El Correo
Baskonia

COPA DEL REY

Baskonia en la Copa: Tambores de insurrección

La plantilla del Laboral Kutxa, que hace piña en el centro de la cancha tras una victoria en el Buesa, aspira a dar un golpe de efecto en A Coruña.
La plantilla del Laboral Kutxa, que hace piña en el centro de la cancha tras una victoria en el Buesa, aspira a dar un golpe de efecto en A Coruña. / Igor Azipuru
  • El Laboral Kutxa aspira a promover en la Copa el alzamiento contra la supremacía del Real Madrid y el Barcelona en las últimas ediciones

Emociones extremas, eliminaciones súbitas y un título a la espera después de cuatro días de competición. Un premio gigante para corredores explosivos en la distancia corta. La Copa del Rey alzó ayer el telón en A Coruña con ese formato exitoso que le ha convertido en uno de los torneos más atractivos del baloncesto europeo. Ocho clubes participantes y el primer gran título de la temporada en juego. Todo, rodeado de una seductora tramoya formada por una grada en la que convergen aficionados de distinto signo capaces de convivir en armonía, mientras una larga lista de invitados, ojeadores, figuras ilustres y agentes mueven los hilos de un zoco que tiende a la efervescencia a estas alturas de curso.

El Baskonia comparece en la cita coruñesa dispuesto a recuperar el tiempo perdido. Su ausencia en la edición del pasado año en Las Palmas fue una puya hiriente para un club de profunda querencia copera. De hecho, fue el territorio del torneo del k.o. desde el que el club azulgrana comenzó a tomar impulso hacia la aristocracia en aquella primera final perdida en Sevilla'94, que daría paso un año después en Granada al primero de los seis galardones coperos que ahora lucen en la sala de trofeos del Buesa Arena. Y siempre, con el espíritu contestatario del invitado al que no se le suele tener en cuenta a la hora de decantarse por un favorito, pero al que se le teme y respeta.

Esa misma alma revolucionaria es la que ha perdido el Baskonia en las últimas ediciones de la Copa del Rey. Ausente el pasado año, derrotado en cuartos hace dos en Málaga y varado en la tierra media de semifinales en la edición de 2013 en Vitoria, la huella del equipo alavés se diluye en un torneo que refleja en su historia reciente la tendencia a la bicefalia, encarnada por el dominio alterno de Real Madrid y Barcelona. Ambos clubes se reparten el título en las últimas seis ediciones de un torneo que, en su día, se ganó la vitola de imprevisible. Para colmo, el cuadro los coloca siempre en posiciones opuestas, con una hoja de ruta que solo les obligaría a chocar en una hipotética final, la misma que se ha repetido en cinco de las últimas seis Copas del Rey. Así fue también este año, pero el resultado no ha sido el previsto por algunos: el Barça ya está fuera, eliminado a las primeras de cambio por un batallador Bilbao Basket que, junto a la victoria del Gran Canaria ante Valencia, significó la primera gran sorpresa de esta Copa 2016.

El aval del presente

No obstante, el desarrollo de lo que llevamos de fase regular ACB permite detectar el sonido de los tambores de la insurrección. Contra un destino que parecía marcado en blanco y blaugrana, emerge la figura de un Laboral Kutxa amenazador. También el Valencia parecía llamado a esta rebeldía, dada su fenomenal primera fase de la Liga Endesa. Pero Gran Canaria frustró su sueño y los taronjas están ya de camino a casa.

A la escuadra vitoriana no solo le avala el historial o el nombre. Su presente habla de un equipo que ha recuperado la credibilidad a golpe de energía y sacrificio bajo la exigencia constante de Velimir Perasovic. El croata ha contribuido a recuperar ese sello de equipo incómodo para rivales de todo pelaje y competitivo, una condición que había perdido lustre en las últimas temporadas por culpa de un trasiego constante de jugadores y entrenadores y una gestión deficiente.

La vieja fórmula del mayoral capaz de exprimir a una plantilla marcada en su construcción por las limitaciones económicas vuelve a ser efectiva en el Baskonia. El técnico es, de nuevo, el encargado de marcar las directrices y ese estilo que, hasta el momento, permite al grupo azulgrana caminar firme y bien situado en todas las peleas. 'Peras' ejerce de mascarón de proa de un colectivo alérgico al decaimiento, donde nadie viste la condición de estrella, a excepción quizás de un Ioannis Bourousis convertido en el gran eje de rotación.

Tras cubrir sin contratiempos ni decepciones el primer tercio de la temporada, el Laboral Kutxa se encuentra ahora inmerso en un tramo de etapas reinas. De momento, aparca sus cruentas batallas en la durísima carrera de fondo del Top 16 y prepara los tacos del velocista para la Copa del Rey. El Obradoiro se presenta como el primer escollo para los azulgranas en ese duelo de cuartos en el que los nervios por no fallar siempre tienden a atenazar al favorito. Es la condición asignada a los vitorianos en el cruce contra el anfitrión, que trasladará desde Santiago hasta la vecina A Coruña a una tropa de seguidores que será mayoría en la grada, donde el color baskonista también se dejará ver con un millar de peregrinos.

Precauciones en el debut

La obligación baskonista contra la ilusión de un rival compostelano que, sobre el papel, presenta el peor balance liguero de todos los participantes. El tópico copero invita a la precaución en un duelo de apariencia desequilibrada, un panorama idéntico al cruce entre el Real Madrid y el Fuenlabrada, que comparten vertiente del cuadro con baskonistas y gallegos. El conjunto de Laso, ganador de las últimas dos ediciones, llega con sus tribulaciones para medirse al vecino pobre del extrarradio, convertido este año en el modesto más respondón de la Liga ACB.