A refugio de las murallas del Buesa Arena

Huertas mira contrariado al colegiado principal Hierrezuelo en una acción del partido del viernes./Óscar del Pozo
Huertas mira contrariado al colegiado principal Hierrezuelo en una acción del partido del viernes. / Óscar del Pozo

El Baskonia se atrinchera en su feudo en un tercer duelo clave ante el Real Madrid y con la afición azulgrana dispuesta a sacar partido de la ventaja de campo en la final

Carlos Pérez de Arrilucea
CARLOS PÉREZ DE ARRILUCEA

El Kirolbet Baskonia ha cerrado cuatro días de vivencias intensas en Madrid. Los jugadores y el cuerpo técnico azulgranas abandonaban el Wizink Center a última hora de anteayer después de la derrota en el segundo duelo ante el Real Madrid. Johannes Voigtmann fue de los últimos en abandonar las entrañas del pabellón. Cojera en su pie derecho, un tobillo dolorido tras pisar a Luka Doncic en su aterrizaje durante la pelea por un rebote ofensivo en el cierre del primer cuarto. No volvería a saltar a la cancha el alemán y los azulgranas no podrían sacudirse esa sensación de verse limitados por la ausencia de un jugador que había sido clave en el primer duelo. Partió el Baskonia en autobús, no sin antes recibir el apoyo de los seguidores vitorianos desplazados hasta la capital para arropar a su equipo. Una afición siempre dispuesta a dar consuelo, incluso más allá de la medianoche.

Era la avanzadilla de lo que se encontrará este domingo (18.30 horas) el conjunto azulgrana en el Buesa Arena. La serie final llega a casa con un 1-1 que invita a una eliminatoria larga. Tan cierto es que el Baskonia tiene la oportunidad de amarrar el título liguero ante su propio público como que batir al campeón continental en dos partidos consecutivos supone una tarea titánica. Al fin y al cabo, la escuadra de Pablo Laso dejó claro en el segundo asalto de lo que es capaz. Calidad de plantilla, multiplicación de variantes y un ritmo infernal que termina en una explosión ofensiva devastadora. Fueron variables que convergieron en el tercer cuarto, una tormenta perfecta ante la que no tuvo respuesta el Baskonia, debilitado por la ausencia de Voigtmann y la obligación de dosificar a un Shengelia cargado de faltas.

En cualquier caso, el equipo vitoriano preserva la ventaja de campo y esta tarde abre la puerta de su casa, donde va a estar muy bien acompañado. El triunfo en el primer choque de la serie animó la venta de entradas y las gradas pueden superar los 15.000 espectadores. El apoyo necesario de una afición dispuesta a preservar el tesoro logrado en la etapa madrileña de la serie. El aficionado baskonista cumple con su parte y la escuadra de Pedro Martínez afronta ahora sus deberes. El tercer encuentro del 'play off' bien puede ejercer de llave. El ganador estará a tiro de título y obligará a su oponente a luchar por la supervivencia en el cuarto. El hogar propio, convertido en una trinchera en la que ganar o perder; pero, sobre todo, sufrir juntos.

El ambiente promete convertir el de hoy en uno de esos duelos que quedan en el recuerdo. No en balde, el aficionado azulgrana podrá volver a alentar a su equipo en una gran final después de ocho años de abstinencia. La grada estará de parte del esforzado plantel que dirige Pedro Martínez, pero no se gana al Real Madrid sólo con una atmósfera incandescente. El Baskonia debe seguir fiel a su filosofía de juego, pero también avanzar más en facetas claves en el dominio del ritmo. La pérdida de la pelea por el rebote tuvo su peso en la derrota del segundo partido. Se trata de un nudo vital en la eliminatoria, aún más cuando se desconoce a ciencia cierta hasta dónde puede forzar Johannes Voigtmann tras el percance en su tobillo derecho. De hecho, el club consideraba ayer que el alemán era «seria duda» para el duelo de hoy.

Fondo de armario

Nadie pone en solfa la capacidad de los hombres de Pedro Martínez para creer en sus posibilidades. Sin embargo, también necesitan de un mínimo de salud para Voigtmann y de ese nivel de excelencia que se le exige a todo aspirante a campeón liguero. La armonía colectiva es tan clave como el equilibrio en los rendimientos individuales. En este punto, un 'play off' siempre es una invitación para que se sumen nuevos protagonistas. En la línea exterior azulgrana, Janning acapara focos, pero se podría esperar de más momentos estelares de Granger o Beaubois. Mientras, los problemas físicos de Voigtmann también obligan a Shengelia a un nivel superior de producción y estabilidad.

No camina tan sobrado de fondo de armario el Baskonia como para permitirse deserciones. Ni siquiera el esforzado Malmanis está exento de poder ejercer de dique de contención durante algunos minutos si el poste alemán no puede estar activo y los problemas se agolpan en el puesto de 'cuatro'.

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