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Querejeta pretende que Prigioni se quede en el Baskonia

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Prigioni, junto a Larkin, la semana pasada / Rafa Gutiérrez

  • El director de juego de 39 años anunciar su retirada del baloncesto profesional tras admitir que «ni mi cabeza ni mi cuerpo tienen ya la fortaleza» para competir

Pasadas las nueve de la noche de ayer y cuando todo era quietud en el baskonismo. Fue el momento que eligió Pablo Prigioni para anunciar su retirada del baloncesto profesional. A los 39 años y después de un periplo profesional sobresaliente, el base de Río Tercero hacía pública a través de su cuenta personal de Twitter una carta emotiva, repleta de agradecimientos y en la que dejaba claras las razones de su decisión. «Ni mi cabeza ni mi cuerpo tienen ya la fortaleza que yo, como competidor, exijo para competir al más alto nivel». Esta era la frase crucial de una epístola visceral y redactada a corazón abierto. Eran párrafos con los que Pablo Prigioni anunciaba su retirada irrevocable, semanas depués de haber protagonizado su segundo retorno al Baskonia. Para el club vitoriano tenía palabras de agradecimiento y cierta carga de amargura al confesar que «me encantaría poder darles más». Fue la despedida y cierre una vez que «mi cabeza y mi cuerpo están completamente de acuerdo en que es el momento».

El anuncio cazó a los aficionados azulgranas con el pie cambiado, pero también dejó fuera de juego al Baskonia, descolocado ante un anuncio que no entraba dentro de su plan de comunicaciones. En realidad, nadie podía esperar semejante movimiento por parte de un jugador que incluso había tomado parte como uno más en el entrenamiento que realizó la plantilla azulgrana durante la tarde de ayer.

Sin embargo, el "click" definitivo que puso la rúbrica final a la carrera de Pablo Prigioni como jugador no fue producto de un ataque de impulsividad. El argentino tomó la vía del anuncio consensuado con nadie más que consigo mismo como una manera de evitar cualquier intento de convencerle para que cancelara su decisión o la pospusiera, al menos, hasta más avanzado el curso. De hecho, el argentino explica en su carta que no ha hecho más que seguir y leer las señales que emitían su cuerpo y su mente desde que recuperó el pulso competitivo tras su nuevo retorno al club vitoriano. Y los signos en absoluto eran del todo positivos. Ni en los partidos disputados en su tercera etapa como baskonista, en los que la falta de ritmo le había convertido en una versión borrosa de sí mismo, ni en ese ámbito alejado de los focos y del gran público como es la pista de entrenamiento. Al final, Prigioni optó por un método poco ortodoxo en su despedida, alejado de cualquier estrategia de comunicación; pero directo y efectivo. Una decisión que le rondaba la cabeza desde hace días tomó cuerpo con el clasicismo del género epistolar y se hizo viral con la modernidad de una red social. Fue la exhibición descarnada de un adiós sincero cuyos prolegómenos Prigioni ni siquiera había compartido con algunos de sus círculos más cercanos.

Fuenlabrada, principio y fin

Al final, el aterrizaje del mito, amplificado al máximo por parte del club baskonista, choca con la cruda realidad de un Pablo Prigioni que no quiere competir a medias y que ha dado el paso final en un proceso siempre complejo como la retirada del profesionalismo. En el pabellón Fernando Martín de Fuenlabrada disputó anteayer su último partido como profesional. El argentino cerró el círculo en la localidad madrileña, que fue su puerta de entrada al baloncesto español, y lo hizo vestido con los colores del club vitoriano, el mismo desde donde se catapultó hacia la élite europea primero y más tarde hacia un horizonte que parecía inalcanzable, la NBA.

Si bien desde la entidad vitoriana se habían detectado en el propio Pablo Prigioni ciertas dudas respecto a su capacidad para recuperar su mejor versión, nadie en las oficinas del Buesa Arena esperaba ayer semejante anuncio. Ni en las altas instancias del club ni en capas más secundarias del organigrama. Tras la notificación sin preaviso del jugador, la entidad azulgrana reaccionó con una nota colgada en la web oficial en la que encumbraba a Prigioni a la categoría de «leyenda» y en la que le agradecía «de todo corazón su total profesionalidad, compromiso y dedicación hacia el club y la afición baskonista» a lo largo de sus tres etapas en Vitoria. El base de Río Tercero, 284 partidos de Liga ACB y 148 de Euroliga como azulgrana, no volverá a defender la elástica baskonista como jugador. Ahora, la entidad que preside Josean Querejeta prepara el mejor modo posible para orquestar el homenaje de despedidida. Sin embargo, el Baskonia también confía en convencer al argentino para que mantenga su relación con el club a través de otras funciones.

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