Ese suspense que no se olvida

Los baskonistas celebran el triunfo sobre el F.C. Barcelona. /Blanca Castillo
Los baskonistas celebran el triunfo sobre el F.C. Barcelona. / Blanca Castillo

El equipo vitoriano, pletórico hasta el descanso, disputará ante el Real Madrid la final de la Supercopa tras salir a flote de la emboscada blaugrana

Carlos Pérez de Arrilucea
CARLOS PÉREZ DE ARRILUCEASantiago de Compostela

Puede que se trate de un trofeo de rango menor, pero que nadie niegue que la Supercopa comienza a mostrar su capacidad de seducción para el Baskonia. Nada extraño para una escuadra vitoriana que este sábado disputará la final del torneo de apertura de curso, un territorio que no pisaba desde la edición de Bilbao 2011. No es mal lugar Santiago de Compostela para darse una alegría, aunque se sueñe con mayores fiestas durante la campaña 2018-19.

Al menos, una primera dosis de tensión, competitividad y drama en el capítulo inicial de un recorrido que bien puede durar hasta avanzado junio del próximo año. Y la posibilidad de alzar un título, que tampoco es que sea algo en lo que se prodigue demasiado el club alavés en los últimos ocho años.

76 F. C. Barcelona

Heurtel (-), Blazic (3), Claver (13), Singleton (6) y Tomic (9) -cinco inicial- Pangos (10), Smits (9), Pustovyi (-) Oriola (8), Kuric (16) y Font (2).

79 Baskonia

Granger (8), Shields (13), Janning (6), Poirier (10) y Voigtmann (5) -equipo titular- Vildoza (-), Huertas (6), Diop (5), Garino (16), Hilliard (3) y Shengelia (7.)

Parciales
21-22, 13-27, 22-17 y 20-13
Árbitros
Daniel Hierrezuelo, Emilio Pérez Pizarro y Carlos Peruga. Sin eliminados.
Incidencias
Partido inaugural de la Supercopa Endesa disputado en el Pabellón Fontes do Sar de Santiago de Compostela ante cerca de seis mil espectadores.

El asalto a la quinta Supercopa llega para al Baskonia tras un primer examen ante el Barcelona para nada desdeñable. Era una prueba de altura. Tocó recordar lecciones y también unas cuantas sensaciones incómodas cuando se trata de medirse a un equipos orquestado por Svetislav Pesic. Tal y como sucedió en los cuartos de la pasada Copa del Rey o en la serie de semifinales por el título liguero del pasado curso, el Kirolbet volvió a toparse con ese rival enérgico y dispuesto siempre a la resurreción por muchas paladas de tierra que se lancen sobre su fosa.

Un oponente de cuidado

Repleto de cortes, giros bruscos, variaciones radicales del metrónomo y tomas falsas dentro de un ritmo alejado de la velocidad ideal. Es el baloncesto que, por mera lógica del calendario, les tocó interpretar al Baskonia y al Barcelona en la sesión inaugural de la Supercopa. Dos equipos de apariencia brumosa, como el día que amaneció en Santiago de Compostela, encapotado, con amagos de lluvia fina, pero con una temperatura que aún permite no olvidar el verano. Las maquinarias que tratan de engrasar Pedro Martínez y Svetislav Pesic chocaron en su primera duelo de la presente campaña con más preocupación de que la partitura no cayera del atril que por crear a partir de una base que, como no puede ser de otra manera en estas fechas, todavía se asienta en arenas movedizas. Quedaron trazadas algunas ideas por parte de ambos equipos, basadas en el decálogo de la pasada campaña.

Pero volvió a quedar claro que el Barcelona es un rival muy poco de fiar, incluso con ausencias como las de Ribas, Hanga o Seraphin. El peregrino de Zurbano encontró el camino hacia la final, pero el Barcelona también dejó un aviso para próximas citas.

Recursos conocidos

La presión sobre el saque de fondo volvió a dibujarse en la pizarra del técnico serbio y los vitorianos sintieron de nuevo esa atmósfera en la que resulta tan duro respirar. El Baskonia que llegó al alcanzar una renta a favor de 20 puntos en el inicio de tercer cuarto (36-56, minuto 23) al calor de un Shields desbordante cuando tomó distancia para atacar el aro de cara con su capacidad de penetración, pero descubrió de nuevo que el Barcelona de Pesic cava trincheras incluso en pretemporada. Se perdió el conjunto vitoriano entre su exceso de confianza, la brújula desnortada de un Vildoza tímido y la sensación general de que aún no son tiempos de esfuerzos demasiados persistentes.

Se fue difuminando ese Baskonia hasta entonces poderoso y tiránico, el mismo que había despegado en el segundo cuarto gracias a la buena mano triplista de Garino y unos minutos de gran juego colectivo, especialmente a la hora de compartir del balón en ataque. Armonía casi generalizada y capacidad para repartir esfuerzos y producción a pesar del tono bajo de Shengelia o los problemas de un Hilliard ansioso por acelerar su aclimatación. Fue alcanzar su cénit y precipitarse pòr una senda de altibajos constantes. El acercamiento blaugrana tomó cuerpo cuando un triple de Kuric marcó el 72-73 a tres minutos del cierre. Entró en escena el Shengelia más certero, la intimidación de Poirier de Granger y el salomónico criterio arbitral para considerar como fuera del tiempo de posesión un tiro de Janning interceptado con un tapón ilegal. Y el Barcelona, al acecho pero sin premio final tras dos intentos fallidos triples de Kuric y Oriola para forzar la prórroga.

 

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