Tortilla francesa

Poirier y Shengelia, durante el encuentro de Estambul. /Tolga Bozoglu
Poirier y Shengelia, durante el encuentro de Estambul. / Tolga Bozoglu
MIKEL CUADRA

La huelga de los policías locales de Vitoria, en su recta final tras imponer 192 multas al día. Cuidado con esa recta hasta que se confirme la desconvocatoria. Lo que está confirmado es lo que hizo una menor en una tienda de Apple en Madrid, robó diez móviles a mordiscos. Se desconoce si responde al nombre de Eva, por la cosa de la manzana, y si mordía celulares o empleados. Morder es lo que debía hacer el Baskonia ante un Efes que quería partir Peras con los nuestros.

Sin parpadear

No salió el Baskonia como las gradas del pabellón, desangeladas, sino todo lo contrario, con el ángel del acierto en las muñecas de Timma y Janning. Poirier sumaba lo suyo tras bloqueo y continuación, y a pesar de lo bien que restaba Dragic dominábamos al Efes de la A a la Z. Las pérdidas, nuestro único pero ante los de Peras. Toko hacía de las nuestras para no sufrir con las suyas, hasta que su alero (exbaskonista) decidió salir del Ledo oscuro y hacer de ‘star’ en la ‘war’. Gracias a su acierto sentíamos su aliento en el cogote del que nos iban librando los silenciosos Jones y Beaubois, que son más de hacer que de gesticular. La sentada lógica de Shengelia, el no asentar los ataques, sus segundas opciones, ese acierto que te da la espalda y por olvidarse del pase se nos pusieron encima entre McCollum, Simon y su Garfunkel interior serbio que baila, en las letras, más que canta.

Su dominio fue un visto y no visto; la vuelta de Poirier, Granger y Shengelia nos devolvió la vida interior al no encontrar la lejana. Pedro lleva gafas aunque para ver el baloncesto no las necesita. Intercambio de canastas, juego sin ataduras y errores lógicos, ante semejante ritmo, para llegar al final de la primera parte casi sin parpadear ni hablar del tiempo.

Sabe francés

Vimos cómo un joven pedía la mano a su pareja antes del comienzo de la segunda parte, y gracias a dios no se llevó la de Janning. Imponente salida baskonista pegando un golpe de acierto exterior y otros tantos de Vincent a sus interiores. Mientras ellos tiraban por la calle del medio, nosotros dábamos miedo y nos íbamos de diez de calle.

No estábamos enfermos pero éramos pacientes, haciendo que su entrenador croata tuviese que sentar a sus jugadores en su mesa camilla. Así, tras la vuelta de su arenga, los locales comenzaron a repartir mientras su número 3 nos hacía un 8. Stimac abusaba del rebote, su aro se convirtió en ese ojal en el que no entra el botón y dejábamos de tener los ojos como platos. Los turcos ya creían, Vladimir era un tormento, Errick una pesadilla y su juego ofensivo un canto al otro. Sufría nuestra defensa por sus pases de más mientras sentíamos cómo nuestro juego coral iba a menos. Dunston se unía a su fiesta interior, sin poner un pero a nuestro francés, aunque dos son más que uno, pese a que seas de letras. Volvimos por creer (nuestro equipo cree), meter y compartir para en tres minutos de oro llevarnos una victoria que habló un perfecto francés.

Final

Maravillosos minutos finales de un Baskonia creyente que supo dar la vuelta a una tortilla que al final fue francesa. El Baskonia nos devolvió a la niñez y a recordarnos que con ellos nunca digas nunca jamás.

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