
Cuando avanzada la tarde del pasado sábado, el Gran Canaria tumbaba al Unicaja con un escuálido marcador de 60-49, la afición del Centro Insular de Deportes recuperó una sensación que parecía vedada desde el inicio de temporada; tumbar a un gigante de la ACB y recuperar la épica de una cancha hermética, temida por los grandes transatlánticos. Un triunfo de prestigio como arranque de la segunda vuelta liguera antes de hacer las maletas hacia Vitoria para medirse este domingo al Baskonia en la reapertura del Buesa Arena.
Lo cierto es que contemplar al Gran Canaria a dos victorias de la zona de 'play off' y a tres del descenso parece una incongruencia para un equipo acostumbrado a fajarse con los más acaudalados en las últimas temporadas. El mismo plantel insular que ha disputado cinco de las últimas ediciones de la Copa del Rey tendrá que contemplar la próxima cita en Barcelona a través de la televisión. Un revés doloroso para un plantel siempre orgulloso de portar la vitola de matagigantes, la misma que desempolvó el sábado ante los malagueños por primera vez desde el inicio de curso. No en balde, tanto el Baskonia como el Real Madrid salieron vivos de la 'Roca' isleña en la primera vuelta.
El bajo marcador registrado ante el plantel andaluz da indicios de la estrategia de trincheras que se ve obligado a aplicar el conjunto canario. La escuadra de Pedro Martínez se agarra a la tabla de la defensa como un náufrago que sabe que sus recursos ofensivos están contados.
Reducción presupuestaria
El mismo club que se vio obligado a decir adiós a una metralleta anotadora como Jaycee Carroll y a una dinamo productiva de la talla de Charles Judson Wallace ha descubierto que no es infalible a la hora de reponer a las estrellas que abandonan la isla. Y eso que su grado de acierto en las últimas temporadas es notable. Sin embargo, ningún movimiento parece haber funcionado desde el pasado verano en un club que vio reducido en un millón de euros su presupuesto para quedar en un montante total de cerca de cuatro.
La necesidad de cubrir el puesto de referente ofensivo en el perímetro dejado por Carroll llevó a la secretaría técnica a apostar fuerte este pasado verano. Al calor del cierre patronal de la NBA, contrató al alero Rasual Butler, un reclutamiento que parecía destinado solo a los más poderosos. Un fichaje casi de cuento de hadas, resuelto con la inestimable ayuda del base Taurean Green, que terció en las negociaciones para convencer al felino jugador estadounidense.
Pero parecía demasiado bonito para ser verdad. Butler aterrizó en la pretemporada e hizo las maletas pocos días antes de arrancar la competición. La inadaptación pasó un peaje demasiado caro en un «fichaje de riesgo», según definió Pedro Martínez. El Gran Canaria perdió a su gran baza y la ACB a un jugador que podría haber sido una atracción esta temporada. De Butler apenas quedó alguna que otra exhibición en amistosos de preparación. Uno de ellos contra el Baskonia en Lanzarote, donde dejó patente su clase días antes de su marcha.
Sin Butler, los planes del Gran Canaria debieron ser reconsiderados. Entre las nuevas nóminas se encontraba el escolta Marquez Haynes, que ahora lleva como puede la cruz de las comparaciones con Carroll, a pesar de promediar 12 puntos por partido. Ya iniciada la temporada, el rosario de lesiones atenazó al plantel canario; con Sitaphá Savané tocado del tendón de Aquiles y Green fuera de juego debido a la fractura de un dedo del pie. De aquellos golpes en dos puestos cruciales como el de base y el de pívot, a la desastrosa racha del equipo de Pedro Martínez en el inicio de Liga ACB, con un balance de cinco derrotas en las primeras seis jornadas que casi le hicieron despedirse del objetivo copero.
En busca de la reacción, el Gran Canaria volvió al mercado a primeros de diciembre. Contrató al 'tres' Alando Tucker para verse obligado a rescindir su contrato a finales de enero. Y entre tanta apuesta baldía, un equipo de difícil carburación, sostenido al timón por los jóvenes Tomás Bellas y Óscar Alvarado, mientras Green se sume en el anonimato, con Bramos y Beirán que ponen el espíritu bregador en el perímetro y el poder interior de Xavi Rey, Spencer Nelson y un recuperado Savané.
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