El Correo
Baskonia

UN BASKONIA DUBITATIVO

El Baskonia atraviesa la meseta de la temporada dubitativamente. Uno no sabe si el rendimiento que ofrece el equipo es el apropiado a lo que el grupo tiene como valor, o si está por debajo o si no se le puede pedir más. Emocionalmente, el rendimiento es inconstante, la forma de perder el pasado viernes frente al Anadolu Efes no es de recibo, y después de 48 horas escasas, se impone con solvencia en Zaragoza, algo que debe valorarse de manera positiva. La mala racha en la competición europea en las ultimas jornadas, después de unos inicios tan alentadores, es una tara que sin duda tiene nervioso al club, y supongo que ese estado de ánimo se traslada a la plantilla. Quizás, el recuerdo de los grandes encuentros vividos hace un par de meses hayan sobrevalorado al equipo sobre lo que realmente es.

Por lo visto hasta el presente y en lo estrictamente deportivo, ya se pueden juzgar ciertas certezas, si no definitivas, sí reales. Si las estrellas de los equipos tienen como tarjeta de visita jugar bien todos los días -Bourousis el año pasado o Llull en el presente-, debemos aceptar que en el Baskonia actual solo Hanga mantiene ese estatus tan necesario en los grandes equipos. Véase al Barcelona desde el declive de Navarro. Larkin puede serlo, pero, como debutante, le falta continuidad. Su talento me permite pronosticar que su rendimiento se irá afianzando.

Beaubois, por su cara impasible, va a ser cada jornada una incógnita, puede pasar desapercibido o ganar el partido más difícil. Budinger, ‘ni chicha ni limoná’, uno más de esos americanos blancos, buenos si fueran de casa y mediocres como refuerzos de relumbrón. Voigtmann y Tillie, acompañantes dignos que siempre echan una mano y a los que no se les puede pedir más. Diop, hasta ahora la mejor aportación de Sito, solo llegará a sumar si evita las repetidas faltas inútiles que minan su rendimiento.

El futuro más optimista pasa por la aportación que deben dar los dos jugadores destinados a acompañar a Hanga en la formación de un buen quinteto. Shengelia, hasta su lesión, era el más determinante en el juego interior baskonista, y Bargnani, que en Zaragoza por fin mostró algunas de las cualidades que le permitieron brillar en la NBA. Con ellos, el entrenador tendrá un grupo compacto, con rotaciones más apropiadas en el juego interior, pues, aún faltando un pívot poderoso, el talento de los dos ausentes le permitirá estrategias que ahora no son posibles.

Si en el pasado no existieron ataques de euforia por lo bien que iba el equipo, tampoco ahora sería de recibo que aparecieran los nervios. Y es que la clasificación en la que el equipo se mueve no deja de ser la que le corresponde por el valor intrínseco de la plantilla.

Recibe nuestras newsletters en tu email

Apúntate