El Correo
Baskonia

BASKONIA | FINAL FOUR

¿Quién dijo miedo?

Miedo o temor es una emoción caracterizada por una intensa sensación desagradable provocada por la percepción de un peligro real o supuesto. Analizando la definición de la Real Academia resulta evidente que el Baskonia va a Berlín sin ninguna sensación desagradable y que durante toda su andadura por Europa ha superado peligros reales y supuestos sin temblarle la mano. Ese ha sido uno de los grandes valores de nuestro equipo, la indolencia ante rivales con presupuestos mareantes y el descaro ante aros que en los últimos años estaban a una altura que no alcanzábamos. La llegada de Bourousis, con su enciclopedia de pívot creador y lector del juego desde sus alturas y pegado a las letras, dio un salto de calidad a un conjunto que añoraba los bailes de Scola y el poderío de Splitter de los días de vino y rosas. El griego ilumina el aro cuando el baloncesto se aburre jugando en media cancha, y tener un dios permite no dejar nunca de creer.

Pero en un juego de equipo siempre hacen falta más actores de nivel y hay que dejarlo bien claro, sin películas. Uno de esos es Adams, un base con cara y muñeca del que hay que valorar lo que nos da por encima de lo que nos cabrea. Hacía tiempo que no se veía por Vitoria un director de orquesta al que no le da miedo donde actúa, ni el nombre del rival ni la importancia del momento, y al que el cesto le quiere. Algo parecido le pasa a su compañero de país y bandera, James, que ha encontrado en los minutos que le faltaban la confianza que todo jugador necesita para convertirse en otro de nuestros abanderados. Las lesiones siempre fastidian, pero aumentan los minutos de aquellos que los compartían por obligación; ahí, sin Causeur, hemos encontrado a un Mike espectacular bailando entre el ‘uno’ y el ‘dos’.

Lo bueno de nuestros norteamericanos es que posiblemente no sepan ni dónde se encuentra Berlín y que conozcan la Final Four de oídas, y ya se sabe que la ignorancia es atrevida.

Del resto del equipo, felices por la vuelta de Causeur, al que le sobrará alma y faltarán partidos; seguros del Hanga para todo, nuestro Tillie del intangible muy tangible, la mano implacable de Bertans o Corbacho a nada que tengan unos milímetros, el Blazic que amarga la noche a cualquiera y los Planinic y Diop que matan sin mirar el minutero.

Si a los que visten de corto añadimos a unos trajeados, con pizarra, llenos de lógica y lectura de los partidos, sentimos que el Laboral Kutxa va a Alemania a robar ‘Peras’ si el rival se duerme a la sombra del manzano.

Debe darnos igual el otro

Ya sé que no he hablado del Fenerbahce, de su entrenador titulado, sus bases inteligentes y con aro, aleros con puntos en vena y sus pívots intimidadores o musculados y con manita. Debe darnos igual el otro si conseguimos ser nosotros mismos. El Baskonia ya ha ganado: a una afición dormida y a los que pensaban que era el muerto del grupo de la muerte. Vamos a Berlín con un maravilloso pastel al que solo le falta la guinda.

Siempre hará falta ver el aro como una piscina, cuidar nuestro aro, olvidarse de los regalos, tener el respeto de los silbatos y no irnos del partido antes de que haya acabado para no volver contentos pero con mal café.

Hay un detalle que nuestro rival tendrá muy presente, que aquellos que nos sufrieron y verán Berlín en ‘Callejeros Viajeros’, a pesar de sus presupuestos y nombres, pondrán a los turcos con varias moscas detrás de sus orejas. Eso va en nuestra contra porque cuando el de enfrente no se fía, es más difícil engañarle.

Lo bueno es que jugamos con la presión guardada en el cajón frente a un equipo con mucha caja y al que no le vale otra cosa que una final. Al que tiene mucho que perder, si se le pone en apuros, puede encontrarse con el peor de los miedos, que es el de no saber ganar.

El miedo, comentan, es libre pero con nuestra brillante trayectoria, el desparpajo de algunos, la sabiduría de otros y la habitual buena respuesta en la temporada. nos preguntamos sin temblor en la voz: ¿Quién dijo miedo?