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Baskonia

BASKONIA

Dos hombres sin miedo

James y Adams, en un partido de Euroliga.
James y Adams, en un partido de Euroliga. / Afp
  • La osadía en el juego es la gran seña de Adams y James, una pareja de bases a contraestilo de la tradición baskonista

El aro rival como obsesión y la anotación como recurso principal antes que el pase. Son las características del juego de Darius Adams y Mike James, las mismas que tanto debate genera entre aficionados y medios de comunicación vitorianos. En la era de la modernidad de las redes sociales, la discusión se extiende a foros virtuales, donde muchas veces se eleva el grado de enconamiento. A cada gran actuación, llega la reivindicación de los fieles. Cuando el acierto da la espalda, irrumpen los críticos que recuerdan a figuras del pasado y subrayan los problemas de ambos para crear juego a través del pase. Es una disputa similar a la que generaba Thomas Heurtel, también representante del egocentrismo al timón.

Lo cierto es que Mike James y Darius Adams forman una pareja atípica de bases, a contraestilo de la tradición baskonista, marcada en los últimos tiempos por figuras claves como Pablo Laso, Elmer Bennett o Pablo Prigioni, jefes y organizadores de primer orden. Convendría no olvidar tampoco a escuderos de lujo como Chris Corchiani, la magia inconstante de Zoran Planinic, el estilo imprevisible de Marcelinho Huertas o la explosividad de José Manuel Calderón.

Contrapesos

En el juego de todos ellos, podría haber algún rasgo que se emparentara con el proceder en cancha de los actuales timoneles baskonistas. Sin embargo, Adams y James explotan hasta el extremo ese instinto depredador del anotador puro. Lo hicieron la pasada campaña a las órdenes de Ibon Navarro y lo repiten con Velimir Perasovic, atados más en corto pero también beneficiados de otros compañeros con más capacidad asociativa -Causeur y Bourousis son sus grandes apoyos- para descongestionar el juego de ataque. Al fin y al cabo, siguen siendo jugadores con licencia para gastar tiros, marcados por la osadía. No se esconden ni en plena contienda nuclear.

El desenlace final del Top 16 marcó un camino de baches para un Adams abandonado por la puntería, mientras Mike James conseguía elevar su nivel de juego tras una buena parte del curso a la sombra de su compañero. Al final, el cruce de cuartos ante el Panathinaikos propició la tormenta perfecta desde el timón, con Adams de nuevo en éxtasis anotador y un James capaz de ponerse a la altura. Complementarios y colaboradores cuando tuvieron que compartir cancha debido a las bajas para convertir el puesto de base y escolta en un arsenal de artillería imparable.