. A un paso de amarrar la Copa del Rey. ¿Ha encontrado el equilibrio entre promesas y veteranos?
-La verdad es que podemos estar aceptablemente contentos, aunque también tenemos objetivos a largo plazo. No sólo es importante lo que hagas en el próximo mes.
-¿Y le pueden sorprender a este Baskonia en plena reconversión?
-Es muy difícil meter mano a un equipo tan físico y competitivo en una cancha como la de Vitoria. Pero no vamos a llegar ya derrotados y sí vamos a poner mucho trabajo. Dentro de nuestra humildad, trataremos de oponer la mayor resistencia y quizás podamos llevarnos un premio si salen las cosas bien.
Trasvase
-En plena campaña, Ingles marcha del Granada al Barcelona y Batista del Fuenlabrada a Vitoria. ¿Qué le parece el trasvase?
-Son las diferencias que hay entre un escogido grupo de equipos con capacidad para rehacer la plantilla sobre la marcha y otros que tenemos que apañarnos con lo que tenemos. Y si sufrimos alguna lesión nos tenemos que fastidiar.
-Hizo debutar a Albert Homs, la joya de la generación del 94. ¿Hay que ser valiente para confiar en los más jóvenes?
-No. No somos los entrenadores sino los jugadores los que se imponen con su trabajo diario y con sus ganas de estar. Cuando el jugador joven se lo merece, salen las cosas con naturalidad. Es un detalle que tanto Albert como Llovet hayan debutado, pero lo importante será cuál es su recorrido de futuro y cuántas ocasiones más tendrán de estar en la cancha, que también es muy complicado en una Liga tan dura como la ACB.
-¿El entrenador en la élite puede ser también formador o aquí se cobra por ganar partidos?
-Me imagino que hay estilos y mentalidades de todo tipo. Pero creo que el entrenador que va por objetivos inmediatos y de semana a semana también está formando personalidades y hombres competitivos. Quizás yo tenga otro tipo de pensamiento; sí es importante la semana, pero también el medio y el largo plazo, que también es una manera de que el jugador se forme.
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