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Las dos caras de la locura

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Shengelia trata de avanzar ante la oposición de un rival. / Igor Aizpuru

  • El Baskonia tira de fiereza para sobreponerse a una nula primera parte y domina al Murcia

El Baskonia se sometió este viernes a una auténtica exploración de esa personalidad todavía por moldear en este inicio de temporada para sacar adelante su segunda victoria liguera ante un UCAM Murcia al que se le escapó una pieza de caza mayor en el Buesa Arena. En la segunda jornada de competición, el conjunto azulgrana no pudo sobrevivir de manera más extrema, con dos caras contrapuestas con la locura como único hilo conductor. Un Baskonia enajenado y perdido en el laberinto, pero después frenético a la hora de levantarse y correr a toda marcha hacia la remontada. Quizás es la lógica de un equipo en rodaje, que está obligado a rectificar sobre la marcha ante las bajas de Rodrigue Beaubois y Kim Tillie y incorporación del recién aterrizado Josh Akognon.

El caso es que hubo tiempo para desesperarse hasta límites insospechados y momentos para emocionarse con la sonrisa risueña ante la contemplación de un Baskonia bipolar, nulo y desorganizado en los dos primeros cuartos para después dispuesto a reinventarse con una versión indomable y rotunda tras el descanso. De un grupo manso y dominado por la ansiedad a un equipo felino y con un nivel de conjunción mucho más aceptable. Fueron los vitorianos demasiado poco en los veinte minutos minutos para después mutar en una máquina desbordante de agresividad, dura y hambrienta a la hora de arrebatar el rebote y cercenar las líneas de pase.

De cero a cien

De la mejora en la actitud defensiva nació la reacción de un Baskonia que tocó fondo a falta de un minuto para la conclusión de la primera parte con un 19-37 en contra, la brecha en contra más amplia del encuentro. Una acción de 2+1 de Rafa Luz fue el primer oasis en un desierto atroz, una gota de refresco para alcanzar el descanso con un 22-37 que parecía una pared insalvable. Habían sido veinte minutos de dominio de un UCAM Murcia cómodo bajo la batuta de Facundo Campazzo, el acierto exterior de Billy Baron y un control claro en cada pelea muscular.

Mientras, el Baskonia era un marasmo baloncestístico. No había forma de controlar unas pulsaciones desmandadas para engarzar un juego con un mínimo de espíritu colectiva. Cada batalla individual concluía en el precipicio mientras Sito Alonso trataba de encontrar un quinteto mínimamente productivo en cancha a base de permutas continuas. Ni rastro de Shane Larkin o Andrea Bargnani, con Rafa Luz, Tornike Shengelia y Adam Hanga caminando a ciegas y las probaturas sin éxito con Tadas Sekekerskis o Ilimane Diop para marchar a los vestuarios bajo el signo de la nulidad.

Todo hacía pensar que se acercaba el primer borrón de la temporada. Pero no quiso este Baskonia hacer un feo a su gente en el primer encuentro en el Buesa Arena. Se imponía una reacción, aunque solo fuera por recuperar una imagen digna y los azulgranas tomaron el camino de la bravura. Sito Alonso estabilizó el quinteto en cancha y la continuidad rindió sus frutos.

De una antideportiva de Marcos Delia sobre Tornike Shengelia nacieron los renglones iniciales de una resurrección fulgurante. La rabia del georgiano encontró al fin un cauce a través del que fluir sin fleno. Jaka Blazic seguía en el asalto a su compañero y Andrea Bargnani ponía el contrapunto de su acierto exterior de seda para facturar un parcial de 24-1 que ponía al partido en un escenario alejado del drama (50-44, minuto 28). Si Larkin debía guardarse de las faltas en el banco, emergía un Rafa Luz que parecía el hermano gemelo y centrado del de la primera parte, capaz de sumar cinco puntos consecutivos para cerrar el tercer capítulo con 55-51.

Problema resuelto

Debía llevar la noche a puerto seguro el Baskonia, aunque aún tuvo que sortear obstáculos en un cuarto final en el que Campazzo y Faverani se empeñaron en reactivar las constantes vitales del UCAM Murcia. Se desplegó entonces ese nuevo estilo ofensivo que comienza a dibujar la escuadra vitoriana. La puntería a media distancia de Andrea Bargnani volvió a alimentar la anotación mientras la fiereza y el acierto de Blazic hacían el resto para controlar cada acometida rival.

La tersa suavidad del italiano se asoció con el trazo grueso del esloveno para terminar de facturar un triunfo con mucho de fe a pesar de las diferencias abismales mostradas por el Baskonia en su constancia. El tipo de victorias que ayudan a apuntalar la personalidad de un equipo que ayer se encontró con su primer problema grave de la temporada y que encontró el camino para resolverlo.

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