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La FIBA pasa a la amenaza en su guerra contra la Euroliga

Jordi Bertomeu, presidente de la Euroliga.
Jordi Bertomeu, presidente de la Euroliga. / EFE
  • La FIBA aspira a resolver su problema de falta de clubes de renombre a participar en su competición poniendo trabas a las selecciones nacionales para disputar sus torneos

La FIBA ha dado un paso más hacia la beligerancia en su intento de competir con el nuevo proyecto diseñado por la Euroliga, tanto en su principal competición como en la Eurocup. La federación internacional ha pasado a la amenaza directa escudándose en lo que considera «comportamiento abusivo hacia los clubes y las ligas» por parte del organismo que dirige Jordi Bertomeu y que aglutina a los clubes más potentes del continente. De esta forma, la FIBA anunció que los equipos nacionales de aquellas federaciones que permitan que ligas y clubes de su país suscriban acuerdos con la Euroliga «perderán automáticamente el derecho a participar en las competiciones organizadas por el organismo internacional en territorio europeo.

Se trata de una medida coercitiva que excluye a los 16 clubes que cuenten con plaza en la Euroliga de la próxima temporada. Esta salvedad revela la estrategia a seguir por parte de la FIBA, que pretende evitar que equipos de nivel medio sin licencia A o que no logren una plaza para la máxima competición se mantengan alineados con el proyecto de Bertomeu en la Eurocup. Así, la FIBA aspira a resolver un problema serio en la puesta en marcha de su ‘Champions League’ con 32 equipos; la falta de clubes de renombre dispuestos a participar y que, ahora mismo, son más proclives a continuar compitiendo en la Eurocup.

Desde los cuarteles de la Euroliga, la respuesta llegó a media tarde de ayer en un comunicado en el que se expresaba «la tristeza y decepción al constatar que la FIBA quiere resolver con sanciones lo que no puede lograr con diálogo» mediante un política de «agresividad creciente». Además, desde la Euroliga se quiso lanzar un mensaje a las federaciones nacionales, a las que la FIBA pretende atribuir el papel de guardianes contra la disidencia. «Deben recordar que los clubes son la base del deporte y han de reconocer su libertad para unirse una la competición que consideren mejor para sus seguidores».