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Baskonia

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La evolución del baloncesto

Aunque soy poco del pasado y menos aún nostálgico, me parece un gran acierto la iniciativa del Baskonia de homenajear a un grupo de jugadores que firmó una de las temporadas más brillantes, la de 2001-02, con el doblete de Liga ACB y Copa del Rey. Me entretengo en valorar si aquel grupo sería competitivo en el baloncesto actual y me deleito pensando que a pesar de los años transcurridos desde entonces, ya quince, Scola, Nocioni y Bennett serían piezas importantes. ¡Qué buenos fueron!

Me sorprenden los cambios que sigilosamente se van dando en el baloncesto sin que sepamos en qué momento algún entrenador crea situaciones nuevas que luego son imitadas por los más avispados. Se pasó así de hombres grandes y poderosos a pivotes más livianos en la zona. Ahora, los interiores tiran con peligro desde más allá de la línea de tres puntos. Por ejemplo, Voigtmann, Shengelia y el propio Tillie lo hacen siendo responsables del juego de la pintura en el Baskonia. Hace unos años este tipo de baloncesto era impensable.

De cualquier manera, la mayor transformación se ha dado en la posición de base. El director dominante del timón de un equipo, el controlador del tiempo del partido, el distribuidor de balones para el jugador determinado y anotador ocasional -Prigioni, ejemplo excelso de este estilo de juego- ha pasado ya al recuerdo. Hoy, los bases son mucho más fuertes y anotadores que los de entonces, asumen las mismas responsabilidades de un alero bajo y se juegan los balones más decisivos de los partidos. Casi siempre tienen en la cancha a un acompañante de sus mismas características y entre los dos se lo guisan y se lo comen a la hora de la verdad.

El Real Madrid juega así -Sergio Llull y el jovencísimo Doncic, el centro nuclear de todo el peligro del equipo blanco-; el CSKA de Moscú deja en manos de Teodosic y De Colo la solución a sus partidos... Ya el año pasado, el Baskonia montó esta estructura de equipo. La pareja Adams-James se convirtió en referencia en un conjunto que triunfó dando espectáculo. Ambos se fueron al acabar la campaña. El club vitoriano se puso a trabajar, la labor no era fácil y llegaron Larkin y Beaubois a recomponer la misma forma de jugar, y hasta ahora lo están haciendo con eficacia.

De los cuatro, para mí el mejor es Larkin, seguido de los dos bases del año pasado, y a Beaubois, el menos determinante, le falta calentura emocional. El juego seguirá evolucionando en los próximos años sin que nos demos cuenta de ello los aficionados. La obligación de los buenos profesionales no es decir quién está jugando bien en el momento concreto; eso lo ve cualquiera. Lo importante es adivinar lo que va a pasar en el futuro.

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