CARLOS PÉREZ DE ARRILUCEA ENVIADO ESPECIAL | MADRID..-
Sin equilibrio no hay felicidad. El Baskonia perdió ayer ese ingrediente vital que le ha convertido en un equipo respetado y temido y que ha disparado sus posibilidades en los 'play off' por el título de la Liga ACB. De la versión coral y la solidez a un panorama desdibujado y con demasiadas grietas. El 'efecto boomerang' se hizo sentir en la serie de semifinal. Tras asestar el golpe en el duelo inicial, el Caja Laboral se vio abofeteado por un Real Madrid rehecho y de nuevo cercano a su versión de energía desbordante que le ha caracterizado en sus mejores momentos de la temporada.
Nada insólito, por otra parte, cuando se trata de una serie de semifinales al mejor de cinco encuentros, donde se lleva la guerra de desgaste y no hay más estrategia que imponer el estilo a costa de anular el del rival. El Real Madrid hizo valer ayer el suyo de la misma forma que el Caja Laboral lo hizo en el duelo inaugural. Eso sí, los hombres de Ivanovic volvieron anoche a Vitoria con un botín nada despreciable. La serie marca un 1-1 que mantiene la ventaja de campo a favor de los vitorianos. Ahora, la refliega se traslada al Buesa Arena. El Baskonia vuelve a casa, de nuevo bajo el manto protector de una afición que, a buen seguro, se movilizará para sacar adelante una eliminatoria que, a pesar del tropiezo de ayer, sigue estando de cara para los intereses azulgranas.
Pero más vale que el Baskonia extraiga algunas lecciones del segundo asalto de ayer. Para un equipo que tanto ha sufrido para mejorar a lo largo de la temporada seguro que no le costará aprender un poco más. El duelo de ayer le sirvió al conjunto de Ivanovic para interiorizar que necesita de su versión más altruista, de su perfil colectivo más generoso para ser un bloque fiable y consistente, tal y como fue en los cuartos y en el duelo que abrió esta serie.
Contrapunto exterior
Por contra, el Caja Laboral fue ayer un equipo discontinuo, con serios problemas para encontrar la fluidez a ambos lados de la cancha y con algún que otro ramalazo de individualismo y gestos feos al compañero que conviene sofocar de inmediato. Al plantel vitoriano le faltó solidez defensiva, pero también un contrapunto interior que diera cobertura al acierto exterior de Brad Oleson y Nemanja Bjelica. Se echó en falta a ese Lampe estelar que asoló el Palacio de los Deportes el pasado jueves y también a un Teletovic más sereno y solidario.
Tapó de inicio Ivanovic la baja de Nocioni con la entrada de Nemanja Bjelica en el puesto de alero. De nuevo buscaba el Baskonia equilibrar los centímetros en su quinteto inicial con la propuesta del Real Madrid, con Singler y Suárez compartiendo cancha. Los locales parecían convalencientes todavía del golpe del jueves pasado en un primer cuarto en el que la escuadra vitoriana volvió a imponer su propuesta de juego ordenado y seriedad defensiva. El alero serbio y Oleson se encargaron de abanderar la anotación para propiciar la primera escapada azulgrana en el marcador gracias a un parcial de 2-11 (10-18, minuto 9). Los merengues navegaban en un nerviosismo solo templado de forma esporádica por Llull.
Blancos a la carrera
El Caja Laboral cerraba el primer parcial con un desahogado 13-20 para que Oleson marcara la máxima diferencia desde el arranque del choque gracias a su tercer triple de la noche (15-23, minuto 13). Para entonces, la grada del Palacio de los Deportes comenzaba a estar de uñas con su equipo. El Real Madrid se meció entonces en lo imprevisible con la entrada de Sergio Rodríguez y la irrupción de Carroll. Entre ambos fueron capaces de desquiciar al Baskonia por primera vez desde el arranque de la semifinal, aunque el plantel azulgrana se recompuso para alcanzar el descanso con tablas (31-31).
El choque parecía avanzar por el camino del primer encuentro hasta que el Real Madrid decidió romper el guión. Encontró la cancha abierta y el acierto triplista ante un Baskonia encasquillado. El parcial de 23-16 en el tercer cuarto (54-47, minuto 30) parecía aún salvable, pero los de Ivanovic no fueron capaces de reencontrar la compostura. Ni para alargar sus buenos momentos defensivos ni para cortejar al acierto como para conjurar la remontada.
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