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Una última carta fallida

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Nick Calathes defiende a Rodrigue Beaubois. / EFE

  • Un Baskonia irreprochable cae ante el Panathinaikos tras un desgaste titánico sin premio

Tenía que ser Rodrigue Beaubois. Un acreditado intérprete en el arte del ‘uno contra uno’, el hombre de hielo que ni se inmuta, ni siquiera cuando el OAKA ruge a la máxima potencia para no dejar escapar la victoria del Panathinaikos. Los quince segundos finales del partido fueron suyos. Después de consumir todo un cuarto sin que los griegos entraran en ‘bonus’, la falta de Chris Singleton tras el rebote capturado por Adam Hanga daba una última vida al Baskonia en una batalla cruenta librada a sangre y fuego.

Tiempo muerto de Sito Alonso y una consigna clara; pista abierta para Rodrigue Beaubois. El juego se reanuda y el balón cae en manos del francés. El partido en una última carta, aclarado para el anotador azulgrana que no encuentra rendija alguna ante el agobio defensivo de Nick Calathes. El tiempo corre sin que logre armar tiro alguno, la línea de fondo es casi un abismo que logra evitar mientras el cuerpo del base del Panathinaikos empuja. El tiempo vuela de manera agónica, Beaubois se encuentra bajo el tablero sin ángulo posible de tiro, trata de remontar a través del corazón de la pintura helena entre un mar agobiante de manos y cuerpos rivales. No ve la luz, que en el baloncesto es el aro, tampoco encuentra forma posible de elevar los brazos mientras intenta mantener la posesión como puede con el sudor frío de quien se sabe en un callejón sin salida. Un bote, otro y otro más cada vez más bajo y el segundero del inmenso OAKA se pone a cero. Bocina final y 69-68 para el Panathinaikos.

Nada que reprochar

Entre la fiesta verde, el rostro de Rodrigue Beaubois retrataba la profunda frustración del tahúr que yerra en el truco final. Es el tipo de penitencias que, en ocasiones, deben digerir virtuosos de su talla. Pero la tristeza se conjugaba en plural, después de tres minutos finales en los que el conjunto vitoriano fue capaz de reaccionar tras verse con un 67-63 en contra con un último alarde de garra y fe en la victoria. Cinco puntos consecutivos de Beaubois fueron la vida, como también lo fueron dos rebotes de Ilimane Diop que llenaron los pulmones de un plantel azulgrana acorazado en su fe. Pero también hay pérdidas de balón, indecisiones y miedos que condenaron a los vitorianos a conjurar la gloria en una última baza fallida.

El Baskonia caía sobre la lona del pabellón olímpico ateniense, exhausto y decepcionado al máximo tras ver cómo el triunfo se le escapaba de las manos en el último suspiro. Sin nada que reprochar tras vaciarse hasta la última gota. Frenado en seco después de cuatro victorias consecutivas en el frente continental tras caer en otra batalla librada al filo, tal y como ocurrió en Kazán o el miércoles pasado en el Buesa Arena ante el Barcelona.

En esta ocasión, al equipo azulgrana le tocó ejercer el papel del boxeador de mirada nublada que ve cómo el último asalto se convierte en su tumba ante la oleada letal de su rival. Tras muchos minutos siendo capaz de controlar sus constantes vitales gracias al sacrificio defensivo y la solidez reboteadora, el Baskonia flaqueó en la recta de llegada. Golpeado por la irrupción de un viejo conocido como Mike James, sin poder encontrar una racha ofensiva que le diera alas, las grietas cundieron y las pulsaciones se desbocaron. Eso sí, el mismo viajero azulgrana que malvivió en ataque con un paupérrimo porcentaje de 3 (22 %) y que echó en falta la lucidez y el acierto de Shane Larkin supo agarrarse al partido con un admirable instinto de supervivencia.

Singleton, desquiciado

Fue un tropiezo doloroso por las formas del desenlace y porque el Baskonia se quedó sin premio tras superar el límite del esfuerzo para rendir la fortaleza del OAKA. En otro encuentro de baja anotación y porcentajes opacos, el equipo de Sito Alonso volvió a demostrar una encomiable capacidad de adaptación a una atmósfera incómoda. Supo sobreponerse a un inicio desnortado en el que Chris Singleton y sus 19 puntos en el primer cuarto fueron una andanada que le obligó a remar a contracorriente tras el 27-18 al cierre del primer cuarto.

Para entonces, los registros musculares que imponía el Panathinaikos apuntaban a un duelo de guerreros. Visto el embarrado panorama, el Baskonia encontró en Ilimane Diop y Tornike Shengelia a los mariscales adecuados. El poste senegalés mejora notas en cada partido y ayer dejó su firma en un OAKA que vio cómo supo controlar a tiempo a un Chris Singleton que terminó desquiciado y a Ioannis Bourousis, la sombra de lo que fue el pasado curso en Vitoria. Su llamada a filas arrastró a todo un colectivo que fue capaz de tomar el control del marcador durante el segundo y tercer cuarto.

Un triple de Hanga marcó la ventaja máxima azulgrana (38-47, minuto 23). Fue el cénit de los visitantes y el punto del despertar de un Panathinaikos que redescubrió el criterio en su juego de la mano de Nick Calathes hasta forzar al Baskonia a un órdago que no pudo consumar Rodrigue Beaubois.

Directo

FINAL: PANATHINAIKOS 69-BASKONIA 68. Los de Sito Alonso han tenido 15 segundos en la jugada final para ganar. Pero no han lanzado.

Final: 69-68.

No ha lanzado el Baskonia en 15 segundos.

Se le ha acabado el tiempo a Beaubois.

Falla Beaubois.

Se la juega el Baskonia.

El Baskonia tiene la jugada para ganar.

15 segundos para el final del partido. 69-68.

Era técnica y no la han pitado.

Personal sobre Hanga.

Falla Bourousis.

28 segundos para el final del partido.

Sigue el 69-68.

01.38 para el final del partido.

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