QUIEN SIEMBRA CESTAS RECOGE 'FAINALFORES'

Diop, en uno de los numerosos campus escolares que se organizan en Vitoria./Igor Aizpuru
Diop, en uno de los numerosos campus escolares que se organizan en Vitoria. / Igor Aizpuru
Ángel Resa
ÁNGEL RESA

Dice el refrán que quien siembra vientos recoge tempestades. Pues como Vitoria siempre, que no de ahora, ha plantado canastas en parques y patios escolares recolecta premios baloncestísticos al más alto nivel continental. La Europa de las alturas, la que coloca aros a 3,05 metros, ha rendido este martes de forma expresa la pleitesía que se venía barruntando años atrás. Nada menos que organizar una Final Four, por ejemplo. Y la del próximo año, sin ir más lejos. El nombramiento supone el homenaje mayor a una afición inquebrantable que hunde sus raíces en los tiempos remotos del Frontón Vitoriano y aquel Kas que le discutía las zonas al Real Madrid. La muestra supina de confianza cuelga, en primer lugar, una medalla al cuello de un club que vive con la mano levantada en clase, ávido de emprendimiento y buscador de retos. De un Baskonia que siempre ha contado con el respaldo sólido y el apoyo mullido a la vez de las instituciones a la hora de traer Copas del Rey, aquella Saporta triunfal del 96 o el humo imperecedero que dejaron las tentativas anteriores para coronar la cima que implica dirimir la corona de los grandes pesos en el Fernando Buesa Arena.

Insisto en una idea que me parece fundamental y significativa. La manera docta, y a un tiempo apasionada, que tiene Vitoria de vivir el baloncesto convierte en natural la anormalidad. Y con ello me refiero a que la capital alavesa acogerá en mayo de 2019 un acontecimiento deportivo que hasta la fecha sólo albergaban metrópolis del tamaño de París, Londres, Berlín, Atenas, Estambul, Belgrado dentro de tres días… Pues bien, a partir de hoy, en esa lista de lugares importantes que parece el recitado de los Reyes Godos entrará la sede política de Euskadi. Casi nada al aparato. De hecho, salvo Bamberg y la relativamente comparable Kaunas por demografía, la entidad azulgrana ejerce el papel embajador de un lugar discreto en un selecto club de urbes densamente pobladas y cuyos nombres dejan en el aire el eco metálico de los sonidos poderosos.

Los seguidores de la canasta de ambos sexos beben aquí de fuentes antiguas. Aficionados de viejo cuño que aplaudían una buena defensa cuando otros sitios cacareaban únicamente los mates se suman a las nuevas hornadas en un recinto que copia las espectaculares puestas en escena de la NBA. Espectadores que vieron a Emiliano y a Buscató en la calle San Prudencio forman el génesis bíblico de un apocalipsis, si se me permite la expresión, glorioso. El Kas de entonces, los partidos del entonces Vasconia y luego Basconia en Mendizorroza, las matinales para ver al espléndido Sanvi juvenil que comendaba el mariscal Juan Pinedo… Si la publicidad vendía Marina D'Or como ciudad de vacaciones, no resulta complicado colocar Vitoria como lugar capital del baloncesto.

La designación conocida este martes ha de tomarse como un homenaje al club, a la ciudad y a Álava, a los técnicos de base (va mi referencia expresa a Albéniz) que forman claustros de aúpa en los cursos de entrenadores, a pioneros como Xabier Añúa y a formidables profesores de técnica individual como Pepe Laso e Iñaki Iriarte. También apunta, claro está, a la capacidad de Josean Querejeta para tejer alianzas que coloquen al Baskonia donde se cuecen los asuntos relevantes y a su carácter visionario que encuentra guiños cómplices entre políticos de signos diversos. Aquella entidad provinciana que competía en casa y regresaba con derrotas, satisfecha de ganar una vez al año a Real Madrid, Barcelona o Joventut es ya un consolidado buque europeo de gran eslora. Querejeta anda donde se corta el bacalao y sus sólidos vínculos con el encargado de repartir las raciones (Jordi Bertomeu) deparan una 'Final Four'. El viejo anhelo ya es carnal.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos