TEMA PARA REFLEXIONAR

Beaubois intenta retener la posesión entre Gill y Jenkins en el partido ante el Khimki disputado en Moscú./Maxim Shipenkov
Beaubois intenta retener la posesión entre Gill y Jenkins en el partido ante el Khimki disputado en Moscú. / Maxim Shipenkov
Pepe Laso
PEPE LASO

A falta de siete jornadas para la finalización de la temporada regular de la Euroliga se me antoja que el partido frente a Khimki será decisivo para las aspiraciones baskonistas. El anhelado octavo puesto se ha puesto caro, a dos victorias del Maccabi y a tres de Panathinaikos, por lo que caer ante los moscovitas sería decir prácticamente adiós. Una pena porque, tal como ocurrió la pasada semana en Moscú frente al líder CSKA, los baskonistas juegan sus mejores partidos en esta competición, pierden en las postrimerías de los encuentros cuando las fuerzas se les acaban y, como consecuencia, reciben unas anotaciones difíciles de contrarrestar. El 93-86 de la última jornada lo testifica. Por detrás, y con las mismas victorias está el Unicaja, que después de un inicio titubeante sigue en la lucha por la meta de ‘play off’. Valencia y Barcelona tienen perdida toda esperanza, y la posición del equipo catalán es sonrojante.

Otro tema es la segunda ‘ventana’ a la que está asomada la selección española, imagino que un porcentaje altísimo de los lectores desconocen los pormenores de lo que está ocurriendo en estos torneítos que se ha sacado la FIBA, y que estoy seguro que no se volverán a repetir. La consecuencia más perniciosa de la interrupción liguera es que los equipos se han quedado sin ACB durante tres semanas, un contrasentido en una temporada tan saturada como la que estamos viviendo.

España gana a países de poca entidad baloncestística, o de muy poca población. No está de más repasar los jugadores españoles que conforman la selección. En el último partido frente a Bielorrusia, el quinteto lo formaron Colom, Vázquez, Aguilar, Rabaseda y Fernández, que pasan de la treintena como edad media, y lo que es peor, solo cuatro, López-Aróstegui, Vicedo, Pauli y Sáiz, pueden considerarse jugadores en crecimiento. El resto, o están estabilizados en la clase media de nuestro deporte o ya han dado lo mejor de sí mismos. Es el caso de Oliver o Vidal.

La pésima previsión de los rectores del baloncesto nos aboca a un negro futuro de representación federativa. La paradoja es que desde esa contrastable realidad, también lo es que nuestros clubes sean mayoría en el concierto europeo. Tema para reflexionar, como decía el seleccionador Sergio Scariolo.

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