El Correo
Baskonia

«Me marcho tranquilo, en paz»

  • Prigioni pone fin a una carrera en la que «el Baskonia ha sido el club que más he sentido»

El desgaste del tiempo atrapa a todos, incluso a luchadores de la estirpe de Pablo Prigioni. A sus 39 años, el argentino asume una ley de vida que siempre marca un punto final a cualquier trayectoria, personal o profesional. Los párrafos de la carta publicada en su cuenta personal de Twitter en la que explicaba las razones de su retirada como jugador se hicieron ayer tarde voz emocionada en la sala de prensa del Buesa Arena. Prigioni se sentó en la misma mesa desde la que hace apenas un mes era presentado por tercera vez como baskonista. Esta vez era la ceremonia del adiós. Junto a él, Josean Querejeta.

Para el presidente azulgrana fueron las primeras palabras del ya exbase. «Agradecer a Josean que esté a mi lado aquí. Significa mucho para mí». Fue el arranque de una comparecencia densa, en una sala repleta de informadores, pero también de personas importantes en la carrera de Pablo Prigioni. Al fondo, Alfredo Salazar, su descubridor, acompañado del director deportivo, Félix Fernández. Muy cerca de ellos, Raquel, esposa de Pablo y la misma que anteayer vio cómo el argentino llegaba a casa con todos los enseres de una taquilla que había vaciado por completo tras su último entrenamiento. Ella fue la primera y única depositaria de la decisión de Pablo Prigioni, antes de que todo trascendiera en Twitter para dejar con la boca abierta a todo el baskonismo y al propio club azulgrana.

El ‘click’ que hizo viral la misiva de despedida fue toda una liberación para Prigioni. «Me sentí como si me hubiera quitado un peso de encima. Hoy (por ayer) me levanté contento y feliz, en paz conmigo mismo», reconoció. La decisión de hacer pública su retirada sin consenso previo con nadie más que consigo mismo «era la única manera de que no hubiera vuelta atrás», el método perfecto para evitar que «intentaran convencerme para seguir». Dado el paso con plena convicción, queda el paisaje despejado. «Me marcho tranquilo, en paz. Me he vaciado en todos los lugares en los que he jugado. He llegado a sitios que nunca pensé que podía llegar».

Entre las paradas en su carrera, el Baskonia como territorio más querido. «Es, con diferencia, el equipo que más he sentido. Jugar con la camiseta del Baskonia me ha transmitido sensaciones similares a las que tenía con la camiseta de la selección argentina. No me ha pasado con ningún otro equipo. Tengo un vínculo muy grande y eso que hemos pasado por momentos difíciles con la afición, con el club», reconoció Prigioni. Vitoria queda como segunda casa, donde seguirá viviendo junto a su familia hasta, al menos, el final de temporada. «Me siento un vitoriano más, como un aficionado más del Baskonia». Mientras, el futuro está en blanco. Ni una alusión clara a la posibilidad de tomar de manera inmediata el camino para convertirse en entrenador. «Veremos en el futuro cómo voy manejando mi vida».

Atrás queda un mes intenso y repleto de sensaciones cruzadas y seis partidos que ilustran una tercera y breve etapa como baskonista. Prigioni ahondó en las razones para optar por la retirada. «Desde que llegué lo he intentado, pero la cabeza ya no está. Ni ella ni el cuerpo quieren saber más de esto por mucho que haya empujado», subrayó. En este corto periplo profesional como jugador azulgrana, esa fortaleza que siempre ha exhibido el de Río Tercero se ha agrietado. «Mentalmente, me he sentido frágil, como nunca me había pasado. Lo tenía claro desde hacía un tiempo, hace un par de semanas. Lo he seguido intentado, pero ha sido en vano. No disfrutaba con lo que hacía».

Vacío

Al fin y al cabo, cuando el cuerpo y la mente dicen basta, incluso la ambición desmesurada y admirable que siempre ha mostrado el timonel puede llegar a desgastarse. «Hay sensaciones que me hacen darme cuenta de que no me siento con hambre para seguir siendo competitivo. A partir de ahí, o voy al cien por cien o no lo hago. He preferido cortar por lo sano y tomar la decisión», justificó.

Atrás queda una larga carrera repleta de capítulos brillantes. De entre todos, Prigioni se queda con su primera etapa de seis temporadas con el Baskonia. Fue la época del despegue, de los títulos y de compartir vestuarios con amigos legendarios como Calderón, Scola, Nocioni o Splitter, entre otros; jugadores «con los que tenías la sensación de poder ir a cualquier guerra, de poder ganar a cualquier equipo». Julio Lamas fue el primer técnico clave en su carrera tras su trabajo conjunto en Alicante, pero fue Dusko Ivanovic el modelador definitivo». «Le debo muchísimo a Dusko, me enseñó a jugar más como base», admitió sincero el argentino. Un breve repaso a un pasado glorioso, pero también un guiño a una hinchada que ya le coloca entre las leyendas y al futuro cercano de un Baskonia que puede caminar sin él. «A la afición, un gracias gigante y decirle que esté tranquila porque tiene un equipo fantástico, grandísimas personas con todo el potencial para competir».

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