El remedio contra Doncic

En enfrentamiento entre Doncic y Timma. /EC
En enfrentamiento entre Doncic y Timma. / EC

El esloveno, muy desdibujado, dio muestras de desesperación tras un inicio irreconocible, como un infantil encontronazo con Timma

Iñigo Crespo
IÑIGO CRESPO

El Madrid se comporta como un trasatlántico repleto de motores. Cuando una de sus estrellas se apaga, Pablo Laso abre el abanico y escoge otra, como en una constelación con barra libre. Así ha alcanzado el trono europeo y la final de la ACB en busca de un doblete que el Baskonia busca frustrar para reescribir su historia en páginas de oro. El conjunto vitoriano, dispuesto a realizar un gran derroche físico pese a su acumulación de encuentros, puso su punto de mira en el objetivo más ambicioso y secó por completo a Luka Doncic, que lo mismo actúa como pieza desequilibrante que como motor auxiliar. El diamante esloveno, que no metió una sola canasta en juego hasta el último segundo de la primera parte, parecía frustrado y enfadado consigo mismo.

Doncic vivió una auténtica pesadilla con Janis Timma y Patricio Garino durante el primer cuarto, sobre todo en el caso del letón. El alero azulgrana no regaló un solo centímetro al balcánico y, para mayor castigo, se mostró especialmente inspirado en el tiro exterior. El esloveno seguía a lo suyo: cada vez que fallaba, trataba de redimirse con un nuevo lanzamiento. Pero no había forma. La espiral se hacía cada vez más profunda. Lo intentó desde todos los ángulos, obsesionado sobre todo con el lanzamiento de tres.

Ni siquiera el tiro libre le dio un respiro en la estadística, pues falló los mismos que anotó (2/4) durante el primer tiempo. En su último lanzamiento errado dejó entrever su desesperación. Se agarró con fuerza al cuello de su camiseta y tiró de ella hacia abajo. Laso aguantó lo máximo a la espera de que su aventajado alumno ingresara en el partido, y cuando lo señaló para tomarse un descanso, Doncic se llevó las manos a la cara con un claro gesto de disgusto. Pero ni siquiera el paso por la banqueta serenó al balcánico, que volvió a la cancha cada vez más enfurecido.

Lo demostró con un absurdo rifirrafe con Timma, con quien se enganchó en la lucha por un rebote y al que después le soltó el hombro en una acción de lo más infantil. El letón, mucho más concentrado y metido en el encuentro, ni siquiera se inmutó. Siguió su camino para desesperación de Doncic. La promesa blanca seguía sin atinar. Se acercaba a Laso para encontrar soluciones, que parecían ocultas en el entramado defensivo del Baskonia. Solo en el camino al vestuario sintió un mínimo alivio, justo después de que convirtiera la bandeja que igualó el choque al descanso.

El panorama cambió algo en el tercer cuarto. Doncic, con diferencia el jugador con más minutos sobre la cancha, afinó su puntería y devolvió a su equipo al partido tras un brillante arreón baskonista. El esloveno comenzó a pensar con frialdad, se olvidó por un instante del perímetro y optó por castigar con sus temidas penetraciones, que casi siempre resultan rentables, ya sea por anotación o por provocar una falta.

Pero por mucho que se convirtiera en el máximo anotador de su equipo con 8 puntos en el tercer periodo, no terminó de tomarle la medida al encuentro. De hecho, el alero volvió a las andadas en la recta final, cuando se adjudicó demasiada responsabilidad y falló dos lanzamientos que permitieron el despegue azulgrana.

Pero apenas fue un espejismo por parte de Doncic, que se despidió del encuentro con un desquiciante 0/5 en triples. No hubo noticias del balcánico, que se quedó estancado en los 12 puntos y asistió atónito al festival anotador de Carrol, que por un momento amenazó con dejar grogui al Baskonia. El conjunto azulgrana encontró al fin el remedio para Doncic. Que no sea solo por un día.

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