El vigor y la experiencia

PEPE LASO

En una semana han ocurrido tantas cosas en la vida del Baskonia, que todo pierde actualidad. El bombazo que supuso la renuncia de Pablo Prigioni merece ser comentado. Conviene recordar que su llegada fue dada por oportuna por todo el mundo. Era de pura lógica, porque el idilio entre el club y el personaje me recordaba a esas parejas que se conocen en su etapa estudiantil y terminan en boda por la fuerza de la costumbre. Ocurre que la carrera de entrenador es compleja y haber sido un gran jugador ayuda, pero no es suficiente. Como en la vida y en casi todas las profesiones, entrenar requiere dos condiciones, vigor y experiencia. El vigor para pelear en cada entrenamiento o partido con un grupo de jugadores siempre difíciles. Seguro que sus grandes dosis de vigor le llevaron a una presión personal excesiva. Le faltó la experiencia. ¡Que lástima que cohabiten tan poco tiempo ambas virtudes! Prigioni no debe abandonar ni caer en la tentación de un cómodo puesto en otra actividad baloncestistica. Queremos verte en un banquillo lo antes posible. Y por descontado, agradecerte la honestidad que supone reconocer la puntual incapacidad.

Llega Pedro Martínez, entrenador en lo más alto de su carrera. Representa la trayectoria de la que cualquier profesional se puede sentir orgulloso. Lleva más de quince años ejerciendo, nunca ha puesto mala cara a trabajar en equipos de segundo nivel, ni a ciudades poco atrayentes, ni a proyectos de corto recorrido. Sus salidas de los clubes son silenciosas, así fue la de hace once años de este mismo Baskonia. Alguno de sus ciclos concluyó por temas extradeportivos que discretamente aceptó. Viene a Vitoria con el título de campeón en el bolsillo y habiendo sido quien pusiera fin a su estancia en Valencia. En definitiva, llega un entrenador en ese momento que comentaba en el que el vigor y la experiencia conviven. Con el recibo de la luz pagado de por vida, no necesita declaraciones grandilocuentes, quizás sea un poco ‘soso’, pero no me negaran que el presidente también lo es.

En cuanto a los resultados, qué les voy a decir. Se juegan en una semana los mismos partidos que hace pocos años se jugaban en un mes. Si todos acaban en derrota, imaginen el estado de ánimo de la muchachada. Cualquier valoración que se quiera hacer en este momento sería demasiado negativa, por lo que dejemos pasar todo el mes de noviembre para pensar si la temporada está perdida o, por el contrario, aún quedan cosas por hacer. Y, además, como el mal de muchos es consuelo de tontos, quien lo necesite, que se consuele con ese Barcelona que pierde y pierde. Estén seguros, o quizás no, que Sito Alonso enderezará su rumbo. ¡Dura vida la de los entrenadores!

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