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Baskonia

baskonia - EUROLIGA

Un perseguidor infatigable

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Bargnani busca la canasta en el partido de Euroliga disputado en el Buesa. / Blanca Castillo

  • El Baskonia se lleva un triunfo de pura fe ante el Efes tras salir indemne al triple errado de Cotton sobre la bocina

Se elevó Bryce Cotton con un triple en suspensión y el Buesa Arena entero, con sus 10.126 almas entregadas, contuvo el aliento. Fue lo que tarda un parpadeo ver cómo volaba el balón para, de inmediato, contemplar el fotograma ansiado, el aro cerrado al tiro final y un rebote ofensivo imposible. Gastó su última bala el Anadolu Efes para salir triunfal del coliseo azulgrana, pero el santuario permaneció intocable. La alegría estallaba en un Baskonia sin resuello, que se había vaciado en una última defensa final de cuatro segundos y nueve décimas que negó la canasta doble a los turcos cuando el marcador mostraba el 85-84 después de que Shengelia le hubiera echado emoción al errar uno de sus dos tiros libres precedentes.

De un plumazo, desapareció la angustia. Quedó la noche despejada, la primera de una nueva era en la Euroliga, la misma que condensó todos los estados emocionales que pueden reunirse en un partido de baloncesto. Y el Baskonia, ganador y superviviente, indemne a un tiro postrero que pudo hundirle en el más absoluto desánimo, pero feliz después de haberse ganado un primer punto en el maratón continental que acaba de comenzar con sangre, sudor y satisfacción. Sobre la lona, quedaba postrado el Anadolu Efes de Velimir Perasovic, recibido en la que nunca dejará de ser su casa con un aplauso unánime, pero derrotado por una fe y un carácter que parece que no han decaído a pesar de su marcha.

El mismo equipo que se quedó sin premio el pasado sábado en el Palau vio cómo la moneda salió cara en un epílogo taquicárdico. Premio final para un Baskonia convertido en un perseguidor incansable, que siguió la estela de su oponente durante tres cuartos amarrado a la creencia en sus posibilidades, encomiable para después plantar cara de tú a tú a todo un Efes en una última entrega electrizante. Diez minutos en los que los vitorianos encontraron el camino para cortocircuitar a los otomanos para después colarse en un laberinto del que lograron salir airosos tras retomar a tiempo el hilo de la victoria. Con un 83-76 a favor a falta de tres minutos, el conjunto de Sito Alonso se sobrepuso a apagones, pérdidas de balón fatídicas, tiros librados sin puntería y a la oleada final de un rival percutor y que dispuso de un último tiro con el que no atinó.

Pelea tras pelea

Las noches de la nueva era continental prometen una sucesión de batallas cruentas sin demasiadas treguas. Serán peleas como la que libró ayer el Baskonia en el Buesa Arena, disputadas al límite del esfuerzo físico ante un Efes pertrechado con más centímetros, músculo y fondo de armario. La exigencia de la Euroliga llevó al conjunto vitoriano a una atmósfera diferente a todo lo que ha vivido desde el inicio de temporada, un entorno en el que cuesta respirar y donde el traje nunca termina de ajustar. Un auténtico paseo por una cornisa en la que hay que hacer equilibrios indecibles para no precipitarse al vacío.

Para colmo, la pregonada llegada de los nuevos tiempos parece que no va a librar a nadie de figuras clásicas de colegiados como Christos Christodolou, maestro de la compensación y del ‘aquí mando yo’ con un silbato en la mano. El griego amenazó con apagar el faro de Andrea Bargnani, un sostén ofensivo de primer orden después de pitarle una puntillosa técnica por protestar en el tercer cuarto, cuando en el luminoso se observaba un 59-62 que apretaba las costuras al Efes. La obligada marcha del italiano al banquillo desorientó al Baskonia, sin su gran referente anotador en cancha y con el aire que apenas le entraba en los pulmones. Pálido llegó al cierre de este capítulo con un 68-73 en contra, de nuevo tras la estela de un Efes que a lo largo de la primera parte le había desarbolado con su empuje en las transiciones y la actividad devastadora de un Derrick Brown brillante.

En un momento crítico, creció el Baskonia más grupal, con Johannes Voigtmann como líder inesperado de un plantel rabioso que logró marcar un parcial de 11-1 (79-74, minuto 35). Retornó al parqué Bargnani, pero el equipo vitoriano ya era un colectivo ajeno a dependencias, justo de fuerzas y con la mente demasiado caliente, pero que logró ajustarse el traje ignífugo. Entre las llamas que parecían volver a querer devorarle, salió vivo en unos minutos finales en los que la afición azulgrana volvió a descubrir un equipo que no se rinde, capaz de pelear cada balón hasta más allá de la lógica. Todavía con errores de bulto, pero palpitante a más no poder.

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