
Tocaba afrontar la última curva antes de encarar la recta hacia la Copa del Rey y al Baskonia no se le ocurrió otra cosa que abrazarse a la cuneta. Un derrape absoluto y un golpe contundente antes de la cita magna. El motor gripado y el navegador sin coordenadas ni rutas alternativas para salir indemne de una matinal complicada como la que se presentó ayer en Santiago de Compostela. ¿Accidente? Quizás para quien quiera aferrarse al resultadismo y conformarse con aquello de que el Caja Laboral sigue tercero en la clasificación ACB. Pero puede que haya lecturas mucho más preocupantes.
Porque el Caja Laboral cayó ayer con toda justicia en la cancha del Obradoiro presa de sus propios males y de un rival que le ganó no solo por fe y convicción sino por pura aplicación baloncestística; la misma que busca el máximo rendimiento a partir de las piezas disponibles. En lo que toca al Baskonia, no parece que tal aplicación exista; gana o pierde de la misma manera y los problemas se sedimentan sin opción aparente de rectificación. Lleva tiempo renunciando no solo a la brillantez sino racionando la seriedad, la misma que suele llevar a buen puerto en veladas que se tuercen como la de ayer en el pabellón Fontes do Sar.
La derrota ante el Obradoiro deja una fea herida en el costado baskonista antes de girar la mirada hacia el Palau Sant Jordi. No solo por el resultado sino, sobre todo, por las formas y por la insufrible sensación de que las ideas se agotan en el seno de un equipo sin cintura y que reproduce una y otra vez un patrón de juego gastado.
Sin ánimo de rectificar
En la matinal en la que Maciej Lampe captaba la atención de los focos, el pívot polaco terminó como testigo paciente desde el banquillo sin opción al debut y el Baskonia abrió un nuevo camino en su exploración del juego sin pívots. Renunciar desde mediado el último cuarto hasta el final de la prórroga a Milko Bjelica y Golubovic, más que correcto en el descanso, no parece ser un lujo recomendable para este Caja Laboral. A partir de ahí, la retahíla habitual de desequilibrios; abuso del lanzamientos triples, llevado ayer hasta el extremo, incapacidad para dañar al oponente cerca del aro y conversión de los pívots rivales poco menos que en 'All Stars'. Del control de la primera parte, en la que el Baskonia vivió del acierto hasta el descanso (28-38) a la pérdida progresiva de papeles en el tercer cuarto y la sangría manifiesta en el último y en el tiempo extra. Un guión ya conocido, un parte de problemas y achaques que parecen crónicos por mucho que Lampe se presente como una promesa de esperanza. ¿Tiene cura este Baskonia?
Prórroga regalada
El choque fue un compendio de sinsentidos por parte azulgrana, condensados especialmente en una prórroga forzada por un triple de Teletovic (72-72), pero también regalada por el Obradoiro tras los dos tiros libres errados por Palacio a quince segundos del final del tiempo reglamentario y por la posterior decisión del banquillo gallego de no cometer una falta en la posesión que terminó con el obus del bosnio. La canasta fuera de tiempo de Lasme, anulada por el trío arbitral tras revisar la acción con el 'instant replay', llevó a una prórroga que sabía a indulto para el Baskonia.
El conjunto azulgrana tenía una nueva oportunidad para la rectificación, pero no quiso ganarse semejante medida de gracia. Por contra, perpetró cinco minutos pesarosos en los que se encomendó en exclusiva al acierto de Teletovic y San Emeterio. Y no deja de ser irónico que, tras la pólvora gastada por el bosnio y el cántabro, el tiro decisivo en el último segundo cayera en manos de Brad Oleson, el mismo que se llevó un tapón final por parte de Corbacho que otorgó el triunfo al Obradoiro. La del escolta de Alaska era una opción casi rifada, resuelta cuando tan solo restaban seis segundos después de que Bernard Hopkins clavara desde la línea de tiros libres un 89-87 que sería definitivo.
Pero antes, la capacidad del Baskonia para dar vida a su rival no tuvo límites. En cinco minutos, se permitió el lujo de conceder la friolera de diez tiros libres, los mismos que la escuadra gallega supo materializar. Imposible ver una defensa baskonista sin falta, con una mano o un movimiento lateral siempre a destiempo, con un desajuste generalizado y una descompensación de altura manifiesta ante la tenaz decisión de Ivanovic de morir con Teletovic y Nemanja Bjelica como pareja interior.
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