El Correo
Baskonia

Adams madrina

Las noticias que llegan tras el terremoto de Ecuador hacen temblar las piernas. Por piernas y con un Papa debajo del brazo salieron doce refugiados con destino al Vaticano. Parece claro que cuando se quiere todos los caminos conducen a Roma. Y no a Roma sino a Berlín miraba nuestro Baskonia pasando por Atenas.

El Panathinaikos salió como si tuviera 20.000 almas y otro corazón. Jankovic llevaba la voz cantante de su equipo, pero entre Adams, Blazic y los libres, el Baskonia, silenciaba a la grada. El miedo es libre pero no vitoriano. Con la entrada de nuestro dios griego más la puntería de Bertans, Corbacho y James empezábamos a jugar como en el salón de casa. Ellos no le pegaban a un bote y así nuestra defensa se ponía las botas. Patética línea exterior helena, mientras Jankovic vivía en el olvido. El Laboral sacaba partido de su agresividad en el 1x1 y de un arbitraje con reglamento y sin listones. Solo su vieja guardia y el rebote maquillaron una primera parte con olor a Merkel.

Salida griega de como si no hubiese un mañana liderada por Jankovic y Williams y a la que se unió Diamantidis. Encontrar el aro cuando está perdido es lo que tiene. Gracias a Planinic, nuestros bases y la memoria de Djordevic seguíamos en la pomada de un partido con más emoción que baloncesto. Darius cogió su fusil, como hace casi a diario, demostrando que tener mano quita problemas de cabeza. Corbacho, James y Bourousis se sumaron a la fiesta de las muñecas para acabar silenciando un OAKA que comenzó lleno de vida y acabó muerto.

El Baskonia se planta en Berlín porque ayer tuvo un Adams madrina, un equipo creyente y una batuta desde el banquillo que para sí quisiera la mejor sinfónica. Nos vamos a Alemania gracias a un equipo que pese a las bajas siempre da un subidón. Faltan palabras y sobra alegría. Grandes es poco.