Reflexión reposada sin dramatizar

Pepe Laso
PEPE LASO

Durante el fin de semana tuve la oportunidad de ver jugar a los tres mejores equipos de la última década en la Liga ACB. Sus opositores fueron de dificultad variada. El contrario más difícil lo tuvo el Real Madrid, que recibió en casa al Unicaja, un buen grupo de jugadores que esta temporada debuta en la Euroliga. Les pasó por encima. Los blancos, a pesar de sus lesiones, están pletóricos, dan la sensación de no poder perder, anotan cien puntos con facilidad, se nota en cada uno de sus jugadores una confianza suprema en sus posibilidades...

El Barcelona visitó la cancha del Estudiantes, a priori, un duelo fácil. Pero pronto se vio que los catalanes tenían pocas ganas de pelear. No habían pasado cuatro minutos cuando Sito Alonso pidió cambio y mandó al banco a cuatro de los suyos. Todo había empezado torcido y así terminó, con una clara victoria estudiantil. En ninguno de los dos asaltos hubo tragedia; todo circunstancias propias de la larga competición recién comenzada.

Después, ya por la noche, en diferido y conociendo el resultado, me senté a ver el agónico triunfo del Baskonia. La piña de sus jugadores bajo la canasta tras la milagrosa anotación de Beaubois me mostró la tensión que están viviendo ellos y desde luego, su entrenador; la sensación de incapacidad que cada uno siente, sea cual sea el contrario al que se enfrenten. Viendo el encuentro, algunos azulgranas me resultaron desconocidos respecto a la valoración que tengo de ellos. Y, desde luego, en sus imprecisiones no influía tanto la calidad rival como sí el fantasma de una nueva derrota que profundizase la crisis de resultados.

Voigtmann postea ante dos defensores del Gipuzkoa Basket.
Voigtmann postea ante dos defensores del Gipuzkoa Basket. / Rafa Gutiérrez

No es de recibo ver tan atolondrado a Huertas, sin dominio del tiempo de juego y precipitado en el tiro. El mismo Granger, sin duda el mejor jugador exterior de la plantilla, diluido los minutos intrascendentes, pues él debe ser el relevo del trabajo que en el pasado hizo Hanga. El inoperante Poirier, con el que el entrenador no sabe qué hacer. Solo Shengelia da la medida de lo que es su juego.

Llegados a este punto y con la temporada iniciada, es momento de hacer una reflexión reposada, no dramatizar y esperar los tiempos de recuperación, que sin duda llegarán. Para Pablo Prigioni estoy seguro de que está siendo durísimo. Su obligación es definir lo antes posible los galones que merece cada uno de sus jugadores, de dejar muy claro a la plantilla cuáles son las razones del porqué unos juegan más que otros. Nunca son buenas las plantillas en forma de cooperativa.

Vuelvo al resumen de mi fin de semana de baloncesto. La victoria del Madrid se basó en un esfuerzo físico colectivo y la derrota del Barça, en la indolencia de sus jugadores. Este puede ser un buen punto de partida para la recuperación.

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