Reflexiones de un entrenador

Pedro Martínez comentaba algo así como que si era demasiado caro para el club, aun teniendo contrato, no sería para él ningún problema rescindirlo

Pedro Martínez en el Buesa Arena antes de un partido./David Aguilar
Pedro Martínez en el Buesa Arena antes de un partido. / David Aguilar
PEPE LASO

No me han pasado desapercibidas unas declaraciones de Pedro Martínez. Eran más reflexiones sobre su futuro. Comentaba algo así como que si era demasiado caro para el club, aun teniendo contrato, no sería para él ningún problema rescindirlo. Nadie puede saber con certeza, en la ebullición que supone la marcha de un equipo, cómo es la convivencia en el variopinto mundo de intereses, egos y presiones tanto internas como externas que vive la figura del entrenador.

Imagínense que un profesor de los 'Coras' fuera responsable directo de las buenas o malas notas de sus alumnos; que cada sábado sus pupilos pasaran unas pruebas y él pagara las disculpas de los estudiantes. Consideren que el director le pudiera mandar a casa amparado en circunstancias casi siempre ajenas al día a día de su trabajo. Que los padres pudiesen ir amenazantes al colegio a pedir su destitución. Y que los medios de comunicacion se vieran obligados a juzgar su actuación. Conclusión, los hospitales estarían llenos de profesores por depresión.

Los entrenadores son generalmente prisioneros de una maravillosa vocación, que les pasa factura en cuanto a la estabilidad de su vida privada. Lo que es peor, les hace temerosos del mundo que les rodea. Producto de estos miedos, son vulnerables a presiones de todo tipo. Consecuencia, no se atreven a tomar una serie de decisiones comprometidas como pudiera ser poner a un joven en el campo o dar de baja a un veterano retorcido que manipula a algún directivo. Incluso, en algunos casos se ven obligados a alinear a algún jugador por diferentes necesidades del club para el que trabajan.

Los que consiguen por talento, suerte o inteligencia emocional mantenerse unos años, logran ser cada día mejores. Dos factores son determinantes, el primero es el bagaje de experiencias, han convivido con buenos y malos jugadores saliendo airosos del reto. Han sabido encontrar en cada club la persona con la que deben negociar. Intuyen las costumbres de la casa. Saben que un equipo de Euroliga puede viajar en vuelo chárter mientras uno de ACB se mete 600 kilómetros de autobús y lo aceptan. Saben de qué va la profesión.

El segundo motivo, y más importante, es que el paso de los años les ha permitido ahorrar el dinerito suficiente para sacudirse todos los miedos y tomar sus propias decisiones. ¡Por fin libres! El contrato ya no es tan importante. En este momento dan de sí lo mejor de lo que han cultivado desde muy jóvenes, solo necesitan mantener viva la vocación. No siempre ocurre, me viene a la cabeza alguno que en su mejor momento preferió la pasta y la buena vida. Otro día les pondré nombres. Mejor pónganlos ustedes.

Pedro Martínez parece estar en el mejor momento de su carrera, pertenece al segundo grupo y mantiene el deseo, se le ve feliz. Y entonces, ¿cuáles pueden ser la razones para hablar de su contrato? ¿Algún rifirrafe con la empresa? No parece que éste pueda ser el motivo, los resultados y el comportamiento de los jugadores no dan que pensar. ¿Alguna súper oferta de otro club con un proyecto que le ilusione más? Si fuera así, los hechos demuestran que al Baskonia nunca le ha dolido perder entrenadores triunfantes, siempre que dejen la cuota correspondiente. Ojalá esté yo equivocado y los comentarios del entrenador no fueron más que reflexiones sin carga de profundidad. Mientras, pasemos el tiempo gozando con el baloncesto que el grupo ofrece cada partido.

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