Baloncesto

Splitter, el prematuro adiós de una leyenda

Tiago Splitter, en su presentación como jugador de San Antonio Spurs./Eric Gay
Tiago Splitter, en su presentación como jugador de San Antonio Spurs. / Eric Gay

Un calvario de lesiones pone fin a los 33 años a la carrera del brasileño, uno de los jugadores más importantes de la historia del Baskonia

Iñigo Miñón
IÑIGO MIÑÓN

«Ha llegado el momento. Después de hablarlo con mi familia, es el momento de parar: voy a dejar de jugar». Son las palabras de Tiago Splitter en una entrevista concedida a SporTV, donde anunció su retirada definitiva del mundo del baloncesto. Una de esas noticias esperadas -el brasileño llevaba once meses inactivo- que nunca gusta ver confirmada. Adiós a una leyenda de la historia del Baskonia. Punto final de una carrera extraordinaria, coronada con un anillo de campeón de la NBA, cerrada de manera prematura tras un interminable calvario de problemas físicos.

«La lesión de cadera es más problemática de lo que pensábamos», argumenta el pívot brasileño, obligado a colgar las zapatillas con solo 33 años. Esa dolencia que le apartó de ‘sus’ Juegos Olímpicos en 2016, los de Río; que le dejó catorce meses sin pisar las canchas. Desde el 31 de enero de 2016, vistiendo la camiseta de los Hawks, al 21 de marzo de 2017, con los colores de los Delaware 87ers, el equipo de los 76ers en la Liga de Desarrollo. Aún disputaría ocho partidos en la NBA con la franquicia de Pennsylvania, pero su cuerpo ya había dicho basta.

«Fui el primero en jugar en la NBA con una prótesis», recuerda. Y el «pedazo de metal» incrustado en su cadera derecha funcionó, pero entonces empezaron los problemas en el costado izquierdo, con unos síntomas tristemente conocidos para él. «El cartílago estaba desgastado y el médico me dijo que tendría que hacer lo mismo que en el otro lado si quería seguir jugando. Si la primera vez, con 32 años, necesité entre doce y trece meses de recuperación, a la vuelta no iba a estar bien físicamente para competir contra gente mucho más joven», explica.

Historial

Ocho títulos en Vitoria y el anillo de campeón de la NBA.
Dos títulos de Liga (2008 y 2010), 2 de Copa (2006 y 2009) y 4 de Supercopa (2005, 2006, 2007 y 2008) adornan el palmarés de Tiago Splitter, coronado con el anillo de campeón de la NBA conseguido en 2014 con los San Antonio Spurs. Además, con la selección de Brasil ganó el Torneo de las Américas (2005 y 200), el Sudamericano (2003) y el Panamericano (2003). Individualmente fue MVP de la fase regular y la final de la ACB 09-10 y ese mismo año, su último en Europa, fue integrante del segundo quinteto de la Euroliga.
355
partidos en la NBA (Spurs, Hawks y Sixers), con un promedio de 7,9 puntos y 5 rebotes.
137
partidos en la Euroliga, todos con el Baskonia, con un promedio de 10,5 puntos y 4,8 rebotes.
254
partidos en ACB (251 con Baskonia, 3 con Valencia), con una media de 11,5 puntos y 5,4 rebotes.

Era el momento de la retirada oficial. «Es una decisión muy difícil porque tengo que parar de hacer una cosa que llevo haciendo toda mi vida». Desde los 15 años que llegó a Vitoria hasta los 32 que tenía cuando jugó su último partido, un Knicks-76ers en el Madison Square Garden (114-113), un marco a la altura de su trayectoria. Disputó 22 minutos, anotó 12 puntos y capturó 5 rebotes; su mejor actuación con el equipo de Philadelphia.

Discípulo de Iriarte

En ese intervalo de tiempo fue primero un niño de ‘Coras’, un nuevo eslabón en la cadena de promesas que el Baskonia forjó con mimo en su fragua de estrellas tras los Nicola, Nocioni, Scola, Calderón... Un vitoriano de Joinville. Fue el mejor discípulo de Iñaki Iriarte, profesor de baloncesto y de vida del pívot brasileño. En sus años de aprendizaje, tanto en el Araba Gorago construido a su medida por el club en la Liga EBA como en su período de cesión en Bilbao, su baloncesto mostraba una apariencia tosca, pero si algo ha caracterizado a Splitter desde aquella tierna edad ha sido su capacidad de trabajo y superación.

Capaz de sentarse en solitario a repasar vídeos para corregir errores y de acumular horas y horas de entrenamientos individuales con ‘Iri’, en busca de esa mejora particular que le ayudara a seguir creciendo. Incluso cuando ya se había colado en la mejor liga del mundo, sus veranos siempre encontraban un hueco para regresar a Vitoria y ponerse a las órdenes de su maestro para continuar su progresión. «Es imposible pagarle todo lo que me ha dado», diría el pívot ya con el anillo de campeón de la NBA en su dedo.

Un devoto del esfuerzo. Un brasileño atípico, moldeado quizás por ese apellido de ascendencia alemana que delata un espíritu cartesiano que le convertiría después en uno de los mejores pívots de la historia del Baskonia. Si no el mejor. El más determinante de Europa antes de poner rumbo a la NBA (13,7 puntos, 5,3 rebotes y 16,5 de valoración en sus tres últimas temporadas en la NBA). El líder indiscutible del equipo tras la marcha de Scola y el principal artífice del último título del club vitoriano, la Liga de 2010.

Aquel logró pasó a la historia como la ‘Liga de San Emeterio’ por el memorable ‘2+1’ con el que el cántabro selló el tercer triunfo sobre el Barcelona, pero fue Splitter quien dominó la serie con la autoridad de un tirano, abusando de todos los pívots blaugranas que Xavi Pascual le puso enfrente sin éxito. Fran Vázquez, Ndong, Morris, Lorbek... Todos naufragaron ante la superioridad insultante del que fuera MVP de la final (36 de valoración en el último encuentro, con 14 puntos y 13 rebotes) después de haberlo sido de la fase regular del campeonato (21,4 de valoración media), un doble galardón que nadie había conseguido desde Arvydas Sabonis en 1994. De la estirpe de los grandes pívots.

«Vinculado al baloncesto»

Después, ya en la NBA, fue aprendiz del gran Tim Duncan en los Spurs. Cuatro años de progresión constante, fiel a aquel inquebrantable espíritu de superación, hasta ser habitual en el quinteto inicial de un equipo de leyenda que se proclamó campeón en 2014 (8 puntos, 6 rebotes y 2 asistencias en 22 minutos por partido). Leal escudero interior de Duncan, el perfecto apoyo del talento de los Ginobili, Parker... El mismo día que ganó el anillo llamó a Iñaki Iriarte. De bien nacidos es ser agradecido. Y Splitter está bendecido con el don de la naturalidad, del sentido común. Virtudes que le convierten en ese héroe silencioso que no necesitaba alzar la voz para ser líder en Vitoria o ganar la NBA sin ínfulas de estrella.

La misma sencillez con la que cierra esta exitosa etapa de su vida. «Quiero seguir vinculado al baloncesto, que me lo dio todo y me permitió crecer como persona», dice en el día de su adiós. De momento, ha ejercido como reportero del All-Star en su propio canal de Youtube, aunque en más de una ocasión ha reconocido que valora empezar una carrera como entrenador en alguna franquicia norteamericana.

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